En la física contemporánea de lo macro, no precisamente en las «cosas», lo nombrado como “el-tiempo” aparece como irreversible. Podemos recordar el “pasado”, no podemos recordar el «futuro» (solamente hay un “hubo Big Bang”). En la física de lo micro, en sus ecuaciones, por otro lado, pareciera que “el-tiempo” (los tiempos) puede (o debe) resultar reversible –y los procesos elementales andarse y desandarse con semejantes facilidades.
En un movimiento en que en lo macro ensayamos lo «propio» de lo micro –como unificando; como intentando cierta dialéctica de la comprensión–, voy a mover de ida y vuelta el-tiempo que está ocurriendo con el congreso de México (IV Congreso Germano-Latinoamericano “Actualidad de Hegel”), y el de Talca (IX Congreso Nacional de Filosofía, ACHIF 2025).
Ambos en noviembre de este año.
Escuchen ustedes las semejanzas inmediatas en sus títulos: el uso de numeración y los números “romanos”. Esto es, unos “congresos” que creen en esa irreversibilidad-macro. Que sin duda se alterarían de considerar la latinización “aritmética” como una secuencia doctrinaria y no necesariamente “real”: nadie, quizás, osaría la insinuación cuando el uso de lo “romano-del-número” deviniera un estar en-el-futuro de Roma-viva.
Esos signos son “uso-tradicional”. Es adecuado a un cierto tono y estilo. Convoca clasicismo. Y a la institución filosófica global, le apetece.
En el pasillo interno del tercer piso de aquel edificio de la U. Católica del Maule, recuerdo el auditorio de la Benemérita y Autónoma de la calle “16 de septiembre”, en el centro de Puebla, donde funcionó lo medular de la actividad mexicana. El 5 de noviembre recuerdo lo que pasará el 13.
Como “juego”. Veamos cómo.
Percibo que en el auditorio de Puebla el fresco interior en la gran sala se conserva bastante parejo gracias a los gruesos muros centenarios que nos rodean –diferente de este aire fácilmente seco y calentado por el verano talquino que se aproxima, ya que hay solamente unos cristales o fibras sintéticas recubriendo la ausencia de muros exteriores en esta arquitectura siglo XXI.
Hoy serán después las 11 de la mañana y vino la “pausa-café” en Chile. En la semejante de Puebla se sirve casi el mismo café, aunque estimo que la institución chilena cuenta con más financiamiento, ya que sus cafés-pausa se ofrecen acompañados de comestibles escasos en México. Además, echaré de menos en Puebla los queques con sabor de casa sustituidos por bolsitas de galletas plastificadas y de supermercado… Los cafés sabrán muy parecidos.
También me impido toda conclusión. Al punto que, en un medio atento a la dialéctica hegeliana del absoluto, advierto que ni lo semejante ni lo diferente conforman toda la experiencia, sino ambos de varios modos muy “reales”.
Seré enviado a una sala que no es este estupendo auditorio. Mientras, hace una semana, camino por el pasillo del tercer piso, con mi aparato de sonido en la bolsa que cuelga del hombro.
Me toca el primero de esta mesa temática de tres titulada: “Recepción y crítica de Hegel en la filosofía de los siglos XX y XXI”. El diseño de “mesas temáticas” resulta muy semejante. Además de los “discursos inaugurales” de las autoridades de facultad y la rectoría…
De las “mesas paralelas”, las dichas “pausas-café”, las conferencias magistrales, los tiempos de sociabilidad con delicatesen-cócteles –pero en México hay harto vino –escaso en la pulcra Católica del Maule. Abundante el “Concha y Toro” chileno Cabernet Sauvignon/Carmenere. Pero destruido por el gusto septentrional de beberlo muy frío (¡!).
Vi al grupo de la reunión chilena adelante. Animado y desprevenido adelante.
Me recuerdo de la semana próxima, cuando finalizaré –en tiempo–, mi “ponencia”. Recordaré ensimismado cómo fue que se me impedirá hacerlo en Talca
Ni tanto.
Se me cruzó delante, hace una semana, un académico y director de esa ACHIF (Asociación Chilena de Filosofía). Me habla de que vayamos a tomar un café a otra parte…
Percibiré la abundante amabilidad mexicana. Los cuerpos se deslizan unos y otros, fluyendo conversaciones en mezclados idiomas.
Respondo que no, muchas gracias.
No hay endulzantes en la Benemérita en pausa (tampoco en CDMX, ayer).
Noto que su voz se hace aún más terca e inaudible después que insisto en seguir avanzando por el pasillo ese. Debí insinuar corporalmente entonces que habré de empujarlo si no permite la continuidad de mi desplazamiento.
De manera parecida, digo a Zaida –de la UNAM–, que muy inteligente su petición de diferencias entre “ambigüedad” y “vaguedad”, dirigida a un alemán que también habla español. Pero te falta desobediencia, agrego en la del “crítico”. Pues ella obedeció en seguida la voz del moderador que decía: “Fin de su tiempo”, dejando incluso una frase a medio decir –cuando varios estábamos muy interesados en esa pregunta y en el comienzo de un “fundamento” que te abstuviste de completar…
Despejado el acceso al lugar de la pausa social chilena, me sirvo un café, tomo un queque y, desde las maneras convencionales, paso a la performance diferente.
El aparato sonoro será muy eficiente. Al silencio sorpresivo (y sorprendente), seguirá el esfuerzo de algunos por hacer inaudible mi mensaje, hablando fuerte. Subo el volumen.
Me recuerdo de la semana próxima, cuando finalizaré –en tiempo–, mi “ponencia”. Recordaré ensimismado cómo fue que se me impedirá hacerlo en Talca.
Y habremos puesto cierto Hegel-x-dos: como discurso argumental y lineal, y cuando en la performance hacemos y deshacemos tiempo…
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Fernando Viveros
estim Abechtold
Nada de eso. Nada aquí de Facismo ni de Marxismo. ¿De dónde imagina o fantasea Ud esas palabras en mi meditación (qu’es, + bien, del «tiempo» ). Por fa, lea primero. Lea lo escrito. No me refleje sus preconcepciones, usándo/manipulando lo mío. Retírese un poco de su consciencia ombligista. Y luego….
abechtold
Estimados, muy interesante.
En sus ponencias, hace usted el paralelismo entre la doctrina marxista y fascista, como hijas del Hegelismo. Sería muy bueno que se diera esa visión, para instruir a los más jóvenes respecto a como el Estatismo nace como eje de ambas doctrinas.
Saludos