Hay gente inteligente, en Chile y ailleurs, que rechaza y critica públicamente con destreza y por amor a la verdad. Puede ser. Su pasión moral, intelectual y cultural ocurre “demasiado humana/social”. Por ello, de eso prefiero no escribir. Lo hago entonces para llegar a otra parte.
Imaginemos estos opinantes modus litterarius. Narrémosles en “figuras-morales”. Esas que Albert Camus ponía al lado del Emperador en su drama “Calígula”, por los años 30 del s. XX[1], elaborando ese existencialismo limitado por un racionalismo liberal y no-hegeliano, culminado en esa performance carretera del suicidio en moto. Otro caso “demasiado…”.
Los “morales”, según la meditación del sanguinario-iluminado Calígula de Camus, deben hacerse presentes y opinar fuerte, como adornos necesarios para la completación del cuadro de sociedad que se trate. Se trata de la integración del “diferente” como diferencia domesticada.
Lo hacen como los “buenos” denunciando a los “malos” –y plenos de fundamento. Ambos, el par buenos/malos[2] y los “principios”, como criterios o medidas de una convencional moralidad subjetiva, donde los “malos” (aun los peores como Calígula) aceptan a los buenos, para a veces proceder mejor con el daño.
Igual, y por principio casi, no hay “sociedad moderna” sin la presencia cultural hegemónica de los pares simbólicos: desigualdad/injusticia, pobres/ricos, dominados/dominantes, conservadores/progresistas, y, ante todo, sin este paradigma fundante de la presencia poderosa de las “pobrezas/faltas/ausencias” –y la “insatisfacción humana” indefinida.
En todo ello, el placer crítico-reflexivo de la denuncia justiciera, esa que aplaude el vulgo que necesita que “alguien hable por ellos”, completa la unidad social. Y la comedia humana se continúa en los privilegiados de turno y de diferente tipo con, más abajo, el “pueblo” trabajando-combatiendo-procreando nuevos servidores[4].
En Chile actual, algunos practicantes de estos afanes se llaman Alberto Mayol o Axel Kaiser, desde ciertas academias universitarias; y Tomás Moschiatti o Teresa Marinovic, en la prensa y medios[5].
En actitud semejante, anoche presencié el primer debate entre candidatos presidenciales chilenos de 2025, cuando debería haber estado en algo con más porvenir.
Esa “otra parte” podría poseer hoy, septiembre de 2025, dos nombres: sol y Hegel/Abraham. Aquel debate, y la exposición de “opiniones sobre Chile”, me resultó mera repetición del “relato moderno”, resumido en los pares indicados. Nadie dice nada “real”, sino que refuerza ideologismos de una cultura decaída y sin futuro, siempre “pobre, en crisis, gravemente aproblemada”.
Del sol, no agrego al libro Estudio del sol[6]. Allí tan sólo la visión hacia algo Grande, universal. En cambio, aquí de Hegel/Abraham se trata todo:
“Compasión”, “sensibilidad social”, “ayuda al necesitado o abusado”, se nombra el “amor social” moderno. La “lucha contra la pobreza” dice un compromiso moral irresistible y convencional.
Pero Hegel estaba en otra. Su comprensión de la figura del Abraham bíblico se sintetiza en la frase:
“Abraham no quería amar”
Frase sorprendente para los modernos, amando sus ideas y a los pobres. Doblemente imprevista, ya que el líder religioso se supone “muy bueno”.
Hegel lo enumera así:
Se separa de su familia, “seres queridos”, y ciudad natal, Caldea
De su lengua madre, costumbres, ritos y fiestas
Nadie dice nada ‘real’, sino que refuerza ideologismos de una cultura decaída y sin futuro
No se detiene en ninguna región sino vaga (con sus ganados)
Era hostil a cualquier compromiso con los pueblos existentes
Vive un desgarramiento total
Quiere el infinito solamente, porque se ha reconocido completamente finito[7]
Un siglo después, Antonio Gramsci sufre la prisión de las ideas y, en la derrota, percibe aquello de: “lo que muere aún no; lo que nace, aún no”. Otro moderno, cuando lo “nuevo” sólo puede ocurrir como “social”. Y ahora sin querer bajar un nuevo infinito, sino corrigiendo la “revolución”.
La “contingencia” y el periodismo confirman cotidianamente la anteojera social. Todo es importante si “es humano”. Y nada lo es porque el próximo mes ya no recordaremos lo humano de hoy, dominados por el “último minuto” (las breaking news, ya que EE.UU. gana).
No amar como un injusto, un manipulador, un simulador. Un despreciable y cómodo extranjero de la actualidad –ocupado, a veces, en elaborar frases ajenas y estrambóticas, acerca de no se sabe qué: así aparece el “lugar-otro” respecto del debate de candidatos a la primera magistratura de una nación-Estado del siglo XXI.
[1] Ver: https://archive.org/details/caligula0000camu
[2] Usando el concepto de “par” orientado al sentido estructural y comprehensivo de un Levy-Strauss con los bororo de la amazonía.
[3] Adelantándome, refiramos a esos “fieles-auditores” de la chilena “Bio Bio-la radio”, denunciando semáforos y accidentes de tránsito en medio de las noticias “importante” de la política y la economía. Funcionan placentera y orgullosamente como reporteros y publicistas ad-honorem de la empresa bbcl. Sienten “pertenencia”. El líder-de-opinión y propietario de la radioemisora, parece ocupar el lugar del “patriarca” de tan extensa familia.
[4] Sin querer, de pronto, volvemos a la figura de la “jerarquía-social” esquematizada ya por un Aristóteles. La que intentó disolver el paradigma “igualitario-subjetivo” europeo del s. XVIII.
[5] Cada uno d’estos nombres, casi por igual, hace estallar “emociones” positivas y negativas, según Ud. se posicione en el espectro ideológico. A modo de una introducción más general a los supuestos “líderes-político-sociales” muy actuales, véase: https://www.theclinic.cl/2024/08/11/los-10-intelectuales-mas-influyentes-en-la-izquierda-y-la-derecha-chilena/
[6] “Estudio del sol” de Fernando Viveros Collyer. Ril Iberoamericana, Santiago-Barcelona, 2023.
[7] Algo de la negatividad dialéctica se insinuaba ya.
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