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¿Hay ‘filosofía’ en el Hacia el Festival chileno de la Filosofía?

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En el camino, ya por un año entero (desde enero 2025), de pronto vacilamos…

¿Acaso “es” filosofía lo que comunicamos graciosamente por los caminos? Además, ¿qué habría en estos quehaceres en titularlos o no, “filosofía”? Tal vez les convenga otro nombre…

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Y tiene el título. Abundan los títulos. Muchas de mis actuales conversaciones ocurren con gentes que poseen abundantes títulos –y de la mayor categoría en los mercados ocupacionales de la academia. Los títulos se obtienen con tiempo y con dinero. A veces con “calidad” y saber. Lo que abunda como pragmática social, es una curiosa capacidad de cumplimiento de normas universitarias (y de postulación a becas).

El título, aquí, dice “de-la-filosofía”. Claro que, como no nos sometemos a las largas, caras y burocráticas examinaciones “de-acreditación” por una organización “autorizada” para ello, ese título podría quedar en el puro nombre. Y hay varias entidades como “universidades”, o personas como “doctores-en-…”, que no pasan mucho más allá de eso.

En otro plano, abundan los charlatanes que promueven “sus” filosofías-de-vida. A veces los libros de la llamada “autoayuda” se promueven y venden como “filosofías”. Nos han confundido con, y querido fundir a, uno de estos tipos. ¿Qué más da?

Peor resultaría que nos consideraran académicos fracasados encontrando una triste alternativa al hecho de no lograr el “éxito” de convertirse y perseverar como “buenos empleados”.

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De manera que lo del “Hacia el Festival chileno de la Filosofía 2025-…”, pudiera integrarse a la calaña de los mediocres.

Sin embargo, parece que cuando llegamos a una localidad o hacemos una charla en una universidad o biblioteca pública chilena, cumpliendo lo nuestro, resulta otra cosa. Es “en serio” –incluso porque a veces se entiende poco.

Aun cuando, fuera del paraguas de una institución acreditada, todo ello puede caber en el tipo de la “divulgación”.

A nuestro modo, contaríamos “episodios” que han ocurrido en la historia de la filosofía, la de Occidente —la única que rigurosamente hay; la del logos griego. Nombres, fechas, títulos de libros, resúmenes de ideas, “explicación de conceptos”…

No “hacemos clases”, pero algo parecido. Somos profes-divulgadores. Sin pega universitaria y sobreviviendo en el camino. Salvo que lo hacemos gratis. Sin cobro de matrícula o de “inscripción”.

Entonces aparecen los descreídos: ¿Cómo se financian? Del sol y el aire, respondemos. Y nos alimentamos como los pájaros de la parábola de Jesús. O gracias a ahorros que ocurrieron y están ahora ahí. O lo más, gracias a cierta sofisticada inteligencia financiera.

Nos salvamos de la más elevada categoría de “sofistas”, precisamente por NO lucrar con la enseñanza de la argumentación y del uso astuto de palabras.

Actuamos bajo la hegemonía que afirma:

La verdadera filosofía la hacen las personas autorizadas

en las universidades. La filosofía ‘es’ hoy, lo que publican
las revistas indexadas internacionales

No se puede enseñar la filosofía. Sólo se puede mostrar el filosofar

El resto, ‘poesía’. O charlatanería…

Pero, incluso, hay modos y modos de divulgar. Como hemos insistido: la manera del World Science Festival, de Brian Greene, con sus podcasts de 15 años continuados, comunica al gran público (audiencias globales; yo en Isla Negra, Valparaíso), sin aparentemente ninguna vulgarización de contenidos.

A menos que usted considere las conversaciones con premios Nobel, desde el punto de vista de los trabajos y trayectorias que los han precedido, vulgaridades.

En chileno (de etimología probable quechua) se usa la palabra “chakrear” para decir cuando un asunto algo complicado-complejo, lo “traducimos” degradándolo a simplonerías. Fundamentalmente: “conocimiento pa’ ignorantes”; “cultura para gente tonta” (o tratada como tal), entregada por “los que saben” y “titulados”.

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¿Y qué más da llamarse o no “filosofía”? Alguien suficientemente autorizado como Pablo Oyarzún en Chile, responde con ironías cuando uno lo trata de “sr. filósofo”, o le consulta: “¿Cuál es su filosofía?”

Pero, hay que saber recibir estas respuestas. A veces el título de “filosofía” se da tan chakreado; a veces hay académicos tan incapaces de NO “hablar en difícil”; a veces los Grandes someten a la tradición filosófica a tan alto grado de cuestionamiento y revisión –a veces recordamos a Kant:

“NO se puede enseñar la filosofía. Sólo se puede mostrar el filosofar.”

La misma Hanna Arendt, se cuenta, NO quería ser titulada como “filósofa”: “No soy filósofa. Soy una ‘pensadora’”, insistía (con malos resultados).

Juan M. Garrido, de la U. Alberto Hurtado de Chile, recuerda en un escrito al pasar, que “no saber”, o encontrarse (de pronto) “no sabiendo” –esta “inautenticidad” (fundamental y fundacional)–, se descubre a menudo como un excelente inicio…

Nos quedan otros dos “asuntos” que pensar:

  • ¿Es acaso chilena esta filosofía (si lo fuera)? —¿Acaso, por ejemplo, el pensamiento de un Descartes tiene algo decisivamente ‘francés’?
  • ¿Por qué se llama “festival” todo este asunto? —¿Qué quieres decir al poner el nombre “festival” vis-à-vis los ‘congresos’ filosóficos?

[1] Interesante iteración: una organización ya legitimada posee la autoridad para legitimar socialmente a otras organizaciones en el porte de un “título”, y operar con él en los mercados. Comunicando autorizadamente una “oferta-académica”. Una de “profesiones-cursos” o de “posgrados”. ¿Qué o quién autoriza a las autoridades d’ocasión? ¿Quién acredita a los acreditadores? Una ley-de-la-república, probablemente. L’autoridad del “Congreso” y una mayoría circunstancial de políticos actuales…

[2] Los sofistas (del griego σοφία [sophía], y σοφός [sophós], «sabio») eran estudiantes y maestros de retórica, que desarrollaron su actividad en la Atenas democrática del siglo V y IV a. C. Se enfocaban en el relativismo, la naturaleza, creación de leyes, la moralidad, conocimiento del lenguaje, la concepción gnoseológica constructivista y el escepticismo respecto al valor absoluto del conocimiento. Gorgias e Hipias aparecen en la historiografía autorizada como dos nombres e individuos llamados “sofistas”. Gorgias se hizo rico y famoso…

El verbo sophídsesthai, «practicar la sophía», sufrió una evolución al terminar por entenderse como «embaucar». El uso peyorativo empezó a tomar forma en el siglo V a. C., coincidiendo con la extensión del uso del término a los prosistas. El momento coincide con un incremento de las suspicacias de los atenienses hacia los que mostraban una mayor inteligencia. Isócrates denostaba que el término «hubiera caído en deshonor» y Sófocles lo atribuye al hecho de que los educadores y maestros recibieran una remuneración por su trabajo.

[3] Estas comillas están para denotar el carácter de “títulos-sociales” de estas categorías. No dicen lo que se supone las define, sino su manera de traducir a simplonerías.

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2 Comentarios

Fernando Viveros Collyer

…, y se viene –el LIBRO señalado–, como para junio 2026…

Fernando Viveros Collyer

Buenos días.
Pues NO. El «Hacia el Festival chileno de….» nada tiene de filosófico, si por «filosofía» ustedes sólo entienden «lo-que-hace-un-académico-universitario» contratado por un Depto. de Filosofía.
Y SI, si ustedes comprenden meditar libremente y desde cierta rigurosidad, lo que sucede alrededor.
Uno puede elegir: se pone del lado de las academias establecidas (aseguradas tras los sueldos pero pervertidas por la tecnocracia que señala Vigo y muuchos otros), o del lado del pensamiento independiente (que debe ser examinado con cuidado para discernir entre sabios y charlatanes) .
ELIJAMOS….