#Desarrollo Regional

El territorio también educa: mercado laboral, migración y desafíos para Chile

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Durante años hemos repetido una idea que parece incuestionable: si una persona estudia más, trabaja más y se esfuerza, le irá mejor. Esa frase no es falsa, pero es incompleta. En Chile, el lugar donde se vive también educa, también condiciona, también abre o cierra oportunidades. El territorio no es un simple escenario: es un actor silencioso del mercado laboral. Los datos muestran algo claro: el éxito laboral no depende solo del capital humano, sino también del espacio donde ese capital humano intenta desplegarse. La misma educación, la misma experiencia y las mismas habilidades no rinden igual en todas las regiones. Hay territorios donde los retornos a la educación son altos, donde existen redes, empresas, mercados dinámicos y oportunidades; y hay otros donde el talento existe, pero no encuentra dónde expresarse.

Esto explica, en parte, la persistente atracción de la Región Metropolitana. Santiago funciona como un polo gravitacional; concentra empleo, ingresos, instituciones, empresas y redes. No es solo una decisión individual mudarse; es una respuesta racional a un sistema territorialmente desigual. Sin embargo, no todos pueden migrar. La movilidad territorial también es una desigualdad: quienes tienen más ingresos, más información y más redes son los que pueden moverse. Para muchos, el territorio no es una elección, es una condena. La migración interna, entonces, no es simplemente un fenómeno cultural o demográfico; es un mecanismo de ajuste de un mercado laboral desigual. Las personas se mueven buscando mejores salarios, estabilidad y proyección. Pero ese movimiento no es neutro: deja territorios que forman personas, pero no logran retenerlas; y otros que concentran talento sin haberlo necesariamente formado.

Aquí aparece un punto clave: no toda migración es “fuga de cerebros”. No siempre migran los más calificados. Migra quien puede. La narrativa simplista de que “se van los mejores” no siempre se cumple. Lo que sí se cumple es que el territorio filtra las oportunidades, hay lugares donde estudiar rinde más que en otros, no por la persona, sino por el entorno productivo que la rodea.

Cuando se comparan ingresos entre Santiago y regiones, incluso controlando por educación y experiencia, una parte importante de la brecha sigue sin explicarse. Esa diferencia no es solo de personas; es de entorno. Es de estructura productiva, de tamaño de mercado, de redes, de conectividad, de acceso a información, de calidad institucional local. En simple: no competimos todos desde el mismo punto de partida.

Esto obliga a repensar la política pública. Durante décadas hemos puesto el énfasis casi exclusivo en las personas: más educación, más capacitación, más certificaciones. Todo eso es necesario, pero no suficiente. Si el territorio no acompaña, el capital humano se desperdicia.

El territorio también educa, también condiciona, también premia o castiga

Primero, hay que tomarse en serio el desarrollo productivo regional. No se trata solo de infraestructura, sino de construir ecosistemas económicos locales; clústeres, encadenamientos productivos, apoyo a pymes, innovación regional, universidades, centros de formación técnica e institutos profesionales conectados con su entorno productivo. El talento necesita dónde trabajar. Segundo, la descentralización no puede ser solo administrativa. Transferir competencias sin transferir capacidad económica y productiva es una descentralización vacía. Las regiones necesitan herramientas reales para atraer inversión, retener talento y generar empleos de calidad.

Tercero, la política de capital humano debe volverse territorial. No basta con formar profesionales: hay que pensar dónde se van a insertar. Becas, programas de formación y financiamiento estudiantil deberían dialogar con estrategias de desarrollo regional, no caminar por carriles separados. Cuarto, la conectividad sigue siendo clave. No solo carreteras o aeropuertos: conectividad digital, acceso a mercados, integración logística. Reducir la “distancia económica” entre regiones es tan importante como reducir la distancia física.

Y finalmente, hay que dejar de pensar el territorio como un problema y empezar a verlo como una oportunidad. Cada región tiene ventajas propias: productivas, culturales, ambientales, humanas. El desafío no es hacer que todas se parezcan a Santiago, sino que cada una pueda desplegar su propio proyecto de desarrollo. Si el lugar donde naces o vives sigue determinando cuánto vale tu educación, cuántas oportunidades tienes y qué tan lejos puedes llegar, entonces no estamos frente a un problema individual, sino estructural. El territorio también educa, también condiciona, también premia o castiga. Y si queremos un país más justo, no basta con igualar a las personas: hay que empezar a igualar también los lugares donde esas personas intentan construir su vida.

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… Al año 10 de haberse implementado la teoría de podercivil.cl con un aporte del Estado que va creciendo desde el 1% del Presupuesto Nacional el año uno, al 10% del mismo en el año 10, se habrá construido toda la infraestructura de la estrategia de Poder Civil, pudiendo destinar, si fuera razonable, el año 10, a cada comuna del país, unos 30 millones de dólares anuales para fortalecer su facultades de educar, producir y crecer, potenciando las capacidades de cada comuna, invirtiendo sobre la estructura creada de Poder Civil…

… Hoy ese 10% del Presupuesto Nacional el Estado lo pierde por ineficiencia del propio Estado…

… Antes de los 50 años de haber implementado fielmente la teoría de Poder Civil, o una complementaria mejor, la cara de Chile sería una muy distinta, habiendo mucho más trabajo y oportunidades, más capacidades e instalaciones, más estructura económica para el desarrollo económico y humano, una mejor democracia, pronosticándose por la IA que allá por el 35 Chile habría comprado o pagado toda su deuda externa, pudiendo cursar todos los créditos que se cursan en Chile con capitales de todos los chilenos…

… Ya no necesitaríamos inversiones extranjeras como palanca para el desarrollo…

… Ya no perderíamos ese 10% del Presupuesto Nacional que la mafia de la política boriciona para satisfacer sus propios intereses boricianos…

… No tendríamos los incendios forestales que hoy tenemos, porque el pueblo chileno tendría capitales propios para comprar drones aljibes, ya que con solo el 1% del Presupuesto Nacional Poder Civil Chilean Company podría adquirir mil drones con una capacidad de 500 litros cada uno, a un costo unitario cercano a un millón de dólares, con los que apagar los incendios cuando recién se están iniciando y, todo esto, ya que el Estado piñufla manejado por la mafia de las sanguijuelas políticas no los han comprado aún…

… A unas décadas de implementado ese modelo, la migración histórica hacia el Área Metropolitana se habría invertido, pudiéndose construir nuevos asentamientos humanos en lugares con terrenos menos costosos para el Estado, ahorrando también en alcantarillado, agua potable, electrificación, escuelas, policías, hospitales, pasos sobre y bajo nivel, líneas de metro, etcétera…

Construir un país más justo, equitativo y democrático necesariamente pasa por utilizar una fracción del Presupuesto Nacional de una forma más inteligente y efectiva para beneficio del pueblo chileno, ya que la mafia política hoy usa más del 100% del Presupuesto Nacional y dada su ineficacia aún vemos columnas como esta que dan cuenta de una situación que teóricamente se puede resolver con una simple estrategia como la de Poder Civil, el necesario Cuarto Poder del Estado chileno para combatir la corrupción y la ineficacia de las mafias partidarias políticas que se han coludido para ordeñar al pueblo chileno y poner cara de lágrimas de cocodrilo cuando las mafias terroristas incendian sus ciudades arrasando con sus viviendas, sueños, esperanzas y, en el peor de los casos, calcinando sus vidas…