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La Unión Europea en el patio trasero

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En medio de noticias internacionales cada vez más alarmantes, esta semana surgió una buena noticia para el Cono Sur: el anuncio de la presidenta de la Unión Europea, Úrsula Von der Leyen, de haber llegado a un acuerdo entre los miembros para suscribir un tratado de libre comercio con el Mercosur. Acuerdo que se estaba negociando ni más ni menos que hace 25 años. Pero, ¿qué es el Mercosur?, dirán ustedes. Y nosotros diremos: se le denomina así al Mercado Común del Sur, un bloque de integración económica y comercial sudamericano, creado en 1991 por Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. El objetivo de este pacto es:

  • Establecer la Unión Aduanera, con una tarifa externa común y eliminar aranceles internos para la libre circulación de bienes.
  • Fortalecer las economías para competir mejor en el mercado internacional.
  • Libre circulación de personas: permitir la residencia y trabajo de ciudadanos de los países miembros con requisitos mínimos.
  • Coordinar políticas en áreas como industria, agricultura, energía y tecnología.

Chile tiene el estatus de estado asociado, al igual que Colombia, Ecuador, Perú, Guyana y Surinam. Chile no forma parte plena del Mercosur porque adhiere a una economía abierta al mundo y al libre comercio. Su estrategia, definida en los años 90 con el retorno a la democracia, fue la de celebrar acuerdos de libre comercio con las principales economías. La existencia de barreras arancelarias es incompatible con la estrategia de apertura económica de Chile. No obstante, de los 171 acuerdos y protocolos adoptados por Mercosur, Chile ha suscrito 39, entre los que destacan:

  • El Protocolo de Ushuaia sobre compromiso democrático, suscrito durante el gobierno del presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle el 24 de julio de 1998.

  • El Protocolo de Asunción sobre compromiso con la promoción y protección de los derechos humanos del Mercosur, suscrito durante el gobierno del presidente Ricardo Lagos Escobar el 20 de junio de 2005.

  • El Protocolo de Montevideo sobre compromiso con la democracia, suscrito durante el gobierno del presidente Sebastián Piñera Echenique el 20 de diciembre de 2011.

  • El Corredor Bioceánico, pactado con Argentina, Brasil y Paraguay durante el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet Jeria en la cumbre Mercosur de 2015.

  • La resolución que aprobó un nuevo Régimen de Origen para facilitar la comprensión y uso por parte de los operadores comerciales. Adoptada durante el gobierno del presidente Gabriel Boric Font en 2024.

El anuncio de que se firmará el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur constituye una excelente noticia para el comercio mundial, pero también para el contexto político en que se encuentra el continente, presa hoy de los arrebatos imperiales del presidente Trump. Pero ¿de qué trata el acuerdo de libre comercio de la Unión Europea y el Mercosur? En primer lugar, su objetivo es facilitar el movimiento de mercancías entre los 27 estados miembros de la UE y las cuatro economías del Mercosur: Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay.

Debido a contingencias políticas tanto en los países del Mercosur como en los países miembros de la UE, las negociaciones enfrentaron dilaciones y toda clase de complejidades, que extendieron la negociación por más de 25 años. La aprobación se da a pesar del fuerte lobby de los productores agrícolas de Francia, Polonia, Austria, Hungría e Irlanda, que llevó a sus gobiernos a votar en contra, y al de Bélgica a abstenerse. Lo que el acuerdo se propone es avanzar paulatinamente, hasta la abolición del 90% de los aranceles actuales. Cuando esto se concrete, se creará una de las zonas de libre comercio más grandes del mundo, con más de 780 millones de personas.

La suscripción del acuerdo de libre comercio entre la UE y el MERCOSUR constituye la reivindicación de un mundo multipolar, donde todos los actores internacionales jueguen un rol

Los países europeos buscan que su industria pueda tener un mejor acceso al mercado sudamericano, paliando en parte el efecto de los aranceles estadounidenses. Fabricantes europeos de vehículos, maquinaria, productos químicos y farmacéuticos podrían beneficiarse. En tanto, las materias primas de países del Mercosur tendrían mayores facilidades para ingresar a Europa, siendo alternativa a materias primas procedentes de China. Además de los efectos positivos en la economía a ambos lados del Atlántico, Europa también espera fortalecer su posición geopolítica, especialmente en tiempos de crecientes tensiones con Estados Unidos.

En el contexto de la política exterior de Trump del “patio trasero”, la suscripción del acuerdo de libre comercio entre la UE y el Mercosur constituye la reivindicación de un mundo multipolar, donde todos los actores internacionales jueguen un rol. Y donde el interés de los bloques regionales, así como de los pequeños países al borde del globo, se defina en una mesa compartida.

Después de la incursión militar en Venezuela, y la decisión de controlar la producción y venta de petróleo venezolano, el presidente Trump trazó una línea que pone al planeta entero en riesgo. Las amenazas sobre la integridad territorial y soberanía de Groenlandia, que pone en jaque a la OTAN, se une a sendas bravatas contra México y Colombia. La economía mundial se sostiene hoy sobre las espaldas de China, el taller del mundo, y principal cliente de las economías en desarrollo. China es el pivote sobre el cual gira la economía mundial.

Nuestro país ya tiene un tratado de libre comercio con la Unión Europea, así como con gran parte del mundo. Chile es un país pequeño, pero con un atributo sobresaliente: su estabilidad social y política, que le permite alternar gobiernos de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, sin trastornos ni interrupciones del estado de derecho. Gozamos de indicadores económicos estables, con una inflación baja, acorde a la meta del Banco Central. Tasa de inversión extranjera al alza, que ya volvió a los niveles prepandemia. Chile puede volver a crecer durante el próximo cuatrienio, pero será fundamental no descuidar el equilibrio imprescindible entre riqueza y distribución.

Pese a que superamos a todo el entorno en cuanto a reducción de la pobreza, seguimos siendo el país de la OCDE con la peor distribución del ingreso. El 10% más rico de Chile percibe 27 veces más ingresos que el 10% más pobre. Es algo que no se combate sólo con mayor crecimiento económico —que es imprescindible—, ni sólo con incrementos del ingreso mínimo —que son necesarios—, sino con políticas públicas redistributivas. Estas se vienen intentando desde 1990, con nulos resultados, ya que el índice de Gini de Chile no experimenta mayores variaciones medido antes o después de impuestos. No es un tema sencillo, y no está en la agenda del futuro gobierno. Pero a veces la realidad cambia la agenda, y es mejor estar preparados.

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