«La injusticia en cualquier lugar es una amenaza para la justicia en todas partes»[1]
Lo acontecido en Venezuela es, para muchos, el final de una trama escrita repetidamente en la historia de la humanidad: un dictador que abusa de su pueblo y le impide expresarse libremente. Como todo dictador, se apodera del mando mediante el uso de la fuerza y el control de los poderes del Estado. Ejemplos de ello abundan; a inicios de este año, la tendencia global muestra un retroceso democrático preocupante. Según informes del V-Dem Institute y The Economist Intelligence Unit, hoy existen entre 60 y 67 países bajo regímenes autoritarios[2] o dictaduras[3]. Esto representa casi el 72% de la población mundial viviendo bajo algún tipo de régimen no democrático, desde autocracias electorales hasta dictaduras totales.
Algunos ejemplos son elocuentes. En nuestra región, Latinoamérica, destacan Venezuela (bajo el mando reciente de Delcy Rodríguez[4]), Nicaragua (Daniel Ortega y Rosario Murillo) y Cuba (Miguel Díaz-Canel). En Asia encontramos a Corea del Norte, con un totalitarismo absoluto bajo Kim Jong-un; China, con el control total del Partido Comunista por Xi Jinping; y los sistemas de partido único en Vietnam y Laos. En África sobresale Eritrea, con Isaias Afwerki, considerada la «Corea del Norte africana». En Europa y Asia Central se encuentran Rusia (tras la consolidación del régimen de Putin tras la invasión a Ucrania) y Bielorrusia (con Alexander Lukashenko, apodado «el último dictador de Europa»), además de Azerbaiyán, Turkmenistán y Uzbekistán, países con nula apertura democrática.
Sumado a lo anterior, persisten monarquías absolutas[5] como Arabia Saudita (dinastía Al Saud), Emiratos Árabes Unidos y Qatar (sistemas monárquicos sin partidos políticos) y Brunéi. Finalmente, destaca la presencia de autocracias militares tras golpes de Estado recientes en Myanmar, Afganistán (bajo el control talibán) y en el África Subsahariana (Malí, Burkina Faso, Níger y Gabón). En todos estos casos, la respuesta de los gobiernos democráticos y organismos internacionales ha sido escasa o, lisa y llanamente, nula.
Regresando al caso venezolano, tras la reciente incursión de tropas norteamericanas —acción ejecutada de manera inconsulta por la administración Trump—, no han sido pocos los gobiernos que han rechazado dicha medida apelando al principio de solución pacífica de conflictos y al no intervencionismo. No obstante, es imperativo hacer historia: los hechos no surgen de la nada; todo tiene un pasado.
En el caso de Maduro, su historial de diálogo es el siguiente:
Desde que asumió la presidencia en 2013, se contabilizaron al menos seis procesos principales de negociación formal con la oposición, además de numerosos acercamientos exploratorios. Aunque el objetivo de la comunidad internacional era una «transición democrática»[6], los resultados estuvieron marcados por el estancamiento:
Tras las polémicas elecciones y los informes de noviembre de 2025 sobre ofertas de amnistía, la realidad es que nunca existió por parte de la autoridad en la persona de Nicolás Maduro una voluntad real de transitar hacia una democracia representativa.
Lo observado la madrugada del 3 de enero es el corolario de una muerte anunciada. Ahora se levantan voces denunciando la violación de la soberanía venezolana, pero esas mismas voces callaron mientras se violaban sistemáticamente los derechos humanos, un principio igualmente universal.
Para concluir, cabe reflexionar: el soberano es el pueblo. Los gobernantes solo poseen la potestad de mando por el tiempo que el pueblo les asigna. ¿Qué sucede cuando un gobernante tuerce ese mandato y reprime para perpetuarse? Si ese pueblo ya no se siente representado en los foros internacionales, ¿tiene el gobernante legitimidad para hablar en su nombre? Yo creo que no. Si un pueblo oprimido siente alivio ante una intervención foránea que lo libera, tal vez sea porque, de haber tenido la oportunidad, habría solicitado dicha acción. En ese caso, el acto de invasión se transforma, ante los ojos del soberano, en un acto de liberación.
Lo que no se hace a tiempo solo trae como consecuencia que los desenlaces no son los deseados, y hoy con la acción de Estados Unidos en Venezuela abre una caja de pandora, hoy fue Trump con Maduro, quizás mañana sea Vladímir Putin con Volodímir Zelenski en Ucrania o Xi Jinping con Lai Ching-te en Taiwán.
Como la comunidad internacional no fue capaz de poner atajo durante 13 años[7] a lo que ocurría a vista y paciencia de todos, se ha terminado cumpliendo la máxima de nuestro escudo nacional: lo que no se logró por la razón, se obtuvo por la fuerza.
Ahora se levantan voces denunciando la violación de la soberanía venezolana, pero esas mismas voces callaron mientras se violaban sistemáticamente los derechos humanos, un principio igualmente universal
[1] Martin Luther King Jr. fue un ministro y activista bautista estadounidense que se convirtió en el portavoz y líder más visible del movimiento de derechos civiles desde 1955 hasta su asesinato en 1968.
[2] También conocidas como autocracias, la autocracia (del griego autos «uno mismo» y kratos «poder») es un sistema de gobierno en el cual el poder supremo está concentrado en manos de una sola persona o un centro de poder único (como un partido), cuyas decisiones no están sujetas a restricciones legales externas ni a mecanismos de control popular.
En términos sencillos, el autócrata es la «ley suprema» y no rinde cuentas a nadie.
[3] También conocidas como autocracias, la autocracia (del griego autos «uno mismo» y kratos «poder») es un sistema de gobierno en el cual el poder supremo está concentrado en manos de una sola persona o un centro de poder único (como un partido), cuyas decisiones no están sujetas a restricciones legales externas ni a mecanismos de control popular.
En términos sencillos, el autócrata es la «ley suprema» y no rinde cuentas a nadie.
[4] Abogada, diplomática y política venezolana, quien se desempeña como presidenta encargada de Venezuela, desde el 3 de enero de 2026, tras la captura de Nicolás Maduro por tropas estadounidenses. Ha ejercido varios cargos durante las presidencias de Hugo Chávez y Maduro. Actualmente es ministra de Hidrocarburos y vicepresidenta ejecutiva de Venezuela. Forma parte de la dirección nacional del Partido Socialista Unido de Venezuela.
[5] Dictaduras Reales en los hechos.
[6] Que implica su salida del poder.
[7] Nicolás Maduro llego al poder el 2013, posterior a los casi 14 años que Hugo Chávez gobernó Venezuela, desde el 2 de febrero de 1999 hasta su muerte el 5 de marzo de 2013.
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