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Groenlandia: la hipótesis de la anexión y el quiebre del orden atlántico

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Durante décadas, Groenlandia fue percibida como una periferia helada del sistema internacional: un territorio vasto, escasamente poblado y formalmente ligado a Dinamarca. Sin embargo, en el siglo XXI esa percepción se ha vuelto obsoleta. El Ártico se ha transformado en un tablero estratégico central, donde confluyen rutas marítimas emergentes, recursos minerales críticos y una competencia creciente entre grandes potencias. En ese contexto, la idea —hasta hace poco impensable— de una anexión estadounidense de Groenlandia deja de ser una excentricidad retórica y se convierte en una hipótesis geopolítica que merece análisis.

Este artículo explora un escenario extremo: que Estados Unidos avance hacia una anexión de facto o de iure de Groenlandia, provocando una ruptura inmediata dentro de la OTAN y desencadenando una escalada sistémica que podría desembocar en una Tercera Guerra Mundial.

Groenlandia como activo estratégico

Groenlandia no es solo hielo. Bajo su superficie se concentran tierras raras, uranio, hierro y otros minerales esenciales para la transición energética y la industria militar. Además, el deshielo progresivo abre rutas marítimas árticas que reducen significativamente los tiempos de transporte entre Asia, Europa y América del Norte.

Desde el punto de vista militar, Groenlandia es una plataforma avanzada ideal para sistemas de alerta temprana, defensa antimisiles y proyección de poder en el Atlántico Norte y el Ártico. Estados Unidos ya mantiene presencia militar allí desde la Guerra Fría. La diferencia, hoy, es que el control indirecto podría no parecer suficiente frente al avance ruso y chino en la región.

La anexión: ¿del delirio a la doctrina?

La idea de adquirir Groenlandia por parte de Estados Unidos no es nueva. Sin embargo, un cambio en el equilibrio global —sumado a una política exterior cada vez más transaccional— podría transformar una propuesta informal en una doctrina estratégica. En este escenario, Washington justificaría la anexión como una medida de seguridad nacional, alegando la incapacidad europea para proteger el Ártico frente a potencias rivales.

Una anexión podría adoptar varias formas: presión económica sobre Dinamarca, acuerdos bilaterales con autoridades locales groenlandesas bajo promesas de inversión masiva, o incluso un proceso acelerado de autodeterminación fuertemente influenciado desde el exterior. Cualquiera de estas vías sería vista en Europa como una violación directa del espíritu —y probablemente de la letra— del orden internacional vigente.

El quiebre de la OTAN

Groenlandia, silenciosa y blanca, podría convertirse en el epicentro de una tormenta global. No por lo que es, sino por lo que representa

La OTAN se sostiene sobre un principio básico: la confianza entre aliados. Una anexión de Groenlandia por parte de Estados Unidos implicaría la expropiación territorial de un miembro de la alianza (Dinamarca) o, como mínimo, una intervención hostil en su soberanía. El Artículo 5, pilar de la defensa colectiva, quedaría automáticamente en crisis.

Europa enfrentaría una disyuntiva histórica: aceptar el hecho consumado y asumir su subordinación estratégica definitiva, o romper con Washington. Cualquiera de las dos opciones fracturaría la OTAN. En el primer caso, la alianza perdería legitimidad; en el segundo, su capacidad operativa.

Efecto dominó global

La ruptura de la OTAN no ocurriría en el vacío. Rusia vería la oportunidad de consolidar su influencia en Europa del Este y el Ártico. China, por su parte, aprovecharía el colapso del bloque atlántico para acelerar movimientos en el Indo-Pacífico. Potencias regionales reinterpretarían el derecho internacional como una norma flexible, no vinculante.

La anexión de Groenlandia sentaría un precedente peligroso: si una superpotencia puede redefinir fronteras dentro de su propio sistema de alianzas, entonces ningún acuerdo es estable. La lógica de bloques daría paso a una lógica de fuerza.

Pensar la anexión de Groenlandia como una posibilidad no implica desearla ni predecirla con certeza. Implica reconocer que el orden internacional atraviesa una fase de fragilidad inédita desde el final de la Guerra Fría. Cuando las reglas dejan de ser claras, los escenarios extremos dejan de ser imposibles.

Groenlandia, silenciosa y blanca, podría convertirse en el epicentro de una tormenta global. No por lo que es, sino por lo que representa: el punto donde la hegemonía, la desconfianza y la ambición se encuentran sin mediación, en un mundo donde la fuerza amenaza con reemplazar definitivamente al derecho internacional.

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2 Comentarios

ffrias9

ffrias9

Una muestra más de lo desquiciado que está el presidente Donald Trump, afirma que una de las razones para apoderarse de Groenlandia es que no fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz, según un mensaje que envió a Jonas Gahr Store, primer ministro de Noruega.

“Teniendo en cuenta que tu país decidió no concederme el Premio Nobel de la Paz por haber detenido 8 guerras y MÁS, ya no me siento obligado a pensar puramente en la Paz, aunque siempre será predominante, sino que ahora puedo pensar en lo que es bueno y apropiado para Estados Unidos de América”.

En el mensaje, Trump también cuestionó el derecho de Dinamarca sobre Groenlandia: “No hay documentos escritos”, y añadió: “El Mundo no está seguro a menos que tengamos el Control Total y Completo de Groenlandia.

Saludos

Khgfg

Las manadas de lobos no se auto destruyen porque cuentan con un líder poderoso que ejerce la fuerza y las determinaciones sobre los demás integrantes de la manada y evita que hayan disputas menores por el poder que lastimen y debiliten a los demás integrantes de la manada que serán necesarios para que sobreviva…

Si de pronto el líder es quitado de la manada, esta puede entrar en una espiral de luchas que pueden fragmentarla y se sabe de una manada que mientras menos integrantes tiene, más probabilidades tendrá de perecer…

Y sabiendo esto, yo prefiero un mundo con un líder fuerte, capaz de extraer Maduros desde zonas donde reina la criminalidad y la injusticia, o que pueda intervenir guerras con la intención de procurar ejercer la paz con su poderío amedrentador…

La hegemonía del poder en el mundo se basa en las tierras raras y su capacidad de procesarlas, territorio en el que China hoy domina, y pivotea en torno a ASML, el gigante de las máquinas de litografía que alimenta a los gigantes de los semiconductores TSMC, Intel y Samsung…

El dominio militar se basa en los chips más avanzados que se han logrado concebir y manufacturar gracias a ASML y TSMC…

Si hubiera un poder hegemónico ejercido por China, el mundo entero estaría en peligro y por ello EEUU necesita mantener su supremacía, y si bien hoy la Unión Europea y la OTAN se alarman con las intenciones de EEUU por adquirir o llegar a poseer dominio sobre Groenlandia, lo más probablemente cierto es que si esto ayuda a EEUU a mantener la supremacía militar sobre las demás naciones, esto ayudará a que como especia sobrevivamos todos…

Hay quien ha dicho que EEUU puede poseer Groenlandia sin ejército ni invasiones, sino que apenas con un abogado y un cheque…

Yo no me alarmaría por las intenciones de EEUU de ejercer dominio sobre Groenlandia, ya que es el proceso natural al que está siendo empujado EEUU para no depender de una China que se muestra cada vez más amenazante y peligrosa…

La guerra que debe preocupar al mundo será la que las naciones querrán hacer en contra de Israel, porque es una profecía que se cierne sobre el mundo como uno de los últimos eslabones de una gran cadena de profecías que ya se han cumplido…