La evaluación histórica de un gobierno jamás se escribe con el ruido del presente, no obstante, para plasmar en libros y en la memoria nacional el mandato del Presidente Gabriel Boric Font, exigirá analizar ese ruido y sumergirse en un mayor estudio de los datos y el relato gracias a las nuevas variables como por ejemplo, las redes sociales que, con frases y slogans, con verdades y/o mentiras, instalan una especie de marketing urbano, magnifican fracasos y pueden convertir cada dificultad en un síntoma terminal y la mejor muestra de ello es la frase “Chile se cae a pedazos”, slogan que la derecha ocupó para su triunfo electoral en diciembre de 2025. Situación, como todos sabemos, se aleja totalmente de la realidad nacional con datos avalados por académicos y economistas nacionales y extranjeros.
Todo análisis político debe ser menos estridente, los resultados y las instituciones, leyes y desplazamientos reales del poder son lo importante. Si algo caracteriza el legado de este gobierno, es haber empujado un crecimiento importante del Estado social. No se trató de una refundación, sino de lograr un conjunto de reformas que estaban ausentes mucho tiempo, incluso con mayorías más sustanciales en otros periodos parlamentarios.
La reforma de pensiones es el ejemplo más claro, no termina con las AFP ni desmantela el sistema heredado de la dictadura, pero introduce un principio que durante décadas fue políticamente imposible: el aporte obligatorio del empleador y un componente solidario gestionado con mayor protagonismo estatal. Es un cambio modesto si se lo compara con las expectativas que se habían creado, pero con un peso estructural muy importante si se lo mide en perspectiva histórica. Buscó aumentar las pensiones entre 14% y 35% para millones de jubilados. En enero de 2026 ya 1,5 millones de pensionados recibieron aumentos importantes, se incorporó separado de nuestra pensión. Como diría Gramsci, no es una ruptura, sino una guerra de posiciones: lenta, parcial, pero real.
Algo similar ocurre con la ley de 40 horas y el aumento sostenido del salario mínimo, uno de los más altos de América Latina. Son reformas profundamente materiales y objetivas. El tiempo definirá su impacto en el sistema productivo y los efectos en la vida cotidiana de millones de trabajadores.
En lo económico debemos destacar una importante mirada estratégica y visionaria para levantar “La Política Nacional del Litio”. Sin expropiaciones ni gestos grandilocuentes, el Estado vuelve a situarse como actor central en un recurso clave del siglo XXI. No es la nacionalización del cobre como lo hizo Allende, pero sí un quiebre en el paradigma subsidiario que dominó la postdictadura. En términos económicos su meta fue fortalecer el rol de empresas estatales (especialmente Codelco y también ENAMI). Impulsar asociaciones público-privadas con empresas tecnológicas o productoras. Capturar una mayor proporción de la renta del litio para el Estado. Asegurar estándares ambientales y participación regional. El acuerdo clave dentro de esta política es la asociación entre Codelco y SQM para explotar el Salar de Atacama. Es, nuevamente, una política gramsciana: acumulación lenta de soberanía económica en un mundo donde la dependencia adopta formas verdes y tecnológicas. Control de la inflación desde un máximo de 14,1% (2022) a 3,5%, alivianando el bolsillo de las familias. Exportaciones chilenas batieron récord histórico con envíos por más de US$107.000 millones en 2025, marcando el mayor monto para el país desde que existen registros.
El sistema de salud pública destaca medidas como el Copago Cero, la ampliación de la PGU y el Sistema Nacional de Cuidados, se redujeron los tiempos de espera y durante los últimos dos años de su mandato se potenció el sistema de vacunación e inmunización, disminuyendo la tasa de mortalidad por virus sincicial respiratorio a cero. Se avanzó a 90 problemas de salud cubiertos por las Garantías Explícitas en Salud (GES) fortaleciendo la atención para que las familias no tengan que elegir entre economía o salud.
Los avances educativos del gobierno se concentran en cuatro áreas principales: recuperación del sistema tras la pandemia (asistencia y aprendizajes). Fortalecimiento de la educación pública y parvularia. Después de 40 años, se promulgó ley que da solución a la deuda histórica de los profesores y gracias a ello 57.560 docentes fueron beneficiados con esta medida. Ley que regula y prohíbe el uso de dispositivos móviles en establecimientos educacionales, fortaleciendo la convivencia y aprendizaje. Se optimizó la Calificación Socioeconómica del Registro Social de Hogares, haciéndola más precisa y actualizada. Gracias a estos cambios, más de 779 mil familias pudieron solicitar beneficios del Estado a los que antes no podían acceder.
Se avanzó en la protección de los derechos de las mujeres con leyes clave como Ley de Responsabilidad Parental y Pago Efectivo de Pensiones de Alimentos, N° 21.484, vigente desde 2023. La Ley Integral contra la Violencia de Género (N° 21.675) establece un marco completo para prevenir, sancionar y erradicar la violencia de género. La Ley Karin N° 21.643, modifica el Código del Trabajo en materia de prevención, investigación y sanción del acoso laboral, sexual y violencia en el trabajo y la Ley Antonia N° 21.523 que mejora la persecución de delitos sexuales y protege a las víctimas, fortaleciendo la prevención, sanción y reparación frente a la violencia.
Probablemente quede en la historia como el presidente que reintrodujo la importante pregunta por el Estado social en el Chile neoliberal
Las debilidades y errores políticos del gobierno del Presidente Gabriel Boric no fue la falta de orientación moral, sino una sobreestimación del mandato histórico. El proyecto se pensó como si el estallido social hubiera producido una hegemonía cultural consolidada, cuando en realidad había derivado en una crisis de representación mucho más ambigua y volátil, los resultados electorales de plebiscitos y otros así lo demuestran.
Aquí aparece nuestra amiga Hannah Arendt con toda su claridad: el poder no nace del entusiasmo ni del relato, sino de la capacidad de actuar en común. El fracaso del proceso constitucional de 2022 fue la expresión más nítida de ese límite. No fue solo una derrota jurídica, sino la constatación de que la voluntad transformadora no había logrado traducirse en un consenso político mayoritario. No hay una sola causa, sino una combinación de factores políticos, culturales y comunicacionales. Se apostó mucho a un proceso con una descoordinación impresionante entre los distintos actores políticos, performance increíbles, propuestas poco creíbles, exageraciones de todo tipo, desencuentro total entre expectativas y realidad.
Pero los errores políticos más impactantes son los casos de corrupción del caso convenios de militantes del FA, el tema de dudas y lentitud con caso Monsalve, el episodio de la eventual venta de la casa Allende, expuso una cadena de errores políticos, comunicacionales, administrativos, salida de dos ministras y destitución de senadora; y el más impactante, la seguridad pública subestimada al inicio de gobierno y reacción tardía en endurecer discurso y medidas, no leer a tiempo la principal preocupación ciudadana, la alta percepción de inseguridad, que la oposición de derecha supo establecer como otro eje central en su triunfo electoral presidencial.
La relevancia internacional del Presidente Gabriel Boric es muy importante, juega un rol simbólico, político y diplomático en un momento de cambios globales. Su figura ha tenido mucho impacto en debates claves de la izquierda contemporánea y en la posición de Chile en el mundo. Representa una nueva generación de líderes progresistas. Se diferencia de izquierdas más tradicionales o autoritarias, especialmente se separa de la doxa del Partido Comunista. Ha trabajado en igualdad con figuras como: Pedro Sánchez, Gustavo Petro, Luis Inácio Lula da Silva. Su discurso mezcla derechos sociales, apoyo total a la democracia, feminismo, ecología. Ha condenado violaciones a los DD.HH. y dictaduras en países como: Venezuela, Nicaragua, Cuba. Posiciona a Chile como una voz coherente en derechos humanos.
El Presidente Gabriel Boric no será recordado como Allende, porque no intentó una ruptura sistémica. Pero tampoco será un paréntesis irrelevante. Probablemente quede en la historia como el presidente que reintrodujo la importante pregunta por el Estado social en el Chile neoliberal, millones de chilenos en los próximos años lo recordarán por dichos beneficios y también por su coherencia y defensa de la “Democracia Siempre”.
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