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marceleau
Prefiero la libertad de expresión como una de las premisas básicas de toda sociedad democrática moderna. Siendo detractor de la dictadira militar, soy poco amigo de las declaraciones o intentos que pretendan darle un cauce determinado a la memoria o historia de un país desde la esfera de los poderes públicos.
En unas décadas perfectamente podría ser factible que un grupo que llegue al poder decida por decreto «borrar» todo registro del itinerario histórico de una minoría de cualquier índole. Aspiro por lo tanti a que nuestro presente como país no contribuya a sumar antecedentes para esa aberración.
grimalditwit
Entiendo que bajo el argumento de la libertad de expresión a algunos les pueda parecer poco conveniente una ley que sancione moralmente ciertos hechos de la historia. Pero no nos estamos refiriendo aquí al simple curso de la historia o de conflictos poco claros, la dictadura de Pinochet aplicó el terror de Estado, hubo una política de exterminio y quienes la defienden o justifican están incurriendo lo que en derecho se conoce como apología del crimen o del delito. No se trata de borrar el material histórico, al contrario para eso existe un museo de la memoria, se trata más bien de relevar la importancia de los derechos humanos y exigir su respeto.
pamarchant
El concepto de «memoria historica» adquirió un importante valor cultural y político en las
luchas de la población y, en particular, de las organizaciones de derechos humanos.
La política sistemática de desapariciones, represión clandestina y supresión de la identidad
de opositores, lleva a que la democracia impulse una política activa de «reconstrucción de la
memoria» y descubrimiento de «la verdad», aludiendo fundamentalmente al destino de los desaparecidos. La estructura básica de régimenes de terrorismo de Estado (Argentina, España, Alemania) fué destruir la memoria de las actividades y la identidad misma de los opositores.
En Europa el complejo de campos de concentración y campos de exterminio denominado
Auschwitz marca un hito en la historia humana que obliga a replantear el pensamiento y la
acción sin el olvido de las víctimas, necesitadas de presencia y redención, de memoria, pero
de una memoria moral, y que habitualmente han sido preteridas y borradas en la historia oficial.
Un paso fundamental en la reconstrucción de la memoria histórica en Argentina fué la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas CONADEP, creada en 1983 por el presidente Raúl Alfonsín, que investigó profundamente el modo en que se ejecutó la represión clandestina, para
producir un famoso informe conocido como el “Informe Nunca Más” (1985), pieza de prueba central
en el “Juicio a las Juntas” que condenó a los militares que condujeron la represión y dio a conocer masivamente los actos criminales de Terrorismo de Estado.
En Colombia, después de la promulgación de la “Ley de Justicia y Paz” (2005) el gobierno crea la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR), la cual incluye dentro del derecho de reparación la preservación de la memoria histórica:
“Se entiende por reparación simbólica toda prestación realizada a favor de las víctimas o de la comunidad en general que tienda a asegurar la preservación de la memoria histórica, la no
repetición de los hechos victimizantes, la aceptación pública de los hechos, el perdón público
y el restablecimiento de la dignidad de las víctimas.”
tamarasalinas
No creo q las memorias dejen de existir con la desaparición del grupo que recuerda, hay un ejercicio importante de transmisión de la memoria, por eso no sólo las víctimas o sus descendencias directas adhieren al repudio de personajes como Krassnoff, por eso aunque desaparezcan las personas que vivieron en ese acontecimiento traúmatico, la memoria no desaparece, siempre y cuando nos hagamos responsables de mantener latentes nuestro pasado, ya sea para aprender de él o para potenciar nuestra rebeldía con la historia oficial y/o lograr profundas transformaciones en el sistema, de acuerdo a lo que tuvimos y nos arrebataron.
Una ley que resguarde «la memoria de los vencidos o de las víctimas» no me parece que sea el camino adecuado, pues así delegaríamos nuestra responsabilidad de impedir que se den los contextos de enunciación en que homenajear a criminales sea «bueno para la opinión pública». Invisibilzar a quienes aún se golpean el pecho en las Iglesias con los fusiles con los que nos dispararon, me parece mucho más peligroso a que manifiesten a viva voz su adhesión a la dictadura, que desde hace muy poco dejó de ser un tabú, y esto no tiene nada que ver con la libertad de expresión, sino que de todas formas es socialmente inaceptable y políticamente incorrecto decir que estuvo de acuerdo con el régimen dictatorial, sin embargo hoy tienen más voluntad de disputar la memoria reconociendo a sus «líderes». A su vez, las producciones cinematrográficas, están comenzando a representar no sólo a los torturados, sino que también a los torturadores, humanizándolos en alguna medida- mostrándolos en acciones como hablar por teléfono con su familia en horario de «trabajo» o liberando a los secuestrados como el CNI de los 80- aunque en los hechos sigan siendo malos, pero que a mi parecer a lo que apuntan es a relativizar a los militantes y militares, es decir, no todos los detenidos desaparecidos eran blancas palomas, pero tampoco todos los torturadores hacían su trabajo con convicción sino que por mandatos superiores (Como el Mocito). Supongo que esa será la forma que se intentará llegar a la mentada «unidad nacional» y la «reconciliación». Pero como por lo menos a mí no me interesa que la dictadura quede en el olvido, ni mucho menos se olvide a quienes dieron su vida por un proyecto de país para todos, no tengo intensión que la disputa por la escritura y reescritura de la Historia deje de ser, creo q es absolutamente necesaria la dialectica para la construcción de la memoria, porque tengo la plena convicción de que al menos en esa batalla venceremos.
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vale pico tu wea de contenido toi haciendo tareas y no me sirve la wea
allyson olaechea
vale pico tu wea de contenido estoy haciendo una tarea y no me sirve
abechtold
O sea, establecer una historia oficial como única. Alguien define lo que la sociedad, en el futuro, tiene que saber sobre las cosas. Me parece muy totalitario.
De existir algo así, permitiría eliminar de la historia oficial aquellos elementos que el rector de turno no quisiera que se viera. No faltarían aquellos que les encantaría borrar a Portales de la historia oficial, o quizas la eterna disputa entre O´higginistas y Carreristas le permitiría al bando vencedor escribir la versión oficial y única de las cosas.