#Política

La política y la campaña presidencial crispada

Compartir

Hoy, cuando los algoritmos nos encierran en burbujas, la política busca disciplinar hasta la asfixia y los debates públicos se reducen a opciones binarias, altisonantes y agresivas. La campaña presidencial que culmina este domingo se desarrolla marcada por la tensión, el miedo y la simplificación extrema, lo que parece confirmar que la derecha ha decidido abrazar una estrategia basada en la polarización emocional y la promesa de un orden disciplinario. En esta carrera, la sofisticación comunicacional de los algoritmos juega a su favor, porque como señala Sunstein C.R. (2018, #República: Democracia dividida en la era de las redes sociales), las plataformas digitales amplifican mensajes que despiertan miedo, agravio o sensación de amenaza, premiando así narrativas de restauración y castigo que la derecha ha sabido capitalizar con eficacia.

La retórica del “enemigo interno”, la insistencia en que Chile “se cae a pedazos”, que está al borde del colapso moral o del caos social, y la rehabilitación de imaginarios autoritarios que creíamos superados, forman parte de un arsenal discursivo que busca emocionar antes que argumentar. Mouffe, C. (2018, Por un populismo de izquierda) advierte que la política basada en antagonismos irreductibles inhibe el pluralismo y empobrece la deliberación; en el caso chileno, esta lógica se manifiesta en discursos que reducen la realidad a una lucha entre “los que quieren orden” y “los que promueven el desorden”, estableciendo dicotomías que ignoran la complejidad de los problemas públicos.

No es casual que, en la presente campaña, la derecha haya impulsado una narrativa donde la seguridad se presenta como valor absoluto, desprovisto de contexto social o político. La solución que ofrece es siempre punitiva, reactiva, casi mecánica: más control, más fuerza, más disciplina. Laclau, E. (2005, Sobre la razón populista) describió esta fijación con identidades cerradas y discursos homogéneos como característica de proyectos populistas que prometen un retorno imaginario a un pasado ordenado y coherente. En Chile, este imaginario se traduce en una exaltación de la autoridad y en una permanente sospecha hacia cualquier agenda transformadora.

El problema es que esta estrategia electoral no solo polariza, sino que reduce la política a un campo de batalla moral donde la ciudadanía se limita a elegir entre obediencia o caos. En este clima, el disenso razonado se vuelve sospechoso y la complejidad es interpretada como debilidad. El resultado es una campaña presidencial donde el debate de ideas queda subordinado a la emocionalidad intensificada por algoritmos que confirman prejuicios y alimentan miedos (Sunstein, 2018).

Sin embargo, lo más preocupante no es la eficacia electoral de esta lógica, sino su impacto en la convivencia democrática. Una política que se piensa a sí misma como confrontación permanente erosiona la posibilidad de imaginar proyectos compartidos. Arendt, H. (1958, La condición humana) recordaba que la verdadera política nace cuando las personas ejercen su capacidad de iniciar algo nuevo. Esto implica creatividad, pluralidad y apertura, justamente lo que hoy se ve asfixiado por una estrategia comunicacional que convierte a la ciudadanía en audiencia y no en protagonista.

La campaña presidencial pasará, pero las consecuencias de la retórica del miedo pueden perdurar. Es urgente reivindicar una política que no se rinda ante la estridencia ni se incline ante la agresividad

Chile necesita una política que no renuncie al conflicto, pero que sea capaz de transformarlo en energía creativa para la construcción de un horizonte común. Habermas, J. (1992, Más reflexiones sobre la esfera pública) planteaba que el “uso público de la razón” es condición para la legitimidad democrática, ya que no hay futuro sostenible si la discusión pública queda reducida a slogans polarizantes diseñados para viralizarse en redes sociales. La campaña presidencial actual -particularmente desde la derecha- parece renunciar deliberadamente a esa idea de razón pública, apostando por un discurso eficaz para ganar elecciones, pero corrosivo para sostener una democracia madura.

La reconstrucción de un pacto social requiere, como señala Ricoeur, P. (1990, Uno mismo como otro), una narrativa común que integre conflicto y esperanza, memoria y porvenir. Pero esa narrativa no emergerá de la estrategia de agitación permanente que hoy impulsa la derecha, sino de una política capaz de articular convivencia, cooperación y creatividad democrática.

En un país cansado, fragmentado y expuesto a la manipulación algorítmica, demandar una política más racional no es ingenuidad, sino que es un acto de defensa cívica. La campaña presidencial pasará, pero las consecuencias de la retórica del miedo pueden perdurar, por ello, es urgente reivindicar una política que no se rinda ante la estridencia ni se incline ante la agresividad, una política capaz de imaginar un país menos disciplinado por el temor y más movilizado por la esperanza.

2
102

Los contenidos publicados en elquintopoder.cl son de exclusiva responsabilidad de sus respectivos autores.
Te invitamos a conocer nuestras Reglas de Comunidad

Comenta este artículo

Datos obligatorios*

2 Comentarios

Hurneujdumd

Estimado Carlos, creo que tienes una confusión y te voy a ayudar a entender mejor el fenómeno sobre el que escribes…Te invito al siguiente ejercicio para que me des tu opinión (y no solo tu agradecimiento por lo que te haya dicho a continuación)…

Supón que tenemos una elección entre Kast y Jara y que no hay campaña política sino que solo elecciones… Haremos esto como un ejerció de abstracción que separa paja de trigo, o ramas que estorban la visión del bosque…

Para ayudarnos en el análisis y la decisión de por quién votar nos apoyaremos en la historia de lo que ha hecho la derecha como antecedente gobernando y lo que ha hecho la izquierda… En la derecha tenemos a un Gobierno Militar que hacía crecer el país a más de un por ciento anual cuando entregó el poder… Luego vino Piñera que hizo lo suyo de forma positiva en un contexto intermedio a gobiernos de izquierda… Por otro lado, tenemos a una izquierda que tuvo un rendimiento decadente hasta crear una crisis con Bachelet y ahora un desastre con Boric, con el peor crecimiento de todos, obviamente porque son ineptos y porque han desfalcado al Estado inescrupulosamente y al borde de la ilegalidad, con la permisividad del Congreso Nacional que admite que el Estado sea desfalcado sin ponerle atajo, seguramente por la complicidad inherente que hay en el proceso… (Ya que por algo se dice que la derecha y la izquierda unidas jamás serán vencidas, … desfalcando al Estado, les falta añadir)…

Entonces, sin saber o entender más que esto, ante la tarea de escoger un nuevo Presidente, tienes dos posibilidades para elegir, y estas son: o quieres que el país crezca y que a todos nos vaya mejor, o quieres que el país no crezca y que a todos nos vaya peor… Esto, si actúas bajo una lógica racional…

Entonces, esa lógica nos dice que votaremos Kast si queremos que al país le vaya bien y por Jara si queremos que al país le vaya mal… Y esto simplifica extraordinariamente la tarea de elegir a quién, sin necesidad de “discursos de odio” o cualquier ruido que afecte a la decisión ya fundamentada en esa lógica racional…

¿Lo entiendes?

Ahora, con esa lógica apoyando la decisión y entendiendo que personajes como Bachelet, Boric y Jara son políticos de extrema izquierda que emulan a Allende —cuyo gobierno fue un completo desastre— incluso recitando sus mismos discursos al pie de la letra, y que aspiran a lo que hizo Castro, Chávez y Maduro en Cuba y Venezuela, podemos pronosticar qué sería de Chile y de los chilenos en la eventual situación y desgracia de que Jara fuera el personaje electo…

Por el lado contrario, la elección de Kast nos pone de cara a un Chile mucho más próspero donde podemos pronosticar que el Presupuesto Nacional no será desfalcado o boricionado inescrupulosamente para alimentar a los 500 mil soldados sanguijuelas desfalcadores que ha contratado la izquierda en Chile que multiplicaron por 10 la deuda externa desde que llegaron a gobernar, incluidos los gobiernos de Piñera, dejando a los chilenos la inflación que le corresponde a ese fenómeno político económico de emisión de deuda…

Bajo esa lógica básica como plataforma sobre la decisión de sobre por quién votar, si añadimos la campaña como tal solo vemos una amplificación de esa tendencia, pero, no un cambio de dirección, como podrás imaginar, lo que nos hace concluir que basta y sobra lo ya hecho por los gobiernos de izquierda, derecha y extrema izquierda para tomar la decisión adecuada a nuestras preferencias, observándose en las encuestas un reflejo de mis palabras en la tendencia del resultado que se pronostica y que confirman las casas de apuestas, mismas que develan que la gente apuesta en un 97% que será Kast el ganador de la elección presidencial…

Luego, todos esos discursos que circulan sobre odio, autoritarismo y vuelta a la ideología militar de orden y obediencia, etcétera, con los que se hace referencia desdeñosamente a Kast y su campaña, sobran, o son innecesarios, porque solo son como adornos, o flecos, o hilachas de un ente ya definido en forma y fondo que la gente ya ha interiorizado, o comprendido, asociando progreso y bienestar a la derecha y, por el otro lado, asociando a la izquierda: desfalco al Estado, salud precaria sin recursos, inflación, desempleo, quiebras, pobreza, falta de inversión y crecimiento, incluyendo también mayor actividad delictual, asaltos, portonazos, abordazos, turbazos, descuartizamientos, secuestros y delincuentazos, en general, que son minimizados por la actual justicia chilena a cargo de una izquierda inescrupulosa que libera delincuentes sin pudor alguno a la crítica social que ello conlleva, dado que la preocupación por la delincuencia y la seguridad es la materia de mayor interés para la ciudadanía hoy en día, junto a lo que pasa con la economía que va de la mano de la inflación…

No olvidemos que en una entrevista realizada a Jara, ella manifestó, como ex participante del gabinete presidencial, que la delincuencia y la seguridad no fueron la prioridad para el gobierno actual, demostrando esto la falta de interés del gobierno por atender a la mayores preocupaciones de la gente, o, lo que es lo mismo, la falta de interés de la izquierda por tener una mejor seguridad y menos delincuencia… Esto, está probado y demostrado y no admite discusión alguna…

… Entonces, cuando te haces parte del conjunto de columnas quintopoderianas que tratan a Kast de diversas formas llenas de denostación sin razón alguna, tu credibilidad y honestidad como redactor de columnas simplemente se va al tarro de la basura, como ya ha sucedido con numerosos otros columnistas que escriben falsedades y odiosidades sin justificación y solo basadas en el sesgo político y ese afán de permanecer en el poder a costa del bienestar de todos los demás chilenos que no están en el gobierno recibiendo suculentos sueldos, bonos, aguinaldos y quién sabe qué cantidad de coimas, además de beneficios a sus fundaciones truchas y de mal propósito para Chile y su gente…

Gdhhdd

Fe de erratas, Gobierno Militar crecía a más de 10%…