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CODEPU en debate: historia, crítica y desafíos en tiempos convulsos

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Hace algunos días fue publicada en el portal Elquintopoder.cl una columna de opinión de Andrés Vera sobre lo que él entiende es el presente y los desafíos de la Corporación de Promoción y Defensa de los Derechos del Pueblo (CODEPU).

Desde ya, en el título “CODEPU: opinión y perspectiva” hay evidencia de que aquella opinión está fundada en un horizonte, hay una perspectiva, un futuro que permite concluir que la suya es una reflexión fundada en un debate crítico y necesario para las organizaciones del mundo popular y de los derechos humanos.

Ciertamente que Andrés fue un valioso integrante de la Corporación, siendo hasta 2023 —cuando dio un paso al costado— miembro destacado e integrante del Directorio. Es, por lo tanto, una persona que conoce la historia y el devenir de una organización que ha estado presente en las luchas populares y por la defensa de los derechos del pueblo desde la dictadura. No es una opinión desde los márgenes, y que además, como profesional, ha destacado en el acompañamiento de distintas experiencias del mundo social que lo avalan como un interlocutor para debatir los vaivenes de una organización como CODEPU.

Yo, por otro lado, soy un integrante más reciente de esta orgánica, incorporándome a sus actividades a fines de 2018 como colaborador de algunas instancias y, desde 2019, al calor de las urgencias de ese periodo, asumiendo otras tareas puntuales y manteniendo un rol de segunda línea, pero atento a los desafíos que se han ido produciendo en este tiempo, por lo que mi opinión tanto de CODEPU como de ese periodo está fundada en una observación de estos últimos años.

Octubre de 2019 fue un momento estelar en la historia del movimiento popular, de los derechos humanos y de organizaciones como CODEPU; es, dicho de un modo coloquial, un reseteo. De hecho, al momento en que me involucré con la organización, esta venía saliendo de una crisis en la que se había planteado disolver su institucionalidad, pues se argumentaba que había un desgaste de su organización y la coyuntura no exigía tener instrumentos como este en ese periodo. Sin embargo, un grupo de integrantes, entre los que se encontraba Vera, señalaron que sí era importante proyectar y fortalecer su orgánica, cuestión que se vio confirmada en el periodo de ebullición popular que se vivió entonces y que colocó a CODEPU en el centro de las organizaciones de derechos humanos que se dispusieron a defender y asistir a las miles de víctimas de la represión de los agentes del Estado.

Me voy a permitir responder las cuatro materias que expone Vera en su crítica:

1.- Ciertamente que desde la noción estructuralista (muy en boga en el siglo XX, aunque no lo asume Vera en su crítica) se dice que “el sujeto es un efecto del discurso”, que viene al caso que la historia de CODEPU es la que define las características de sus integrantes. Es una cultura que se transmite y que en algún momento puede significar un lastre, pero es con la base desde la que se deben construir las organizaciones para lograr el desafío de coincidir y representar el sentir de un mundo social distinto al que operó en dictadura, la transición pactada y el nuevo siglo. En este sentido, me parece que su crítica es válida y es un permanente desafío.

2.- Respecto de este punto, hay dos niveles de crítica. Por un lado, desde el punto de vista formal, la organización tiene sus cuentas al día, es decir, informadas tanto a la asamblea general como a los organismos fiscalizadores (por vía de memorias anuales y balances contables al Ministerio de Justicia y DD. HH., Registro Civil, etc.) y eventualmente a los organismos de cooperación internacional que son los principales sostenedores del apoyo de la organización, que han recibido las rendiciones del cumplimiento de distintos proyectos que se han adjudicado en estos años.

Hay un segundo nivel que tiene que ver con el estándar que se debe exigir desde el mundo popular, que es por quienes se realiza la labor de defensa, asistencia y acompañamiento. Por cierto, es un tema que siempre puede ser mejorado, pero de momento se cumple con informar, cuando corresponde, que tal o cual acción es financiada por algún proyecto en alianza de cooperación internacional. También se debe decir que ese ámbito es menos de la mitad de las acciones que se desarrollan desde CODEPU, pues muchas otras —la mayoría— son parte del vínculo militante y de activistas comprometidos con los principios de la organización.

Octubre de 2019 fue un momento estelar en la historia del movimiento popular, de los derechos humanos y de organizaciones como CODEPU; es, dicho de un modo coloquial, un reseteo

3.- Aquí hay un problema de definición estratégica, y debe ser abordado como tal, pues la nuestra es una organización mediana, de recursos humanos limitados, que ha definido en este periodo cumplir con cuatro áreas prioritarias según esas capacidades: asistencia jurídica; acompañamiento psicosocial como parte de la columna vertebral del funcionamiento de la organización; el trabajo territorial que se expresa en educación; y el trabajo de memoria.

Nos gustaría estar en muchos más conflictos, pues los desafíos son inmensos, sí. Pero se ha logrado construir un diseño que abarca estas prioridades, fruto del debate interno y de una síntesis que ha impuesto tiempos para este periodo histórico.

En parte de la crítica hay una valoración a la concepción “aferrada al paradigma liberal de derechos humanos”. Mi opinión personal —que no es compartida por otros integrantes de la organización— es que vivimos tiempos de repliegue táctico que imponen concentrar el esfuerzo en concepciones nucleares que nos permitan acumular fuerzas. Si eso requiere volver a reivindicar derechos políticos y sociales de primera generación en un mundo de ascenso del fascismo, es algo que deberemos discutir. Andrés tiene otra formulación, y entremedio está el accionar de la organización, que creo responde a los desafíos históricos del momento.

4.- Hay dos dimensiones desde las que se puede abordar esta crítica. Por un lado, los instrumentos internos y los órganos de debate y resolución, que están reglados tanto en la práctica como en el derecho. En esto no hay mucho que hacer, a no ser que Andrés decida reintegrarse y aportar desde sus críticas en esos espacios.

Hay un segundo nivel, y es el debate público que permita intercambiar ideas y sostener acuerdos, pero todo queda en el ámbito en el que estamos, pues se deben sumar voluntades para generar mayorías que asuman sus críticas como sentido de las acciones internas.

Por lo pronto, estoy disponible para continuar debatiendo estas cuestiones.

Saludos.

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Hugo Catalán Flores

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