Hablamos mucho de desigualdad económica, social, educacional, cultural y política, pero poco de una desigualdad más silenciosa: “la desigualdad afectiva”.
La capacidad de amar, cuidar y sostener vínculos también está distribuida de manera desigual. En esa deuda cultural, muy importante, que está siempre presente en nuestras vidas, la izquierda tiene responsabilidades que rara vez reconocemos.
Freud ya nos había advertido que el amor no nace en un terreno puro. Amamos desde nuestras heridas, nuestras historias infantiles, nuestros deseos inconscientes. El enamoramiento no es solo una elección libre, sino que también es repetición. En Chile y América Latina, marcados por biografías atravesadas por desigualdad, violencia y precariedad emocional, esa repetición muchas veces adopta formas de dependencia afectiva, celos o relaciones que duelen más de lo que sostienen.
Durante décadas, el modelo neoliberal promovió una idea de sujeto autosuficiente, competitivo, que si se esforzaba salía adelante. El éxito personal pasó a medirse por rendimiento, consumo y autonomía. El problema es que el amor —a diferencia del mercado— requiere dependencia, tiempo improductivo, fragilidad compartida, espacios para cooperar, libertad de hablar, escucha activa y respeto mutuo por historias personales.
Rita Segato ha insistido en que la dominación no se sostiene solo en estructuras económicas, sino también en pedagogías de la crueldad inscritas en la vida diaria. Sin transformar las relaciones interpersonales —“el machismo, la jerarquía afectiva, la dificultad de reconocer la vulnerabilidad”— ningún cambio institucional logra arraigarse plenamente.
No es casual que, en nuestro país, convivan altos niveles de endeudamiento, jornadas laborales extensas y una creciente sensación de soledad. El neoliberalismo no solo mercantilizó la educación, la salud o las pensiones; también colonizó la vida cotidiana. Incluso el deseo empezó a organizarse bajo la lógica del rendimiento: relaciones rápidas, aceptaciones relativas, reemplazo fácil, sordera mutua.
La izquierda, en su afán por priorizar lo estructural, muchas veces redujo la vida afectiva a un “tema privado” o secundario frente a la lucha social y económica. Durante años, el discurso político progresista habló de derechos, redistribución, co-construcción y justicia social, pero dejó sin elaborar cómo se transforman las relaciones concretas entre las personas: el machismo cotidiano, la violencia simbólica, la incapacidad masculina de expresar vulnerabilidad. Los partidos políticos de izquierda han permanecido ajenos y poco solidarios frente a este tema tan importante en la vida de las personas.
Parte de la izquierda adoptó un lenguaje moralizante que, en vez de abrir espacios de transformación subjetiva, generó culpa o vigilancia mutua. Se exigieron nuevas normas sin construir nuevas formas de convivencia emocional. El resultado es una paradoja: discursos emancipadores acompañados de vínculos frágiles o tensionados. Escucharse entre iguales, sí, en reuniones políticas, pero luego en el hogar toma espacio otra vez el viejo patriarcado, incapaz de aceptar las diferencias legítimas entre personas que se aman y especialmente la nueva feminidad de estos tiempos.
Porque una sociedad que no sabe amar —o solo sabe amar bajo la lógica del rendimiento— difícilmente podrá construir comunidad y menos pertenencia
En ese vacío, el amor de pareja, amistad o comunidad se vuelve un campo de ensayo fallido. Queremos relaciones más horizontales, pero seguimos socializados en las mismas estructuras jerárquicas; los partidos políticos esperaron a realizar cambios en la ley para aplicar la paridad en elecciones. Buscamos autonomía, pero tememos al compromiso. Defendemos derechos, pero no siempre desarrollamos prácticas de cuidado.
La psicóloga y académica Kathya Araujo (USACH) sostiene que los procesos sociales y cambios en las últimas décadas están transformando profundamente a la sociedad chilena: la crisis de autoridad, la fragmentación y el desapego social. Comenta que la actual sensación de división no es solo política, sino también social y cotidiana. “La impresión de fragmentación la produce (…) el proceso del desapego. Y el proceso de desapego implica una retracción hacia los vínculos más cercanos y a los que son como yo, y terminamos por construir una sociedad, a la que he llamado una sociedad de archipiélagos”. En ese cuadro, efectivamente, una de las crisis subterráneas, pero muy presente, está el cariño y amor entre parejas o familias; su concepto de archipiélago perfectamente se aplica en esta ausencia por cambiar estilos de vida.
La pregunta incómoda es si una transformación social profunda puede ocurrir sin una transformación simultánea de la cultura afectiva. Ningún modelo económico, por sí solo, enseña a escuchar, sostener o renunciar al narcisismo, a los egos tan modelados e instaurados en nuestro país desde la dictadura.
Bajo una perspectiva crítica, la interpretación que los estudios de género han tenido sobre las relaciones de pareja entre individuos se sustenta en la tesis de que el conflicto en estas se debería a la confrontación entre los modelos tradicionales jerárquicos y el moderno igualitario. Las relaciones de pareja deben comprenderse como una exigencia estatutaria extendida, en la que conviven en tensión constante tres modelos ideales: el de la protección, el de la fusión amorosa y el de la independencia.
Pocos dudan hoy sobre la importancia de una sexualidad mutuamente satisfactoria como fuente de estabilidad para la pareja, instalándose un ideal de reciprocidad. Tal vez el desafío político más radical para Chile no sea únicamente redistribuir ingresos (importante, sin duda), sino que además sumar la redistribución del tiempo. Los cambios curriculares escolares no contemplan, por ejemplo, el amor o la afectividad de pareja, tampoco los reconocimientos y la capacidad de cuidado. Sin alcanzar esa dimensión, cualquier proyecto de izquierda seguirá produciendo ciudadanos más libres en el papel que en la experiencia concreta de sus vidas.
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No lo entiendo muy bien… Los proyectos de izquierda son llegar al poder, desfalcar al Estado, endeudar al país para tener más fondos que robar, enriquecer a la manga de sanguijuelas zurdas apernadas en el poder, hacer crecer la familia zurda subsidiada con un sueldo estatal y llevar al resto de los chilenos a una tumba neoliberal, asociándose con los peores narco terroristas que encuentren en el región o en el mundo para entregarles en bandeja a todos sus enemigos Ojedas para que … los descuarticen, … entonces, … cuando entre políticos fletos desgraciados zurdos se “aman”, y se “reconocen” unos a otros como los reyes del desfalco, y se “cuidan” entre ellos de tal manera que manejan fiscales y jueces para no ir presos por sus aberraciones que constituyen una desgracia para el resto de los chilenos, veo que todo esto de amarse, reconocerse y cuidarse … entre ellos, ya es algo que ya está entre nosotros, entonces, ¿a quién va dirigido esto?… ¿Se trata de que los políticos terroristas zurdos desarrollen amor por las demás personas que no son de sus partidos y subespecie de ladrones y que reconozcan a los demás como sujetos dignos de participar en los beneficios que reciben ellos como privilegios exclusivos, así como de cuidar a los chilenos que … no les reconstruyen casas incendiadas, o mueren en listas de espera hospitalarias, o que son asesinados en las calles por el narco lumpen terrorista zurdo?
¿O se trata de perfumar los excrementos intelectuales de los terroristas desfalcadores zurdos socios de narco descuartizadores incendiarios para que … parezcan más humanos y no solo unas ratas sanguijuelas miserables, de manera que el pueblo cometa una vez más la desgracia de votar por ellos, atentando contra el futuro de Chile y el bienestar de todos los chilenos y el de sus propias personas y familias?
Lo cierto es que vivimos en un Chile donde una mafia política carroñera usa más del 100% del Presupuesto Nacional a sus enteras anchas, sin dejarle ni siquiera el 1% del Presupuesto Nacional para que el pueblo chileno lo use como quiera y eso los hace ver como miserables, como ratas, como sanguijuelas, como perversos, como ladrones, como desgraciados, como sin corazón, como sin amor a su patria y a su gente, como sin amor a su prójimo, porque para ellos la política es un medio para servirse a sí mismos, creyendo que la riqueza mundana no será pobreza celestial…
¿Cómo podríamos reformar a estas ratas zurdas y de derechas para que muestren un poquito de consciencia por sus compatriotas y dejen de ser los marditos roedores que se llevan la mitad del Presupuesto Nacional en forma de sueldos, aguinaldos, bonos por metas conseguidas por festivales pornos realizados, asignaciones, dietas, … plata para drogas y piscos, gastos muy reservados para violadores, y dinero para pagar coimas, cohecho y cuanta cosa podrida y de mal gusto humano pueda haber?
Tengo mi propia teoría sobre CÓMO HACERLO, pero, prefiero dejar la pregunta abierta a los lectores y al autor para que busquen sus propias soluciones y pongan de un lado del análisis al problema, y de otro, a los que sufren los problemas que ocasionan las mafias políticas que se enchulan a sí mismos, a los privilegios de sus partidos, o mejoran el nivel de sus posiciones a medida que materializan la maldad de sus mentes empobrecidas y cegadas por la ambición materialista…
… La Biblia nos dice que no basta con el amor al prójimo cuando le vemos con necesidades, sino que por ese amor que decimos manifestarle, debemos preocuparnos por atender sus necesidades personales materiales, ya sea porque se le quemó la casa, o no tiene trabajo, o está enfermo, o le falta educación, o no tiene recursos, o tiene hambre, o TIRITA DE FRÍO, o de miedo porque los descuartizadores usureros los acechan como perros salvajes a su presa…
Me encantan los llamados lobos pinto o perros salvajes… Son una de las especies más efectivas cazando en todo el reino animal; son pequeños en relación al resto de animales salvajes con los que conviven, pero, unidos por una causa de supervivencia, se vuelven determinados, valientes, feroces y tenaces, de manera que casi ningún animal les puede resistir cuando deciden defenderse o atacar…
Me gustaría creer que el pueblo es así, pero, los únicos unidos en Chile, es la izquierda y la derecha unidas que desfalcan al Estado a su entero antojo y privilegio, dejando a millones de personas sin los beneficios que pudieran recibir, porque ellos cada día encuentran nuevas formas de acaparar más del Presupuesto Nacional para sí mismos, sin importarles lo que le suceda a la viuda, al huérfano o al desamparado…
Por eso, NO DUDO EN LLAMARLES RATAS MISERABLES ASESINAS, ni siento remordimiento por ello, sino que siento alivio, porque de esta manera les prevengo de su mal camino y velo por la justicia que necesitan quienes no la tienen porque ellos la pervierten como los desgraciados sin alma que son…
Hervi Lara
Coincido en el contenido. Los pensadores del GRUPO DE FRANKFURT han desarrollado esta línea. También el personalismo (Mounier). Y fundamentalmente el Evangelio. Somos una sociedad muy retrasada, intolerante, colonizada y en la izquierda (en gran medida), no hay uso de la razón, sino que más bien se reproducen slógans. Hay que aceptar que cada uno es exclusivo. En la izquierda (también y especialmente en la Iglesia Católica a la que pertenezco) se exige adaptarse a un arquetipo impuesto desde el exterior, sin permitirse la libertad de la conciencia. Excelente posibilidad de poder expresar otras dimensiones de la política.