La expansión del sistema de educación superior chileno durante las últimas décadas ha generado profundas transformaciones en el vínculo entre la formación universitaria y mercado del trabajo. Tal como advierten las teorías del desajuste educación–empleo, el aumento sostenido de titulados no garantiza una inserción equivalente en términos de estabilidad, seguridad, calidad ni reconocimiento profesional. En el caso de las disciplinas del campo social, este desajuste se expresa con intensidad, debido a la dependencia estructural a políticas públicas, financiamiento estatal y programas sociales focalizados. En este contexto, Trabajo Social presenta signos persistentes de saturación laboral a lo menos hace más de una década.
La saturación como problema estructural.
Desde una perspectiva crítica, la saturación no remite únicamente a un exceso cuantitativo de egresados, sino a un desajuste constante entre formación universitaria, demanda laboral y condiciones efectivas de empleo (Bourdieu; Castel). En Trabajo Social, este desajuste acoge una forma funcional: existen espacios de inserción laboral, pero estos son limitados, inestables y pauperizados y, en muchos casos, no acordes al nivel de formación. La elevada producción anual de titulados se mantiene relativamente constante, mientras que el campo ocupacional no experimenta una expansión semejante.
Esta saturación se presenta en trayectorias fragmentadas, caracterizadas por contratos a plazo fijo, por proyectos y modalidades a honorarios. Estas condiciones se han normalizado como formas habituales de inserción, debilitando la estabilidad laboral y el peso profesional. A ello se suma una creciente sobre cualificación, donde trabajadores sociales desempeñan funciones administrativas o de apoyo que no requieren formación universitaria especializada.
Del mismo modo, la competencia se ha intensificado, especialmente con disciplinas del ámbito psicosocial y de la gestión pública, reduciendo los espacios históricamente ocupados por el Trabajo Social. Este escenario incide directamente en los niveles salariales, los cuales presentan un crecimiento limitado y escasa diferenciación según experiencia o especialización, reforzando la percepción de saturación entre egresados y estudiantes.
Nudos críticos.
El primer nudo corresponde a la ausencia de planificación entre la formación profesional y las necesidades reales del sistema de protección social. Como señalan los estudios sobre mercantilización de la educación superior (Brunner; Giroux), la expansión de la oferta formativa ha respondido principalmente a lógicas de mercado, más que a una evaluación prospectiva del campo ocupacional.
Un segundo nudo se relaciona con la alta dependencia del empleo público y del financiamiento estatal. Siguiendo a Castel, esta condición sitúa a amplios segmentos de profesionales en una zona de vulnerabilidad, marcada por contratos temporales y de ejecución programática de corto plazo. Finalmente, la precarización estructural del empleo se ha naturalizado como forma dominante de inserción, debilitando el estatuto profesional del Trabajo Social y erosionando sus posibilidades de desarrollo disciplinar.
Abordar la saturación de la carrera de Trabajo Social exige respuestas de carácter estructural. En el ámbito de la educación superior, resulta necesario avanzar hacia mecanismos de planificación y regulación de la oferta formativa, incorporando criterios de pertinencia social y laboral, tal como proponen los enfoques de gobernanza del sistema educativo.
Desde el campo profesional, se vuelve estratégico diversificar los espacios de inserción, fortaleciendo el rol del Trabajo Social en la planificación social, la gestión pública, la investigación aplicada y el diseño de políticas sociales, superando su histórica subordinación a la mera ejecución de programas. Y en paralelo, mejorar las condiciones laborales en lo social —reduciendo la precariedad contractual e intelectual y fortaleciendo el empleo estable— constituyen un desafío central para revertir los efectos más críticos de la saturación.
Más que un problema coyuntural de empleabilidad, se trata de un desajuste persistente entre formación profesional, políticas públicas y condiciones de trabajo
Conclusiones.
La saturación de la carrera de Trabajo Social en Chile se configura como un fenómeno estructural y funcional, coherente con los diagnósticos críticos sobre el mercado laboral contemporáneo y la educación superior. Más que un problema coyuntural de empleabilidad, se trata de un desajuste persistente entre formación profesional, políticas públicas y condiciones de trabajo. Reconocer estos nudos críticos y avanzar en estrategias de planificación, diversificación ocupacional y fortalecimiento laboral resulta clave para sostener el aporte histórico y social del Trabajo Social en el país.
Referencias.
Bourdieu, P. (2000). La dominación masculina. Anagrama.
Brunner, J. J. (2015). Educación superior en Chile: instituciones, mercados y políticas. Ediciones UDP.
Castel, R. (2004). La inseguridad social. Manantial.
Giroux, H. (2014). La universidad en las cadenas del neoliberalismo. CLACSO.
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