Contracción de la economía chilena de un 15%, costo de la crisis de un 41% del PIB, desempleo de un 25%. Estas alarmantes cifras no son del Chile actual, sino de aquel de la crisis del año 1982. ¿Por qué lo menciono? Porque, entre otras causas, la magnitud y profundidad de la crisis provinieron de erradas decisiones de la autoridad. En este, como en otros temas técnicos, los mandamases de la junta de gobierno, que ejercían el control del país, contaron con diligentes asesores civiles. En el ámbito económico eran los conspicuos economistas de la UC y con posgrado en la Escuela de Economía de la Universidad de Chicago, los tristemente célebres “Chicago Boys”. Más de cuarenta años después, las mismas aves se escuchan trinar. La crisis del año 82 es materia de estudio en la academia; incluso en la UC la han enseñado algunos de sus protagonistas, con la benevolencia de la mala memoria colectiva y empoderados gracias al trato amable del poder.
Según el estudio “La crisis financiera chilena de los años ochenta” (Marshall, Enrique, 2009), elaborado por el consejero del Banco Central Enrique Marshall, dentro de las causas de la crisis de 1982 se pueden identificar, entre otras, el tipo de cambio fijo, que favoreció el endeudamiento en moneda extranjera y los descalces cambiarios. En este período se produjo un boom de consumo, facilitado por un dólar a 39 pesos, que produjo la irrupción de artículos de importación. En las casas de los trabajadores empezaron a verse electrodomésticos de todo tipo, facilitado por su bajo precio, pero también por la masificación del crédito.
Según Marshall, la autoridad económica no prestó atención a la masiva expansión del endeudamiento y el gasto privado. Asimismo, hubo deficiencias de regulación y supervisión:
En medidas que solo pueden entenderse desde una visión ideológica neoliberal extrema, junto con la facilitación de la creación de nuevos bancos, se restaron recursos y atribuciones a la Superintendencia de Bancos, debilitando la institución cuya finalidad es velar por el buen funcionamiento de la Ley de Bancos.
Una institucionalidad debilitada, con un tipo de fiscalización laxa, no pudo impedir la proliferación de toda clase de infracciones legales o reglamentarias, como traspasar los límites de crédito. No se prestó atención al descalce producido cuando clientes con flujo de ingresos en pesos se endeudaban en dólares.
Otro importante factor de la crisis fue que no se limitó el crédito entre empresas relacionadas. ¿Cómo operaba este sistema? Los propietarios de los que por ese entonces se denominaban “grupos económicos” controlaban al mismo tiempo bancos comerciales y empresas del sector productivo, fábricas, inmobiliarias o establecimientos comerciales. Aprovechando al máximo las ventajas que les brindaba una legislación creada a su medida, los bancos otorgaban créditos hasta el 50% e incluso más de la cartera total a las empresas del mismo grupo económico. Se evadían con facilidad y sin consecuencias los controles de riesgo de la banca tradicional.
Si las empresas del grupo tenían alguna dificultad para servir la deuda, el banco del grupo les otorgaba una renovación automática (conocida como rollover): se les daban nuevos créditos para que de este modo los préstamos originales figuraran al día.
Como advirtieron tardíamente los expertos, una vez que la crisis estalló, la falta de transparencia, al no existir balances consolidados, impidió a la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) o al regulador detectar el alto nivel de insolvencia oculto.
Cuando en 1982 se abandona el tipo de cambio fijo, la crisis estalla y las empresas productivas entran en insolvencia, produciendo la caída de los bancos relacionados.
Dentro de las paradojas que se han dado en nuestra historia, esta es, sin lugar a dudas, una de las más grandes: el sector ultraneoliberal que propició las condiciones para la proliferación de bancos sin control alguno debió disponer medidas económicas para tomar el control estatal de la banca privada. A comienzos de 1983 se intervienen ocho instituciones, incluidas las dos más grandes del sistema.
La magnitud y profundidad de la crisis provinieron de erradas decisiones de la autoridad
Las instituciones viables permanecen en poder de la autoridad para su posterior reprivatización, mientras las no viables son liquidadas. En estos casos, los depositantes debieron compartir los costos de la debacle, recibiendo solo el 70% de sus fondos. Quizás el caso de los fondos mutuos refleja de mejor manera la traición a la confianza depositada en la institucionalidad: producida la crisis, los partícipes deben asumir las pérdidas.
Los principales dueños de los grupos económicos que protagonizaron la debacle que llevó a Chile a la crisis de 1982 fueron: Javier Vial Castillo (Grupo Vial, ligado al Banco de Chile y Banco Hipotecario) y Manuel Cruzat Infante (Grupo Cruzat-Larraín, ligado al Banco de Santiago y Banco Continental).
El tristemente célebre Banco de Talca tuvo por controladores al grupo Calaf-Danioni, Miguel Calaf Rocoso y Alberto Danioni, dueños del 65% de las acciones a través de sus empresas vinculadas. Para la historia quedó el dato de que tuvo como gerente general entre 1979 y 1980 a Sebastián Piñera Echenique, quien debió enfrentar procesos judiciales posteriores por infracciones a la Ley General de Bancos. El Banco de Talca no estuvo dentro de las entidades que el Estado rescató por considerarlas viables; el banco fue liquidado en abril de 1982 y no pagó deuda subordinada a largo plazo como otros bancos.
El proceso histórico de la deuda subordinada culminó el 30 de abril de 2019, cuando el Banco de Chile pagó el último remanente al Banco Central de Chile de los recursos públicos que se debieron invertir en su rescate.
La crisis del año 1982 la pagaron los trabajadores y trabajadoras de Chile, y a la sazón la pagó Moya a través del rescate a la banca. El alto desempleo se prolongó al menos hasta 1986, y los planes creados para absorber mano de obra, el PEM y el POJH, solo permitían a los trabajadores acceder a un ingreso inferior al ingreso mínimo. En este período se plantea, por el ministro de ODEPLAN, eliminar el ingreso mínimo, medida que se pretendía implementar para “echar a andar de nuevo la economía”. En la reunión de ministros de gabinete donde se decidiría esta medida, finalmente primó la opinión de José Piñera, quien advirtió al dictador Pinochet de los potenciales efectos sobre el descontento social. Semanas después se produciría el cambio de gabinete que marcó la salida de los Chicago Boys del control económico.
Este vistazo a la crisis de 1982 nos permite advertir los efectos y consecuencias de las decisiones erradas en la economía. Los riesgos de adoptar medidas de política económica en contra de la voz de los expertos e instituciones especializadas están a ojos vistas. Hoy estamos en democracia, con libertad de expresión, de prensa y de opinión, y además con una institución autónoma como es el Banco Central; y, sin embargo, no estamos inmunes a los efectos de las malas decisiones, adoptadas nuevamente desde una óptica neoliberal extrema.
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El tamaño del escalón importa. Si se tiene un sistema ABC funcionando, al introducirle cambios, muchas cosas pueden cambiar. La crisis subprime iniciada en 2007 dejó en evidencia un alto nivel de cuentas impagas e imposibles de cobrar y hubo que ir en rescate de la situación… Algo se había hecho mal, pero, se hizo mal en un ambiente en que parecía que el país crecía y crecía (dando una sensación vívida de bienestar, tal como en el caso chileno de 1982), aunque a expensas de créditos baratos, en ambos casos, y el otorgamiento de créditos a clientes de alto riesgo de no pago…
Luego, a mi entender, los clientes aprovecharon esa “maravilla” y luego ellos y el sistema entero tuvo que pagar las cuentas de alguna forma… Algunas económicas las pagó la banca, otras, más sociales, las pagó la gente de diversas formas… A todos les gustaba el dulce barato, el producto d ELO simple, pero, … pareciera que en la economía el balance debe calzar ingresos y egresos de alguna forma que hasta podría ser vista como “karma”, jaja…
Ahora, esta clase de “cosas” no suceden tan a menudo, y conllevan un aprendizaje bien porrazeado que enseña y nos lleva a corregir, y a seguir… Tacatá, tacatá, la historia de Chile siguió, de tal manera que desde 1973 hasta 1982, en solo cinco años quedó aquella embarrada, pero se corrigió el rumbo durante 12 años, hasta terminar creciendo a más del 10% anual…
Como sabemos, luego la historia nos dice que nos fuimos apagando, jaja, hasta terminar en lo último de la cacerola con Bachelet y Boric, raspando la olla, hasta estrujar el último los últimos impuestos posibles para llevarlos a la mesa de los cientos de miles favorecidos en el Estado que hicieron crecer la deuda externa del país y reducir la velocidad de crecimiento… Un nuevo escalón que cambia todo que nos hace preguntarnos ¿cómo pasamos de crecer desde un 10% a un 1,x%, o un 2% cuando YA SE SUPONÍA QUE TENÍAMOS MÁS EDUCACIÓN?, jaja…
Si alguien pareciera haberse aprovechado de algo en 1982, o lo usa para aprovecharse de algo político en el presente, creo que el análisis de lo que se estudia, debe estudiarse siempre en una línea de tiempo y contexto más amplio para ver la importancia de lo que se está diciendo, o de lo que se puede llegar a decir, ya que los personajes gobernantes traen en particular una historia que termina produciendo resultados acorde a sus inteligencia, de tal manera que a las tibias reacciones de una concertación que se aleja en el pasado, le sucedieron personas digamos no creyentes en Dios, una que fue guerrillera y narco, y otro que fue fleto, incendiario, ladrón, desfalcador, creador de impuestos ambos, exprimidor de empresarios aportando cotizaciones, y blabla, amantes de una dictadura criminal como de Venezuela y Cuba cuyas relaciones terminaron tristemente en el estallido de golpe de Estado de esas cabecitas organizadoras de la mesa terrorista social…
Otro escalón fue aquel, que nos llevó con tormenta a mar adentro… Izquierda viene, derecha reacciona, el pueblo mira y vota en silencio, y las derechas ya casi reinan en América, quedando solo pocos bastiones del terrorismo narco como México y Brasil… Otro escalón va a ser este cuando, quizá, las cosas cambien allí de mando también…
A veces es mejor sufrir un error por entusiasmo que pagar los costos de cuando el objetivo es hacer del país la tumba del neoliberalismo ya que por opción escoge el desempleo y la contracción de la inversión y de la economía… Por ello, siempre es bueno estudiar muy bien al mono psicótico con navaja al que se le podria llegar a dar el poder…
Me creeré el cuento del completo bien común cuando en el país haya un cuarto poder del Estado, el poder de las personas unidas para crear su propio poder económico y político para que nos acerquemos a un mayor equilibrio brindado por la razón y el bien común, sin que haya especiales favorecidos por Ley, en el Estado, o por la economía si el pueblo sufre usura o sobre impuestos, o deterioro de la vida nacional porque llegó a gobernar cualquier cabeza hueca, ya que habiendo vivido el escalón de ver como alguien desfalca el Estado, groseramente, no hubo quien le pusiera freno a esa estupidez, y aún no hay ni medio culpable…
Bueno, y por si alguien le gustó ese método lamentable, estoy dispuesto a conformar una banda, jaja, para que en vez de salir a quemar Chile y hacer una intentona de golpe de Estado para tomar el poder y desfalcar al Estado, salgamos a construir más y mejor Chile, haciendo crecer la riqueza de los chilenos, y llegando a controlar a los jetones viciosos del Estado que por nuestra ruina hubieran llegado allí, llegando a tener el poder de abolir sus estupideces… Ya saben, se pueden construir bandas con fines diversos y así como no se sabe dónde irá a parar una bolita rodando, tampoco se sabe qué otro escalón nos pueda separar la historia, pero, ya sea que provenga de derecha, de izquierda, o del pueblo chileno, a medida que avanza el tiempo, los escalones porrazos hacen más fuerte al sistema, prueba de ello el actual Gobierno está corrigiendo las estupideces que hizo el porrazo narco psicótico guerrillero que nos acabamos de dar…
abechtold
La crisis del 82 fue provocada, como se describe, por una rápida expansión del credito privado, sin respaldo cierto de actividades economicas reales; y apuntalado por un tipo de cambio fijo; esto, en particular, mostró como cuando el Estado se mete, agranda crisis.
Porque el sistema de mercado permite que las crisis existan, y las quiebras tambien; es natural que , si se hacen mal las cosas, las empresas quiebren….con la plata de los dueños como costo. Pero cuando se mete el Estado, y salva empresas, es con la plata de todos.
Pero, como contexto, se venía saliendo de la crisis del 73, donde el Estado, para salvarse a si mismo, emitía y emitía dinero; porque , muy en paralelo, cuando alguien se endeuda, lo que hace es crear dinero (al emitir un pagaré)….pues bien, el Estado hace lo mismo al imprimir billetes; por lo tanto el problema es que ALGUIEN tienga el poder de crear dinero que no tiene respaldo real. Las conclusiones de Marshall fueron en ese sentido: la industria financiera aprendió que no bastaba con dar y dar creditos. Y el Estado chileno, gobernado por los militares, también aprendió aquello: gobernar en base a endeudarse es un preludio de las crisis.
Lamentablemente, desde Bachelet 2 en adelante, se empezó a perder esa prudencia. Todos los años el Estado gastaba mas de lo que tenía, teniendo que endeudarse para pagar. Esa regla, que suena de perogrullo, ha sido despreciada buscando comprar apoyo popular.