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Derecha sin complejos

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Aunque a muchos seres humanos les parezca una exageración, las características biológicas, sociales y tecnológicas que han evolucionado desde hace miles de millones de años en este pedazo de roca cubierto casi completamente de agua líquida gracias a condiciones físicas y químicas azarosamente favorables, son una singularidad del universo conocido. No hay nada parecido a nosotros, y al hablar de “nosotros” me sumo e incluyo en el selecto grupo de cientos de miles de especies y sistemas biológicos que actualmente vuelan, nadan, reptan y se desplazan en la biósfera terrestre en busca del mejor lugar posible para asentarse, desarrollarse, alimentarse, reproducirse y morir, sin antes, promover consciente o inconscientemente, las mejores condiciones para que la siguiente generación de su linaje haga lo suyo.

Considerando esa perspectiva temporal y escala espacial, resulta irritante y decepcionante el derrotero que han recorrido tendencialmente los mecanismos sociales de convivencia y colaboración de la especie humana. Tanto en el ámbito local, como más allá de la cordillera.

En la naturaleza los procesos naturales nunca son estables, particularmente si se trata de sistemas biológicos. Con la naturaleza humana los grados de incertezas a la hora de reconocer, estudiar y predecir patrones y ciclos son probablemente mayores, producto de lo singular y, a veces, impredecible del comportamiento humano.

Aunque los ciclos de conservadurismo extremo en la historia contemporánea de nuestro linaje no son una rareza, las secuelas negativas que devienen de su despliegue en la sociedad son de diversa magnitud, y la capacidad de recuperación de estas es variada respecto de su efectividad para volver a un estado cívico aproximadamente similar hasta antes de la eclosión del fenómeno conservador extremo respectivo.

En el pasado reciente, el Trumpismo, Bolsonarismo, Milei-ismo u Orbanismo han tenido gran influencia en esta esquina del mundo, fortaleciendo la autoconciencia y confianza de la “derecha sin complejos” triunfadora después de tres intentos eleccionarios.

Cuando se declara que “no da lo mismo votar a la derecha que al progresismo”, lo que aparentemente es un lugar común en una argumentación retórica de sobremesa, estas seis semanas de Gobierno de derecha sin complejos se han transformado en una lección práctica de lo que significan las grandes mayorías de la población en el sustrato ético de la elite económica chilena: algo cercano a la nada o, dicho de otro modo, el bienestar de las mayorías es un recurso retórico útil en discursos o jingles electorales, pero que carece de un correlato medible en generación de políticas públicas, cuando se habita y trabaja en el Salón Toesca de la casa de gobierno.

El bienestar de las mayorías es un recurso retórico útil en discursos o jingles electorales, pero carece de un correlato medible en generación de políticas públicas

Cada intervención ante las cámaras y micrófonos de los nuevos representantes del ejecutivo se convierte en un “téngase presente” que, de ahora en más, la relación entre Autoridades y Ciudadanos se trastocará en un vínculo más parecido al de Hacendados e Inquilinos.

Hace más de un siglo el pater familias del clan Matte (una de las pocas familias propietarias de facto de este fundo que llamamos Chile), el banquero conservador Eduardo Matte Pérez declaraba que “los dueños de Chile somos nosotros, los dueños del capital y del suelo. Lo demás es masa influenciable y vendible, ella no pesa ni como opinión ni como prestigio”. Esa declaración de principios y las acciones administrativas y propuestas legislativas del gobierno de José Antonio demuestran que la vocación de patrones del fundo ha permanecido inalterable desde hace más de 200 años.

El inicio del desmantelamiento sistemático de políticas públicas de protección social (recomendaciones para descontinuar programas de alimentación de escolares, de programas de salud, de programas de educación), junto con la intención de reducción significativa de presupuestos de planes sociales como la pensión garantizada universal (PGU), la pensión básica solidaria de invalidez, la subvención de gratuidad, el aporte previsional solidario de vejez, entre otros, contrasta con las medidas de apoyo y promoción al crecimiento económico en beneficio de los grandes grupos empresariales a través de reducciones significativas de impuestos (contenidos en su propuesta de Reforma Tributaria), que reflejan lo que Matte Pérez planteaba con certeza meridiana y absoluta confianza hace un siglo: “somos los dueños, lo demás es masa vendible”.

En términos evolutivos, inauguramos un descenso en las dimensiones social, ambiental y de bienestar económico para las grandes mayorías. Está aún por verse cuántos peldaños nuestra derecha sin complejos tendrá intenciones de descender. Lo que ya se comprobó es la gran cantidad de “masa influenciable y vendible” que habita en esta región de Sudamérica, cuya condición de inquilinaje le impide creer que otro mundo es posible, distinto y más amable al que obliga a poblar el patrón que habita en La Moneda. Un mundo donde los sueños y las estrellas son la primera parada de un viaje que en algún momento se tendrá que dar el primer paso para empezar a recorrerlo.

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1 Comentario

Gonzalo Vicula

Tal cual.