La agresión sufrida por Ximena Lincolao a la salida de la inauguración del año académico en la Universidad Austral de Chile, donde fue invitada en su calidad de ministra de Ciencias y Tecnología, ha causado conmoción pública. Y no es para menos. No tiene justificación alguna que merece el rechazo y repudio de quienes creemos que las discrepancias se deben resolver bajo un marco de diálogo y respeto mutuo.
Mi postura no tiene relación alguna con lo que piense Ximena, ni por su condición de ministra, o de mujer, o de pertenecer a la etnia mapuche, sino porque nadie tiene derecho a agredir a nadie. Bajo ningún contexto. De hecho, mi pensamiento político está en la acera opuesta en que transita ella desde el minuto que es parte de un gobierno cuyo cuerpo de ideas es contrario al que conforma mi modo de pensar.
Ximena estudió pedagogía en Castellano y Filosofía de la Universidad de la Serena, egresando en 1992. En 1997 emigra a EEUU, donde luego de unos años de adaptación y aprendizaje de inglés decide seguir estudios de posgrado, obteniendo un doctorado en Administración y Políticas Públicas en la Universidad George Washington. Posteriormente ocupa cargos como docente, directora de escuelas y en la administración educativa del distrito de Columbia.
Simultáneamente, residiendo en EEUU, va desplegando una faceta emprendedora, cofundando empresas en el ámbito tecnológico (Phone2Action y BuildWithin). Es así como la revista Forbes la incluye, en el año 2019, dentro de las 50 mujeres líderes de startups tecnológicas. Contactada por José Antonio Kast (JAK), éste le ofrece hacerse cargo del ministerio de ciencias, innovación y tecnología, que ella acepta no obstante residir en EEUU. Fue una sorpresa que JAK traía bajo la manga. Actualmente ostenta la doble nacionalidad, la chilena y la estadounidense. Es así como a contar del 11 de marzo, hace poco más de un mes, asume el cargo de ministra con la misión de posicionar a la ciencia y la tecnología como motores del crecimiento económico.
A raíz de la agresión, Ximena ha asumido un protagonismo tal que diversos medios de comunicación han puesto sus ojos en ella. Recordemos que se trata de un personaje desconocido, para el grueso de los mortales, hasta que JAK decidió nombrarla ministra. Nosotros recién estamos conociéndola, por su currículo, sus actuaciones, sus entrevistas, sus decisiones, nos estamos enterando de “la chichita que nos estamos tomando”.
En una de sus entrevistas afirma que la violencia estudiantil de la que fue objeto “no la he visto en EEUU ni en otras partes del mundo” (Las Últimas Noticias, 10/04/2026). Esta declaración nos dice que no pareciera no saber dónde ha estado parada, dado que para nadie es un misterio que en EEUU, donde ha estado viviendo, la violencia estudiantil es pan de cada día, y eso lo sabe cualquiera con al menos dos dedos de frente: EEUU es el país con el mayor número de casos de violencia y asesinatos en establecimientos educacionales. En ellos, los incidentes, los tiroteos, los muertos y heridos, las agresiones y los apuñalamientos no solo andan a la orden del día, sino que muestran una tendencia al alza. Esto da cuenta de una sociedad enferma.
No tiene justificación alguna y merece el rechazo y repudio de quienes creemos que las discrepancias se deben resolver bajo un marco de diálogo y respeto mutuo
Basta rememorar las tragedias de Columbine en 1999 donde dos estudiantes mataron a más de una decena de personas; de Sandy Hook en 2012 con más de 20 víctimas, la mayoría niños; de Parkland en 2018, con más de una docena de muertos, y la de Uvalde en 2022, donde asesinaron a las de 20 personas. ¿Esto no la ha visto Ximena en su estadía en EEUU? ¿dónde ha vivido? ¿en la luna?.
Lo descrito no habilita para nada la agresión y los insultos recibidos, como tampoco la habilita la falsedad vertida en la entrevista al dar cuenta de algo que dice no haber visto en EEUU y en ninguna otra parte.
En síntesis, mi repudio a la agresión, a la violencia contra la ministra, no es adhesión a su posición política ni a su trayectoria profesional, las que rechazo. No confundir. A modo de ejemplo: estar contra Trump, no implica estar a favor del régimen iraní. Si necesitan más ejemplos, encantado los hago llegar.
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