Cuando estamos a solo horas de la primera cuenta presidencial del presidente Kast, se difunde una minuta de su campaña de agosto de 2025 denominada Desafío 90. Una pieza de propaganda que no deja sombra de dudas sobre el sustrato ideológico que está a la base. En ella se anunciaron medidas que se implementarían dentro de los primeros noventa días de gobierno:
Hoy sabemos que, en materia de seguridad, en realidad no existía ningún plan estructurado pese a haberse hablado hasta el hartazgo de la materia. Lo que en realidad va a suceder es que se va a continuar ejecutando la política de seguridad y su estrategia, construida y aprobada transversalmente durante la administración anterior. Lo que, luego de tanto maximalismo discursivo, constituye un alivio. Y ha sido un acierto del nuevo ministro de Seguridad, un político que asumió la cartera sin espacio ni tiempo para improvisar.
En materia económica existía una serie de medidas de la agenda neoliberal extrema que, en más de 30 años de gobiernos de centroizquierda y centroderecha, jamás pudieron prosperar. Sería una especie de revival otoñal de la agenda de los Chicago Boys. Esos economistas que medraron durante la dictadura militar, cuando no había un parlamento que se opusiera y se perseguía a sangre y fuego a la población civil. Tales son los antecedentes de respaldo del ministro Quiroz y compañía. Una agenda que promueve beneficios para los más ricos de Chile, como si no fuera ya suficiente la concentración y el desequilibrio en la distribución de los ingresos. Con argumentos tan rancios como el chorreo, se pretende rebajar los impuestos a un sector donde el 1 % más rico concentra el 70 % de la riqueza del país.
Resulta muy llamativo un aspecto del compromiso de campaña anunciado en agosto de 2025. Fue revelado esta semana por parlamentarios opositores. Se ha denunciado que existía una decisión previa a la llegada a La Moneda para instalar ciertos temas en la opinión pública. Se propuso copar el debate público con una masa de cambios que, por su volumen, traspase cualquier obstáculo: “la estrategia es agobiar a quienes se opongan, aprovechando la popularidad inicial”. En el documento de campaña se habla incluso de la vinculación y relacionamiento con los medios, donde se insta a buscar e “inflar” a periodistas afines.
En realidad, lo que se comenta no es algo nuevo en las campañas políticas. Existe allí un tufillo a ese manual que se enseñaba a jóvenes líderes en una conocida fundación ultraconservadora en los 90 en Chile. Es probable que algunos de esos jóvenes estén hoy gozando de las mieles del poder y con la oportunidad de implementar esas ideas, pero dentro de un régimen democrático. Digamos las cosas por su nombre: no es casual ni azaroso, se evidencia un sistema orquestado para capturar el poder. Para los amantes de la historia, esto no es nada nuevo. Bajo ropajes tecnofuturistas, son los viejos principios del ministro de Propaganda de Hitler, Joseph Goebbels. Parece exagerado, pero su lectura nos permitirá identificarlos con facilidad en el discurso y la práctica política actual. ¿Cuáles son estos?
No es casual ni azaroso, se evidencia un sistema orquestado para capturar el poder
Campañas electorales en todo el mundo han aplicado esta estrategia. Algunas con éxito, como en Estados Unidos y Argentina, pero han sido un fracaso recientemente en Hungría, donde Víktor Orbán fue aplastado en las urnas. Ya hemos visto en Chile la manipulación de la opinión pública, con el apoyo de grandes recursos financieros, los medios tradicionales de prensa y televisión en propiedad de partidarios, y el uso de las nuevas tecnologías de información, IA, granjas de bots y otros.
Tanto en Chile como en el resto del mundo, la población es cautiva de las redes sociales y del streaming, en una carrera frenética cada día para sobrevivir en la sociedad de consumo. Presa del miedo, no solo a ser víctima del crimen, de morir o ser herido por delincuentes, sino también, y crecientemente, temor a la pérdida del empleo. Temor a padecer hambre o enfermedad. En este escenario campea el discurso ultraconservador, hipераgresivo, que ofrece respuestas inmediatas, ofreciendo soluciones drásticas y dureza extrema. Mientras se ofrece eso, se preparan las verdaderas medidas, que son extremas en cuanto a desregulación a las grandes empresas y beneficios para las grandes fortunas, que son para quienes se gobierna.
Es lo que está en el tapete esta semana, y el ciudadano de a pie que entendió una cosa y ahora parece que era otra distinta merece, al menos, una explicación y una disculpa.
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