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La cifra que falta

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Las Fiestas Patrias instalan una escena conocida: alcohol, reuniones familiares y un despliegue extraordinario de seguridad. En ese contexto, la violencia contra las mujeres aparece como un riesgo que las autoridades buscan prevenir, aunque no permite establecer con precisión qué ocurre durante esos días. Si el Estado despliega medidas específicas para un período que considera sensible, debería demostrar sobre qué evidencia construye esa respuesta.

El dato que vuelve pertinente la discusión está en las estadísticas de femicidio. Durante 2025, septiembre registró 45 hechos, ubicándose como uno de los periodos con mayor número de casos. El registro permite advertir que este mes merece atención, pero los datos disponibles no permiten demostrar que las Fiestas Patrias expliquen ese comportamiento.

La diferencia entre una coincidencia temporal y un patrón resulta decisiva. Si septiembre concentra más casos, todavía queda por determinar qué parte corresponde a los días festivos y qué parte responde al comportamiento habitual del mes. Sin esa distinción, la prevención corre el riesgo de construirse sobre una intuición razonable, pero no sobre evidencia capaz de identificar dónde y cuándo aumenta efectivamente el riesgo.

El alcohol ocupa un lugar recurrente en esta conversación. Los organismos públicos reconocen que el consumo riesgoso aumenta la probabilidad de enfrentar problemas familiares, legales o agresiones, pero esa asociación no explica por sí sola la violencia contra las mujeres. El alcohol puede favorecer la escalada de un conflicto, pero no convierte una agresión en un accidente ni desplaza la responsabilidad de quien la ejerce. Poner el foco exclusivamente en el consumo también puede ocultar que una parte relevante de los femicidios ocurre en relaciones de pareja o expareja.

El problema no está solamente en saber si una fonda es segura. Está en comprender qué sucede con las mujeres que ya se encuentran expuestas a violencia cuando cambian las condiciones de convivencia o se prolonga la permanencia en el hogar. La prevención pierde capacidad cuando observa únicamente el lugar donde puede producirse una agresión y no el proceso que la precede.

La prevención exige más que presencia policial y campañas de advertencia. Exige información capaz de anticipar el riesgo y no solo contabilizar sus consecuencias

Chile dispone de instrumentos para intervenir antes de que una agresión termine en un femicidio, pero su eficacia depende de la capacidad para reconocer patrones. Denuncias anteriores, llamados de emergencia, medidas de protección y antecedentes de violencia intrafamiliar forman parte de una trayectoria que no comienza el día en que ocurre el delito más grave. Si esos antecedentes permanecen fragmentados entre instituciones, resulta difícil construir una lectura completa del riesgo.

La discusión sobre Fiestas Patrias debería servir para revisar esa información. Saber que septiembre registra una cifra elevada de femicidios es relevante; saber qué ocurre específicamente durante los días de celebración sería mucho más útil. Permitiría determinar si existe una concentración extraordinaria de denuncias, agresiones o llamados de auxilio, identificar patrones y orientar los recursos hacia los momentos en que realmente son necesarios.

La prevención exige más que presencia policial y campañas de advertencia. Exige información capaz de anticipar el riesgo y no solo contabilizar sus consecuencias. Mientras no sepamos qué ocurre dentro de esos días, seguiremos teniendo una parte de la respuesta, pero no necesariamente la información que necesitamos para prevenir.

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