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Teoría social Lacaniana y la ultra derecha, un pequeño brevario analítico

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El psicoanálisis y la psicología, en general, se presuponen únicamente como herramientas que se disponen a ayudar a las personas de manera individual, en terapias, ancladas en sesiones donde se tratan distintos temas que afectan y hacen padecer. Y, es cierto; sin embargo, pueden ir mucho más allá de un cuarto de consulta, también, pueden ayudar a comprender fenómenos sociales y políticos, en especial el psicoanálisis. Aquí nos interesa pensar el psicoanálisis de Jacques Lacan, uno de los continuadores de la obra de Sigmund Freud, con su famoso «retorno a Freud». La obra del psicoanalista francés es amplia, abarcando más de 20 seminarios dictados desde mediados del siglo XX, donde intenta, sobre la base de la lingüística, lo ya planteado por Freud, la topología y el estructuralismo (muy sucintamente, esta corriente pensaba que los sujetos eran simplemente «productos» de un sistema/estructura que controlaban) que estuvo muy de moda en las ciencias sociales y humanidades en dicho siglo, elaborar su propia teoría acerca del sujeto, del inconsciente, del lenguaje, de lo simbólico, entre otras.

En este sentido, cabe resaltar que se puede hablar de una teoría social lacaniana, recuperada y trabajada por autores/as como Ernesto Laclau, Chantal Mouffe, Jorge Alemán, Yannis Stavrakakis, la misma Judith Butler, etc. Todos/as estos/as pensadores/as toman parte de la teoría lacaniana para aplicarla al contexto político y feminista contemporáneo, particularmente para analizar los diferentes procesos de identificación populistas, sean de izquierda o de derecha, el uso de los cuerpos y del género, los movimientos ecologistas. En este caso que queremos exponer, presentamos un breve esbozo de una aproximación lacaniana a la ultraderecha, sin importar afiliación político-partidista, es simplemente la ideología y el discurso ultra.

En este contexto, vamos a utilizar tres conceptos de Lacan: El Otro, el fantasma y el goce. Tratando de ser lo más entendible posible, vamos a decir que EL Otro, para este psicoanalista es el mundo de lo simbólico, es decir, el lenguaje, la cultura, el contexto en el contexto en el que nos desenvolvemos; el fantasma, por otro lado, es una manera en que el sujeto tiene de aproximarse a la realidad, que no es lo mismo que «lo real», donde, a través del mismo lenguaje y símbolos, construye su lugar en el mundo y trata de hacerlo comprensible y, finalmente, el goce, que un impulso y una búsqueda constante de aquello que no se es, que no se tiene (no materialmente, sino simbólicamente, algo que va más allá de la realidad). Hay que resaltar que, para Lacan, el sujeto es un sujeto «en falta», es decir, está escindido, quebrado. Así, en su relación con el mundo, «busca», permanentemente, saldar ese «en falta», a través del sistema del lenguaje, cultura y símbolos, que es donde nace y se desarrolla.

Habiendo esbozado muy resumidamente lo anterior, que pecamos aquí de falta de rigor intelectual, podemos hacer una breve aproximación al análisis de la ultraderecha. El Otro, en este caso, sería la patria, el relato maximalista de los símbolos y costumbres nacionales, los valores y principios éticos que lo rigen y la unidad corpórea, con tintes autoritarios y excluyentes, que simboliza la sociedad. El fantasma, por otro lado, es la ideología, que se nos trata de presentar como la alternativa al «decaímiento de la civilización occidental» promovidas por una cultura «woke» que viene a destruir los cimientos sobre los cuales esta civilzación cristiana occidental se ha edificado, que atenta contra la identificación con la patria, la familia tradicional y los valores que sustentan el convivir humano. Y, finalmente, el goce, que, para Lacan, lleva consigo una ambivalencia que involucra la búsqueda de una falta intrínseca en el ser humano asociada al placer, pero también puede ser destructiva para el mismo y esto, llevado al plano político, se traduce en la exclusión de todo aquello que resulta «nocivo» y «peligroso» para las naciones; los inmigrantes y cualquier persona que no «comparta» territorio común. Es decir, se goza de apartar a otras personas y, al mismo tiempo, lleva un padecimiento, porque el daño se está ocasionando, de manera inconsciente, y, por lo mismo, conlleva, también, la pulsión de muerte de Freud, que es, en primera y última instancia, lo que rige, para él, la vida. Es decir, desde este punto de vista de «El Otro» simbólico y del goce «O estás conmigo, o te destruyo, te margino» o, peor aún, «si es que acaso vienes a invadir con tu otredad mi plano simbólico, prefiero morir y, de paso, te mato a ti». Evidentemente, esto es a nivel del discurso mediático, que, en estos días, mata a las personas en la opinión pública.

Con esto solo hemos querido hacer una aproximación y reivindicar el uso de la teoría psicoanalítica lacaniana para entender asuntos políticos y sociales contemporáneos

Con esto sólo hemos querido hacer una aproximación y reivindicar el uso de la teoría psicoanalítica lacaniana para entender asuntos políticos y sociales contemporáneos y dar a entender que no es exclusivamente para ayudarnos en terapias; puede ser muy útil como marco teórico interpretativo de la compleja realidad que vivimos. Algo muy positivo que tiene este campo es que desnaturaliza al sujeto y a la sociedad como un todo homogéneo, con sentido y coherencia en el tiempo, lo cual, da cabida para repensar las relaciones sociales y la lo político, para, quizás, poder alumbrar un poco el la forma en el que podemos hacer frente a neototalitarismos y procesos de emancipación personales y colectivas.

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