#Política

Doble estándar, tibieza y oportunismo: la polémica que desnuda a la política chilena

Compartir

La polémica generada por una imagen crítica hacia el Presidente José Antonio Kast ha dejado al descubierto algo mucho más profundo que una simple discusión comunicacional. Ha expuesto el oportunismo de una derecha que pretende reescribir la historia reciente y también la preocupante falta de convicción de quienes, desde nuestro propio sector, optan por retroceder ante la primera presión mediática.

Resulta difícil tomar en serio las acusaciones de Republicanos y Chile Vamos sobre supuestos ataques a la institucionalidad. Durante el gobierno del Presidente Gabriel Boric fuimos testigos de una campaña permanente de ridiculización de la figura presidencial. Se burlaron de su aspecto físico, de su edad, de su forma de vestir, de sus errores comunicacionales y hasta de aspectos personales ajenos al debate político. Circularon caricaturas, montajes, descalificaciones y ataques que buscaban erosionar no sólo a una persona, sino a la propia Presidencia de la República.

En aquel entonces, quienes hoy se rasgan las vestiduras guardaron silencio o participaron activamente de esa estrategia. Nunca vimos a Republicanos ni a Chile Vamos levantar grandes defensas de la investidura presidencial cuando el blanco era Gabriel Boric. Por el contrario, muchos construyeron su identidad política precisamente sobre la confrontación, la exageración y el ataque constante. Por eso la indignación actual tiene poco de defensa institucional y mucho de cálculo político. No estamos frente a un acto de principios, sino ante una demostración de oportunismo.

Lo más preocupante, sin embargo, no proviene de la derecha. Proviene de la rápida y vergonzosa retractación del Partido Socialista. Lo ocurrido deja una sensación amarga entre muchos militantes, dirigentes territoriales y simpatizantes que observan cómo la dirección del partido retrocede apenas la derecha instala una polémica. No se trata de defender ciegamente una imagen o una pieza gráfica. Se trata de la señal política que se entrega cuando se abandona una posición a las pocas horas de haberla sostenido.

Las bases socialistas no esperan perfección de sus dirigentes, pero sí esperan consecuencia. Esperan firmeza frente a las operaciones políticas de la derecha y no una permanente preocupación por agradar a quienes jamás reconocerán ningún gesto de moderación. La retractación no fortaleció la posición del partido ni contribuyó al debate público. Por el contrario, proyectó una imagen de inseguridad política, de falta de convicción y de una dirigencia más preocupada de administrar titulares que de sostener ideas.

Mientras tanto, Republicanos y Chile Vamos aprovechan la controversia para instalar una discusión completamente funcional a sus intereses. Durante días el debate público gira en torno a una imagen, mientras queda en segundo plano lo verdaderamente importante: los alcances de la denominada Mega Reforma y sus posibles efectos sobre los derechos sociales, laborales y económicos de millones de chilenos.

La verdadera discusión no es una imagen. La verdadera discusión es el modelo de país que se intenta construir

No es casualidad. Cuando la discusión se concentra en una polémica artificial, deja de hablarse de las reformas que afectan la vida cotidiana de las personas. Dejan de discutirse las consecuencias para los trabajadores, las familias, los pensionados y los sectores medios. La controversia sirve como una perfecta cortina de humo para evitar que la ciudadanía analice con atención los cambios que se pretenden impulsar.

Por eso resulta indispensable no perder el foco. La verdadera discusión no es una imagen. La verdadera discusión es el modelo de país que se intenta construir. La verdadera preocupación no debería ser una publicación en redes sociales, sino las reformas que pueden debilitar derechos conquistados durante décadas y profundizar las desigualdades existentes.

La institucionalidad merece respeto, pero ese respeto debe ser coherente y permanente. No puede transformarse en una bandera que se levanta sólo cuando conviene políticamente. Y la izquierda, particularmente el Partido Socialista, debe entender que la ciudadanía no espera tibieza ni retrocesos. Espera convicción, claridad y consecuencia para enfrentar a una derecha que nunca ha dudado en utilizar todas las herramientas disponibles cuando se trata de defender sus propios intereses.

Porque cuando el oportunismo de unos se encuentra con la tibieza de otros, quienes terminan perdiendo son las ideas, la política y la ciudadanía

0

Los contenidos publicados en elquintopoder.cl son de exclusiva responsabilidad de sus respectivos autores.
Te invitamos a conocer nuestras Reglas de Comunidad

Comenta este artículo

Datos obligatorios*