Una opinión sincera
El economista David Bravo, presidente de la Mesa de Reactivación Laboral, refleja su visión empresarial en una entrevista en Tele13 donde reduce al trabajador a un simple costo económico cuando dice, «Mayor costo de despido es… cada persona es un cacho, digamos. Cuando tú ves costo de despido, ¿Qué es lo que es? Es costo de contratación«.
Causando una reacción obvia de parte de la Central Única de Trabajadores (CUT) condenandola y declarando indignantes: “Sale al aire el alma de la comisión de expertos, reflejando el profundo desprecio hacia las y los trabajadores por parte de David Bravo y la comisión de reactivación laboral”. Agregando, “No podemos permitir que las políticas de empleo del país se construyan sobre la base de menospreciar a quienes lo levantan día a día y solo se busque el beneficio económico para los empresarios”.
Las palabras de Bravo me hicieron recordar algunas opiniones que me permiten afirmar que el trabajador no solo es “cacho” cuando se le contrata o es despedido, también es por vivir más:
Algunas frases para el bronce, la de Christine Lagarde actual presidenta del Banco Central Europeo que entre el 2011 y 2019 fue directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), cuando desempeño este cargo digo: “los ancianos viven demasiado y eso es un riesgo para la economía global”. También puedo destacar el comentario emitido el 2013 por el responsable japonés del área económica Taro Aso, cuando pidió a los ancianos del país que “se den prisa en morir” para que de esta manera el Estado no tenga que pagar su atención médica. Nuestro Chile no queda ajeno a estas desafortunadas y descarnadas frases y tenemos a Felipe Larraín, mientras fue ministro de hacienda del fallecido expresidente Piñera dijo, “Las AFP no son el problema, el problema es el aumento de la esperanza de vida”.
Buscando las raíces
Existen varias formas de comprender las raíces de esta mentalidad manifiestamente clasista y muy presente en las políticas del actual gobierno y de los grandes empresarios hacia los trabajadores y que se pueden encontrar entre los dogmas neoliberales:
El objetivo de los ideólogos del neoliberalismo es privilegiar al inversionista y es a ellos a quien deben ir destinadas las utilidades de la empresa. Pero, no considera que las ganancias de una inversión y el éxito de una empresa es producto de un trabajo bien hecho y si los trabajadores perciben que no reciben el salario digno y de acuerdo al beneficio generado se sentirán descontentos y realizarán su labor de forma descuidada y poco eficiente, disminuyendo así su productividad y el empresario obtendrá menos ganancias.
Cuando lo que realmente buscan es aumentar sus ganancias. Ganancias que las pagará el trabajador con la pérdida de garantías básicas y el aumento del trabajo precario
Un gobierno pro-grandes empresarios
El comentario de David Bravo revela que para el actual gobierno, con ministros íntimamente ligados a los grandes empresarios están muy distantes de la realidad y dificultades que viven las personas en su día a día.
Para las actuales autoridades, el ciudadano común es simple “masa influenciable y vendible“ y al igual que los grandes empresarios, consideran un estorbo los beneficios y derechos conquistados por los trabajadores y dando la excusa que encarece la contratación y para reducir «gastos» y vendiendo la idea que así crearán empleo y el mítico crecimiento económico eterno. Cuando lo que realmente buscan es aumentar sus ganancias. Ganancias que las pagará el trabajador con la perdida de garantías básicas y el aumento del trabajo precario, es decir, con esto se cumple el principio capitalista de “sociabilizar pérdidas y privatizar ganancias”.
Entre las medidas para precarizar el trabajo y aumentar ganancias están los contratos por hora, facilidades para despedir, traspasar la indemnización por despido del empresario al trabajador, que el trabajador pueda desempeñarse en más de una función, flexibilizar jornadas con la opción que puedan ser de hasta 52 horas semanales. Medidas que reducirán los costos al tener mano de obra barata con sueldos de subsistencia y obligadas a sobrevivir recurriendo al crédito, quedando encadenadas a bancos y casas comerciales.
Voy a terminar esta breve columna con un pensamiento de Hélder Câmara (1909-1999), arzobispo brasilero: “Cuando doy comida a los pobres, me llaman santo. Cuando pregunto por qué son pobres, me llaman comunista”
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