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Megaimpuestos para salvar la democracia y el capitalismo de los megaricos

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Hacia una nueva oligarquía

Hace pocas semanas nos enteramos de que Elon Musk se había convertido en el primer mega millonario, en otras palabras, es el primer rico entre ricos. Su riqueza llegó a los US$ 1,05 billones. Supera con creces el PIB de Chile (aproximadamente US$ 355.000 millones). Para visualizar su magnitud, si Musk fuera un país, según proyecciones del FMI para el año 2026, ocuparía el lugar 22.

Otro dato, el PIB aproximado de Estados Unidos es de US$ 32,4 billones y de China US$ 20,9 billones. El patrimonio conjunto de todos los miembros que integran el ránking de multimillonarios de Forbes es de U$S 20 billones (millones de millones).

Desde mi punto de vista estos hechos evidencian dos cosas:

  • Primero, muestra el fracaso de la economía neoliberal, si bien es capaz de producir megamillonarios, al mismo tiempo es incapaz de terminar con la pobreza, generando al mismo una desproporcionada y grosera desigualdad económica y social.
  • Y segundo, se está creando una oligarquía de milmillonarios con un poder inigualable y desproporcionado para influir en la política y economía global.

La influencia de los super ricos en la política interna de un país la entrega Peter Thiel, quien se dio el lujo de visitar nuestro continente entre los meses de abril y mayo para reunirse, sin ninguna dificultad, con los presidentes de Argentina, Chile y Paraguay.

El efecto se hizo notar en Argentina, ya que luego de su reunión, el presidente Milei presentó una ley que desregula la Inteligencia Artificial y crea una nueva categoría en el derecho societario argentino, la corporación no humana, es decir, entidades operadas por agentes de Inteligencia Artificial o robots, con personalidad jurídica plena y responsabilidad limitada que podrán tomar decisiones de manera autónoma.

Aquí surge la pregunta: ¿los argentinos votaron en alguna elección democrática por Peter Thiel para otorgarle la facultad de influir en la política interna Argentina?

Debido a lo ocurrido en el vecino país nos obliga y con sobrada razón a preguntar ¿qué temas trataron el presidente Kast en su reunión con Thiel, sumado a que representa a quienes no creen en la democracia?. Con el agravante que el presidente Kast tardo semanas en reconocer la ocurrencia de dicha reunión y a la fecha se niega a informar lo tratado.

John Rockefeller y Elon Musk

El año 1911 el pionero del petróleo y una de las personas más ricas de la época, John Rockefeller, considerado «el hombre más admirado… y más odiado de los Estados Unidos«, quien tenía una fe absoluta en dos cosas: “el credo baptista y el petróleo«. Dueño de la corporación petrolera Standard Oil of New Jersey la primera corporación verdaderamente gigantesca del mundo, representando la nueva y controvertida forma de negocio monopólico.

Dicha corporación sufrió, de parte de la Corte Suprema de Estados Unidos, con el objetivo de frenar cualquier tipo de práctica monopolica que limitase la competencia en el mercado, decretó que debía dividirse en 34 compañías independientes. Entre las compañías del sector petrolero que perduran hasta hoy están Chevron y ExxonMobil.

Rockefeller, para “limpiar” su imagen pública, motivado por su ultra conservadurismo religioso heredado de su madre, comienza a destinar parte de su fortuna a la creación de instituciones educativas, sanitarias y con donaciones regulares a diferentes causas humanitarias. Hecho que lo convirtió en pionero de la filantropía moderna.

Hoy, Musk y bajo el gobierno de Trump a quien financió, está a salvo y no corre ningún riesgo de sufrir las mismas medidas de Rockefeller en 1911.

Redes Sociales y la Inteligencia Artificial sirven para controlar

Los ricos antes de la llegada de las Redes Sociales y la Inteligencia Artificial ejercían su influencia en la sociedad financiando políticos y controlando los medios de comunicación. Los nuevos super ricos los superaron, al ser dueños de las grandes tecnológicas, pueden controlar las Redes Sociales utilizando Inteligencia Artificial y así pueden manipular a sus usuarios de forma más directa y eficiente que simplemente controlando que y como se informa.

Facebook, Google, Instagram, WhatsApp, X y YouTube, recolectan de sus usuarios todo tipo de información: identidad, fecha de nacimiento, situación laboral y sentimental, fotos y vídeos.

Tienen nuestro número de teléfono y el de nuestros contactos, analizan nuestros correos, comentarios y los “me gusta”. Saben dónde vivimos y donde hemos viajado, que tarjeta utilizamos y que compramos. Cada vez que iniciamos una sesión se registra fecha, hora, lugar, tipo de dispositivo, navegador, la IP y datos de la red Wi-Fi. Todas las fotografías que hemos hecho con el móvil al igual que las búsquedas en la red permanecen en el sistema a pesar de haberlas borrado.

Las grandes tecnológicas dedicadas a la “minería de datos y su análisis” han desarrollado algoritmos que analizan la información recolectada y logran conocer con gran certeza: preferencias políticas, creencias religiosas, nivel educativo y cultural, orientación sexual, si tenemos ideas conspirativas y una infinidad de datos más, hasta pueden determinar a qué hora dormimos y despertamos.

Se está creando una oligarquía de milmillonarios con un poder inigualable y desproporcionado para influir en la política y economía global

Con los resultados obtenidos nos pueden conocer mejor que nosotros mismos y les permite saber cómo influenciarnos en favor de sus intereses particulares. Estar siempre conectados se está expuesto involuntariamente a campañas de desinformación difundidas por cuentas Troll y Bot con titulares sensacionalistas y fragmentos incompletos de noticias construidos expresamente para llamar nuestra atención y afectarnos emocionalmente y así influir en la conversación y opinión pública.

Las redes sociales funcionan a una velocidad que aturde y nos golpea con un bombardeo constante de imágenes y memes, velocidad que no da tiempo de pensar y menos para reflexionar y terminamos siendo guiados por la emoción y no por la razón. Su efecto se hace notar con la polarización que experimentamos por diferentes canales.

Un buen ejemplo lo entrega la desaparecida empresa Cambride Analytica, dedicada a la “minería de datos y su análisis” que tuvo un destacado papel en el referéndum que desidia la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, el denominado Brexit (2016). Esta empresa, utilizando mensajes y publicidad, pudo influenciar en los votantes indecisos para inclinarlos en favor del Brexit. Su acción fue mucho más efectiva que la publicidad tradicional, la diferencia pasó del 1% al 5% y 7%, según datos entregados al parlamento británico por Chritsopher Wylie, quien trabajó para Cambride Analytica. Hay que destacar que el Brexit ganó por un 2%, así que sin esta trampa, el resultado hubiera sido diferente.

Capitalismo y Comunismo crean Oligarquías

Los defensores de la economía capitalista parten de supuestos equivocados e ignoran la realidad en favor de la ideología económica:

  • Todas las partes están igualmente informadas sobre que se compra y que se vende
  • Los precios están determinados por la oferta y la demanda
  • El resultado depende exclusivamente de decisiones individuales y los éxito o fracaso son igualmente de responsabilidad individual.

Pero, la evidencia revela que compradores y vendedores no tienen la misma información y no todas las transacciones los benefician por igual.

Las privatizaciones junto a la desregulación dan por resultado que la riqueza fluya y se acumule en manos de una pequeña oligarquía. Al mismo tiempo, la desigualdad económica va creciendo a niveles groseros. Resultado, la economía neoliberal es afectada negativamente ya que el Libre Mercado y la Libre Competencia dejan de funcionar.

Un dato adicional y no menos importante, está sobradamente demostrado que los ricos disfrutan de ventajas económicas sistémicas (por ejemplo: préstamos a intereses más bajos, mejor asesoramiento financiero y cada cierto tiempo tienen perdonazos por los impuestos evadidos en paraisos fiscales), mientras que a los pobres les ocurre exactamente lo contrario, es decir, obtienen préstamos pero a intereses más altos, carecen de asesoría financiera y tiempo para comprar al mejor precio. En algunos casos, los bancos no les dan crédito y se ven obligados a recurrir con prestamistas. El efecto de estos hechos lo explica muy bien el escritor y activista James Baldwin, “cualquiera que haya lidiado con la pobreza sabe lo extremadamente caro que resulta ser pobre”.

La historia no se repite, pero rima. Al ser muy pocos quienes tienen el poder y la riqueza y la inmensa mayoría se mantiene con ingresos de subsistencia o bajo ella se asemeja a lo que llevó a la desaparición de la antigua Unión Soviética y antes causó la Revolución Francesa. Se puede concluir que Capitalismo y Comunismo obtienen los mismos resultados, pero por caminos diferentes.

El remedio son los Impuestos

Una herramienta para limitar el poder de los super ricos e impedir el debilitamiento de las fuerzas del mercado son los impuestos. A los megaricos se les deben aplicar megaimpuestos. Además, sería una buena idea seguir el ejemplo que en su tiempo realizó la Corte Suprema de Estados Unidos para impedir la creación de monopolios y llegado cierto tamaño, obligar la división de una gran compañía en compañías más pequeñas e independientes.

Aquí es relevante el actuar del Estado creando menos leyes y condonaciones en favor de los ricos y al mismo tiempo desarrollar leyes y mecanismos para una distribución equitativa de la riqueza. Además, son medidas que tendrán un impacto mínimo en las ganancias de los más acaudalados.

Con estas y otras medidas estaremos solucionando los defectos del modelo y así proteger, no solo la Democracia, también la Economía Capitalista y al nivelar la cancha, podrá actuar la “meritocracia” y así estaremos derrotando un modelo que favorece principalmente a los que están en la cima.

Con las redes sociales y para defender la democracia, la libertad de pensamiento y recuperar la civilidad, se debe legislar para tener leyes que protejan, transparenten y podamos administrar y controlar nuestros datos y al mismo tiempo desincentivar su mal uso por parte de las grandes tecnológicas y si ocurre, puedan ser demandadas y castigar severamente al infractor. De no hacerlo, quedamos vulnerables a caer en un Feudalismo 2.0. Obviamente, se tendrá que superar y vencer el agresivo lobby de las grandes empresas que se benefician con este hecho.

El tan manoseado y mal utilizado termino de “libertad” y “libre competencia” no deben ser usados para que unos pocos, gracias a su poder, tengan “libertad” para controlar, manipular y abusar de la mayoría ciudadana.

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