En menos de dos meses, para el próximo 29 de noviembre, día de cumpleaños de mi hermano, han sido convocadas las elecciones generales en España.
Ellas se enmarcan dentro de las atribuciones del jefe de gobierno español. Se anticipó en 7 meses al término previsto, decisión adoptada por Pedro Sánchez este último fin de semana, tras una mayoría parlamentaria que le tumbó dos decretos presentados para resolver, o amortiguar, la crisis de la vivienda que se vive en España.
Estas elecciones permitirán renovar el parlamento, reconfigurar el naipe político —la distribución de poder de los distintos partidos—, con miras a la conformación de un nuevo gobierno.
Habrá que ver qué emergerá tras estas elecciones. Recordemos que en las elecciones pasadas el Partido Popular (PP) obtuvo la primera mayoría relativa. Por ello, el rey Felipe VI invitó a su líder, Feijóo, a conformar gobierno. Al no lograr este su cometido, por no contar con la mayoría requerida en el parlamento, el rey procedió a invitar al líder del PSOE, Pedro Sánchez, a conseguir la mayoría necesaria en el parlamento para constituir gobierno.
Sánchez logró lo que Feijóo no logró, gracias a apoyos de fuerzas nacionalistas vascas y catalanas, tanto de izquierdas como de derechas. Respaldos no gratuitos, que, si bien le permitieron obtener la investidura, le han dado más de un dolor de cabeza. No han sido pocos estos dolores, no solo provenientes desde Junts, sino que también desde la izquierda de SUMAR y PODEMOS, así como del propio PSOE y de su entorno familiar.
Tanta agua llegó al cántaro que al final se rompió. Así como el partido nacionalista catalán de derechas, Junts, presidido por Puigdemont desde su exilio dorado, con sus votos posibilitó la investidura de Sánchez, hoy tiró del mantel, desestabilizándolo, al rechazar la iniciativa propuesta por Sánchez para superar la crisis de la vivienda existente.
El momento para la convocatoria no puede ser menos propicio, y Sánchez confiaba resistir hasta el fin de la investidura, esto es, hasta 7 meses más. Digo menos propicio, porque a nivel mundial estamos inmersos en una desvergonzada ola de ultraderecha sin parangón que tiene al mundo en ascuas y donde se configuran espurias alianzas imposibles de sostener en el tiempo.
Si bien no está dicha la última palabra en Brasil, el reciente triunfo de Bolsonaro sobre Lula en la primera vuelta nos muestra una fotografía mundial con crecientes tintes totalitarios. Hay también signos en sentido contrario, pero son los menos.
En España, poco propicio también porque las elecciones se desarrollarán con el tema de la invasión inmigratoria a Ceuta sin cerrarse, dando alas a las fuerzas que alientan la xenofobia. Poco propicio porque encuentra a las fuerzas de izquierda disgregadas sin liderazgos claros. Poco propicio porque encuentra a un PSOE debilitado, con un expresidente, Felipe González, en permanente estado de oposición a Sánchez, al igual que el presidente de la comunidad de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page. A esto se agrega la corrupción que ha rodeado al gobierno, donde han estado implicados altos personeros —Abascal y Cerdán, entre otros— muy cercanos a la figura de Sánchez. Si sumamos los procesos que afectan a su hermano, así como a su esposa y a Zapatero, tenemos una mesa servida en bandeja para el PP y VOX.
De lo expuesto podríamos afirmar que Sánchez está perdido. No necesariamente
De lo expuesto podríamos afirmar que Sánchez está perdido. No necesariamente. Hay tres factores que pudieran pesar en la decisión de voto de los españoles por sobre los que señaláramos.
Uno, su indiscutido liderazgo más allá del PSOE, más allá de la izquierda. Un liderazgo sustentado en su capacidad de gobernar, de enfrentar situaciones complejas sin eludirlas.
Dos, su talante democrático y humanista. Sabe que rema contracorriente, así y todo, persiste, no da el brazo a torcer porque tras todo inmigrante ve a un ser humano, que España necesita.
Tres, porque es de los pocos líderes mundiales que ha osado plantar cara a Trump, a sus desplantes, a sus demasías, a diferencia de sus opositores. ¿Qué diría Franco si resucitara?
Cuatro, la conducción económica de su gobierno está permitiendo sortear las guerras en Ucrania, en Gaza y en Irán a un costo menor que muchos otros países del mundo.
No es poco. Habrá que ver qué dirán los electores.
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