Según Aristóteles el ser humano es “un animal político” (zoion politikón) y las soluciones a sus problemáticas, indudablemente es la política. En ese contexto se encontrarían las respuestas a lo esencial de la humanidad, como la vida en comunidad y el conjunto de normas, leyes, culturas, educación que en su diversidad hacen sentido dando formas a las estructuras sociales y se infiere que no existe una vida completamente “privada”, habitamos todos la “polis”. En efecto la tesis es más sutil: las formas de organización traen arraigadas relaciones humanas, en las que se enmarcan el poder, las creencias, las emociones, la diversidad. De acuerdo a ello todo tiene un trasfondo político, es decir visión de la vida.
Enfocándonos en título de esta columna y la relatividad que en la actualidad podría tener, es oportuno decir que no se trata de que todo acto humano sea “partidista” o responda a una militancia, de hecho, en el mundo cada vez son menos y van en retroceso tales respuestas. No obstante, en el sentido amplio, toda forma y toma de decisiones desde lo familiar hasta lo público están respondiendo a pensamientos y formas de culturas políticas. Así es como en Chile, el nuevo gobierno, elegido democráticamente, entiende la economía con su visión ultraderechista, es una opción política y como ejemplo está el alza de los combustibles que lo está asumiendo toda la ciudadanía.
En esa perspectiva, elegir un sistema de salud, de educación, definir cómo relacionarnos y hasta el consumo de ciertos productos no son actos neutros. Todo es una expresión de valores o el cuestionamiento de los mismos, crean diferencias de opinión y directa o indirectamente nos llevan a configurar el tipo de sociedad en la que vivimos democráticamente, con ello además se construye un escenario político que debe llevar al diálogo y a los acuerdos, que reducen la polarización, muy frecuente en estos tiempos, pero se necesita voluntad real, todos debemos ceder y al final decide la votación democrática, nadie posee la verdad.
El acto de que los padres o tutores, determinen un tipo de educación y sistema de convivencia y/o amistades para sus hijos evidencian una forma de hacer política, consciente o inconsciente, y trae consigo la herencia de entornos culturales. Esto está totalmente en diálogo con la democracia y enriquece las decisiones conversadas con hijos y el debate en todo aspecto, desarrollando así el pensamiento crítico. Ahí también están las diferencias generacionales, hoy respaldado por la psicología moderna es fundamental conversar y escuchar activamente con mucha transparencia las decisiones familiares, situaciones violentas quedaron atrás.
En referencia a la agresión, por todos rechazada, a la Ministra de Ciencias en la Universidad Austral, se hace fundamental recuperar los canales y vías de diálogos políticos para debatir nuestras diferencias, reconociendo que innegablemente estas siempre van a existir como lo ha sido desde tiempos inmemoriales. De seguro esos jóvenes no estarían de acuerdo con que sus padres los agredieran por pensar diferente o no estar de acuerdo, sobre todo si como país nos remontamos a nuestra dolorosa historia en tiempos de dictadura y el uso de la violencia contra quienes pensábamos distinto.
Sin diálogo, la política se vuelve imposición o bloqueo y en el camino contrario se convierte en construcción colectiva de soluciones
Sin diálogo, la política se vuelve imposición o bloqueo y en el camino contrario se convierte en construcción colectiva de soluciones. La legitimidad democrática surge cuando las decisiones se toman a través de deliberación razonada entre ciudadanos y representantes. Debemos ser capaces de recuperar el diálogo y el desarrollo de las ideas pacíficamente para tener una convivencia racional.
No es necesario hablar de política para hacer política. Todo parte desde lo cotidiano, los juegos, amistades, consumo, viajes, vecinos y toda la narrativa implícita. Finalmente vivimos en lo político, aunque no lo definamos así. Una sociedad sana necesita espacios de deliberación como el parlamento, las organizaciones sociales, los medios de comunicación y por sobre todo la voluntad de dejar las confrontaciones y la violencia de lado, entre todos encontrar las soluciones para avanzar democráticamente. Los pactos sociales siempre se han construido bajo el alero de la cooperación, la empatía y la solidaridad humana.
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