Hay decisiones que en un plano se ven razonables: una línea que pasa por acá, una subestación allá, unas torres que conectan. El problema aparece cuando uno levanta la vista del plano y mira el territorio.
Eso es lo que pasa con Lo Campino, el proyecto que contempla una nueva subestación de 220/110 kV y sus conexiones con las líneas de transmisión existentes del sector. Es una obra de la planificación eléctrica nacional, declarada obligatoria en 2024. E interviene los Cerros de Renca, justo el territorio que estamos recuperando y que queremos consolidar como Parque Metropolitano.
Parto por decir algo. No soy ingeniera eléctrica y no me voy a hacer la experta. Lo que he hecho estos días es averiguar: leer los documentos, oficios, preguntarle a gente que sabe, comparar con otros proyectos. Es un tema difícil, no lo voy a negar. Pero hay información suficiente, y es pública, para hacerse una convicción. Esta es la mía, y son cuatro razones.
1. Necesidad no es lo mismo que inevitabilidad
Santiago necesita reforzar su red. De ahí no se desprende que las torres tengan que instalarse de esta manera y justo en este lugar.
Una cosa es el problema eléctrico que hay que resolver. Otra son las decisiones de ingeniería con que se resuelve: dónde se emplaza la subestación, por dónde pasan las líneas, qué tecnología se usa. Cuando se confunden las dos, una decisión necesaria se transforma en una especie de implementación técnica inevitable. Y no lo es.
2. Discutamos las alternativas en serio
Se ha comparado Lo Campino con el proyecto que se está construyendo en Providencia, donde buena parte de la transmisión va subterránea. La comparación sirve para mostrar que existen distintos estándares, pero seamos justos: no son proyectos iguales. Lo Campino involucra 220 kV, mayores potencias y otra configuración. Sería simplista decir “si se hizo en Providencia, háganlo igual en Renca”. Igual de simplista es concluir que, por esas diferencias, las torres son inevitables.
Acá me puse a buscar en serio y encontré que en Chile ya existen otras soluciones para este tipo de infraestructura. En Nueva Lampa, por ejemplo, hay una subestación de 220 kV que utiliza tecnología GIS, una alternativa que permite concentrar este tipo de instalaciones en un espacio mucho más reducido. Y la propia Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC) registra proyectos de transmisión de 220 kV que consideran tendidos subterráneos. Es decir, existen distintas alternativas tecnológicas para enfrentar las necesidades de transmisión eléctrica. No es información secreta: está disponible para cualquiera que se tome el trabajo de buscarla.
Eso no prueba que se pueda enterrar todo Lo Campino. Prueba algo más importante: la discusión técnica no se agota en torres sí o torres no. Puede haber soluciones aéreas, subterráneas o mixtas, tecnologías más compactas, cambios de trazado que aprovechen corredores ya intervenidos. Cada alternativa tiene sus costos y sus restricciones. Bueno, entonces que se estudien y se comparen.
3. Lo más barato no siempre es lo que menos cuesta
Enterrar o encapsular sale bastante más caro que una línea aérea. Es cierto y no lo vamos a esconder. Pero una decisión pública no se reduce al costo de construcción.
La alternativa más barata para el proyecto no es la más barata para la ciudad
Y esta parte no requiere ninguna especialidad, está a la vista de cualquiera que camine por acá. Hay un costo ambiental y urbano. Hay fondos públicos ya comprometidos en recuperar estos cerros. Y hay un valor futuro para una zona de Santiago que históricamente ha tenido pocas áreas verdes.
Entonces la pregunta que hay que hacerse es: cuando una obra ahorra en infraestructura, ¿quién termina pagando ese ahorro? La respuesta me la sé. La alternativa más barata para el proyecto no es la más barata para la ciudad.
4. Lo Campino puede ser mucho más que las torres de hoy
Esto es lo que menos se ha discutido, y lo encontré leyendo el decreto que define técnicamente el proyecto. Cuesta leerlo, no está escrito para entenderlo a primera vista. Pero ahí está, en blanco y negro: el patio de 220 kV debe tener espacio en barras y plataforma para permitir, entre otras cosas, “la conexión de nuevos proyectos en la zona”. Incluso contempla la posibilidad de desarrollarlo con tecnología GIS o equivalente.
No estoy diciendo que existan nuevas líneas o torres aprobadas, porque no las hay. Estoy diciendo que Lo Campino está pensada como una infraestructura preparada para recibir más conexiones. Por eso no podemos discutir solamente las torres proyectadas hoy. La pregunta de fondo es qué papel van a jugar los Cerros de Renca en la infraestructura eléctrica de Santiago durante las próximas décadas.
Y ahí el parque deja de ser un detalle. Cada fin de semana suben vecinas y vecinos a los cerros. Un parque moderno debe proteger biodiversidad y al mismo tiempo permitir que miles de familias disfruten de un patrimonio natural. No hay contradicción entre proteger los cerros y abrirlos a la comunidad.
Esto no es electricidad contra naturaleza, ni Renca contra Santiago. Es algo bastante más simple: cómo construimos la infraestructura que una ciudad necesita sin dar por hecho que hay comunas que siempre tienen que aguantar lo que otros consiguen evitar. Con las autopistas ya vivimos esas odiosas diferencias.
Por eso pedimos que el titular del proyecto presente y compare públicamente alternativas de trazado y tecnología en la evaluación ambiental, y que haya participación ciudadana formal en Renca. Vamos a estar ahí.
Queremos que los Cerros de Renca sean el gran Parque Metropolitano del norponiente de Santiago. No el corredor eléctrico de la ciudad.
Por Cecilia López, concejala de Renca. Trabajadora Social, Magíster en Gestión de Personas.
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