#Cultura

Maipú y el disco “Corazones”: 36 años de una historia oculta

Compartir

Jorge González tenía apenas 25 años cuando compuso las canciones que forman el disco “Corazones”, que este reciente 20 de mayo cumplió 36 años desde su lanzamiento (1990). Pienso que en esos momentos su capacidad creativa estaba al 100 por ciento, mientras escribía esas letras llenas de pasión y confesiones. Pero junto a esa creatividad desatada —sobre todo musicalmente hablando— también estaba el deseo de sincerar sus más profundas emociones, y eso permitió convertir al disco “Corazones” en la obra gigante y eterna que es hoy.

Cuando viajo en el tiempo para reconstruir mi relación personal con este maravilloso disco, mi primer recuerdo me lleva a julio de 1990. Yo estaba en el 2° medio A, en mi querido liceo “Pedro Poveda”. La semana aniversario del liceo —llamada “Semana Povedana”— estaba en pleno desarrollo y cada curso hacía su esfuerzo por ganar cada una de las competencias artísticas, deportivas o recreativas para obtener la copa que los coronaría como los flamantes campeones del año.

En un arranque de creatividad y humor inolvidable, mis compañeras Claudia Sepúlveda y Soledad Lahr idearon una especie de sketch o performance en el que, usando la canción recién estrenada “Tren al Sur”, se caracterizaron como dos vagabundas sin casa y su experiencia de subirse a un “tren al sur” sin pagar. El resultado fue una presentación que hizo que todo el liceo se apretara la guata de la risa. Una obra maestra. Por cierto, el 2° A —del cual yo era el presidente de curso— ese año salió campeón, pero esa es otra historia.

Desde aquel primer contacto potente con la música del disco “Corazones”, él y yo nunca más nos separamos. Cada canción es una declaración de emociones brutalmente honesta que escucho con frecuencia, mientras Jorge González se ha ido convirtiendo en la leyenda viva que es hoy.

Se me viene a la mente un recuerdo del año 2007. Yo era dueño del bar “Pulso”, en la avenida Pajaritos, acá en Maipú, junto a mis socios y amigos Juan Ampuero, Daniel Jaime y Horacio Zelaya, todos del Poveda, cómo no. A pasos de mi local estaba el “Bardot”, un bar genial y hermoso. Sus dueños eran Ricardo Lobos y Claudio Narea. Con Ricardo éramos amigos, ya que habíamos sido socios unos años antes en “El Bistro”, en su época de oro. Ahora éramos colegas y vecinos, y a través de él conocí a Claudio Narea, en ese momento y hoy también, un gigante y leyenda del rock chileno.

Cada vez que nos veíamos con Claudio Narea, ya sea en mi bar o en el de él, hablábamos de aspectos “técnicos” del oficio de tener un bar. Pero en una noche primaveral de 2007 nos sentamos en la barra del “Bardot” y comenzamos a conversar de música. Mientras bajábamos nuestras respectivas cervezas, llegamos a lo inevitable: conversar de la música de Los Prisioneros. Y ahí estaba yo, dialogando con una leyenda de la música chilena, y le pregunté: “Claudio, ¿cuál es tu disco favorito de Los Prisioneros?”. Estoy casi seguro de que me respondió “La voz de los ’80”, y me contó el porqué. No recuerdo los detalles.

Al terminar de responder, vino la pregunta de vuelta: “¿Y el tuyo, Sergio? ¿Cuál es el disco de Los Prisioneros que más te gusta?”. No lo pensé ni un solo segundo: “¡Corazones!, por supuesto”, le dije con entusiasmo. “Buena”, me respondió con una sonrisa. Seguramente Claudio tenía cosas muy importantes que hacer en ese momento porque, luego de mi respuesta, muy amable y caballerosamente, se bebió rápidamente lo que le quedaba de cerveza, se puso de pie, extendió su mano y me dijo: “Nos vemos, Sergio. Me tengo que ir”. Y ahí quedé en la barra, solo, pensando en la grata experiencia de haber dialogado con ese gigante y preguntándome si mi respuesta había sido oportuna o no.

Y es que un clásico no envejece, solo viaja en el tiempo

Años después estuve saliendo unos meses con una mujer maravillosa llamada Cristina. Fuimos juntos a ver tocar en vivo a Jorge González. Y, por alguna razón, cada vez que escucho la canción “Amiga mía” pienso en ella. Después de salir un tiempo, nunca más la volví a ver, pero esa canción me evoca a ella y a la hermosa persona que es.

Podría seguir contando muchos episodios más de mi vida que me ligan al disco “Corazones”, pero esta crónica/homenaje sería muy larga, y no es la idea.

Lo más lindo de la música es que, cuando nace una obra monumental, traspasa las barreras del tiempo. Uno de los discos favoritos de mi amado hijo Sergio, que hoy tiene 19 años de edad, es “Corazones”. Y es que un clásico no envejece, solo viaja en el tiempo. Y es lo que le ocurre a este disco. Han pasado 36 años desde su lanzamiento y también desde que un adolescente de 14 años se moría de la risa con la performance de dos de sus compañeras de curso con la canción “Tren al Sur” en el liceo Pedro Poveda.

Muchas cosas han pasado en estos 36 años. Todas ellas, afortunadamente, acompañadas de muy buena música. Y esto gracias a creadores gigantes como Jorge González y a discos eternos como “Corazones”.

Hoy es un buen día para escucharlo.

0
19

Los contenidos publicados en elquintopoder.cl son de exclusiva responsabilidad de sus respectivos autores.
Te invitamos a conocer nuestras Reglas de Comunidad

Comenta este artículo

Datos obligatorios*