En el diario “La Tercera” de este domingo 12 de abril se publicó una entrevista al ministro secretario general de la presidencia, José García Ruminot, en la que intenta explicar la importancia del proyecto de ley que el gobierno de Kast enviará al Congreso Nacional, en los próximos días, llamado “Ley de Reconstrucción Nacional”. Por cierto: qué horrible nombre para un proyecto de ley en un país que -afortunadamente- no está destruido. El dictador Augusto Pinochet bautizó a su plan de gobierno «Reconstrucción Nacional», y ese nombre era usado como «lema» durante los primeros años de la dictadura. Kast le puso el mismo nombre al proyecto de ley que enviará al Congreso en estos días, «el más importante del gobierno», según ellos mismos. La historia no se repite, pero rima.
El ministro hace en la entrevista una afirmación interesante. El “corazón” del proyecto de ley es, por una parte, reunir 400 millones de dólares para la reconstrucción tras los incendios, y el otro “corazón” es la rebaja del impuesto a las grandes empresas (“impuesto corporativo”, le llama el ministro) desde un 27% a un 23%, y a esta parte del proyecto (la rebaja de los impuestos a las grandes empresas) la calificó de «irrenunciable».
¿Cómo es posible que los dos “corazones” de un mismo proyecto de ley sean tan evidentemente contradictorios? Es decir, un “corazón” necesita recaudar millones de dólares, y el otro “corazón” rebaja impuestos a las grandes empresas, lo que provoca menor recaudación. La contradicción salta a la vista de cualquiera.
El alza en el precio de los combustibles producto de la guerra (que en su momento inicial Kast aplaudió y celebró, y el escupitajo le cayó en la cara, por estúpido) fue la oportunidad para que el gobierno tomara una decisión: “¿Amortiguamos el impacto de esta alza o dejamos que sean los ciudadanos los que paguen el total del incremento y sus impactos inflacionarios?”. Por un tema de dogmas económicos de la ultraderecha, decidieron lo segundo, es decir, permitir que el alza la paguen los ciudadanos. Ahora, con esos mismos dogmas económicos, no tienen ninguna vergüenza en señalar que le rebajarán los impuestos a las grandes empresas.
La contradicción salta a la vista de cualquiera
El argumento que el gobierno de Kast entrega y repite -cual mantra religioso- es que una rebaja del impuesto corporativo “traerá como consecuencia mayor crecimiento y mayor recaudación fiscal”. Esto es derechamente mentir. Es ampliamente sabido por todos los economistas serios que la rebaja de impuestos a las grandes empresas no trae como respuesta crecimiento económico o mayor recaudación. A esto se le llama “dogma”: creo en algo y, aunque la evidencia lo niegue, seguiré creyendo en él, y gobernaré y tomaré decisiones bajo ese dogma al que no renunciaré. La rebaja de impuestos propuesta por Kast no es una estrategia de crecimiento, sino un traspaso de recursos desde las arcas públicas hacia los accionistas de las grandes empresas, bajo una promesa de crecimiento que no tiene sustento en la evidencia histórica reciente. Mientras Chile necesita recursos urgentes para reconstruir y mejorar su infraestructura (como la ciclovía Nueva Alameda que este gobierno nos quitó), Kast opta por sacrificar la inversión pública por una apuesta que, en la práctica, solo beneficia al 1% de la población. Una vergüenza.
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Gonzalo
Aportando a la humareda aparece el PDF y Parisi, también vendiendo humo a sus votantes. Exigiéndole diálogo a Kast para votar su ley Macedonia, como la catalogó. Es un atentado contra la clase media argumento Parisi. Como el Centrón en Brasil, ese conjunto de partidos oportunistas de centro, si Kast le ofrece contante y sonante a Parisi, el PDF va a aportar con sus votos y la reducción de impuestos a los empresarios será aprobado.