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Entre iglesias y urnas: ¿por qué el gobierno le quita $5.900 millones al Servel?

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La última vez que se intentó fraguar un fraude electoral en Chile fue bajo la dictadura, en el plebiscito del Sí y el No de octubre de 1988. Pinochet quería perpetuarse ocho años más en el poder a pesar de ir perdiendo en los conteos. Al no encontrar respaldo en los demás miembros de la Junta, no tuvo más remedio que reconocer el triunfo del No en aquella noche histórica del 5 de octubre.

Desde entonces, Chile nunca ha estado ni cerca de tener administraciones que siquiera piensen en alterar una votación. Tras la dictadura, convertimos al Servicio Electoral (Servel) en nuestro escudo protector para la gestión y resguardo de los procesos electorales. Y vaya que lo han hecho bien.

Desde 1990 fuimos dotando al Servel de los recursos para modernizar sus procesos y perfeccionar un modelo logístico que tiene una clave ciudadana: los vocales de mesa. Su participación activa es un pilar del éxito y la credibilidad de cada jornada electoral. A ellos se suma la supervisión multipartidaria de los apoderados de mesa. En cada elección logramos una simbiosis virtuosa entre el rol institucional y el compromiso ciudadano.

¿El resultado? El orgullo de contar con un organismo eficiente y transparente, que entrega cómputos a primeras horas de la tarde y nos da la certeza de que las cifras reflejan con fidelidad la voluntad popular.

Por eso preocupa que el gobierno de Kast pretenda recortar en 15% el presupuesto anual del Servel. Su presidenta, Pamela Figueroa, ya expresó su profunda inquietud. Durante 2027 el organismo debe implementar renovaciones tecnológicas clave para llegar preparado a los comicios de 2028 y 2029. En tiempos de ciberataques y de avance vertiginoso de la Inteligencia Artificial, el Servel necesita fondos para ejecutar sus mejoras en infraestructura digital.

Existen distintas formas de erosionar una democracia, y una de las más efectivas es debilitando a las instituciones que resguardan la transparencia de los procesos electorales

El gobierno de Kast ha anunciado que destinará 5.900 millones de pesos para la construcción o ampliación de centros de culto, es decir, fondos públicos para templos y parroquias de diversos credos. La coincidencia es bastante singular y curiosa: esos 5.900 millones equivalen exactamente al 15% que se pretende recortar al Servel.

No es una buena idea. Existen distintas formas de erosionar una democracia, y una de las más efectivas es debilitando a las instituciones que resguardan la transparencia de los procesos electorales.

Sigamos cuidando y financiando como corresponde a nuestro Servicio Electoral. Preservar la solidez de nuestra democracia es tan o más importante que financiar recintos de culto y oración.

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