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Uno de mayo, ¿Día del trabajo?

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Cada primer día de mayo se conmemora por parte del mundo laboral y sindical el día internacional de los trabajadores y de las trabajadoras, y ello ocurre desde la celebración del Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional ocurrida en París durante 1889 (OIT, 2012)[1] como homenaje a los “Mártires de Chicago”, obreros líderes de las organizaciones sindicalistas asesinados por el Estado de Illinois en virtud de un juicio viciado el 11 de noviembre de 1887, y que en Chile comienza a conmemorarse desde los primeros años del siglo XX.[2] (BND, 2025).

Sin embargo, hay sectores sociales y políticos que evitan nombrarlo por su origen, sino que le llaman “Día del trabajo”, tal y como lo conmemoró el Gobierno de emergencia en un recinto asistencial del sector privado. Si bien la denominación es indistinta para referirse a tal remembranza es, importante hacer la distinción mediante una revisión de los conceptos para precisar o descartar la intención de borrar al sujeto y resaltar el verbo.

Etimológicamente, según el profesor de Derecho laboral de la UNAM Dr. José Manuel Lastra Lastra[3], el origen etimológico de la palabra trabajar tendría tres fuentes. Provendría del latín “trabs, trabis, traba” como instrumento de sujeción de una persona. Asimismo, señala que algunos autores indican que proviene del vocablo latín “laborare” que significa labrar la tierra. Y, finalmente, cita al Diccionario de la Lengua Española en la que se indica que el origen de la palabra en comento deriva del latín “tripaliare, tripallium” que implicaría la acción de esfuerzos y actividades. (Lastra, 2000:195).

Según el profesor Pablo Rieznik[4] el vocablo latín “tripallium” era una herramienta de tres puntas o tres palos destinado a la sujeción de animales para herrarlos, pero también como instrumento de tortura a esclavos o prisioneros. (Rieznik, 2001:6). En consecuencia, etimológicamente la palabra “trabajo” tiene una relación más negativa en su origen latino, de castigo o carga para las personas menos favorecidas, pues dichas cargas o castigos eran para prisioneros, esclavos o personas libertas o libres pero dedicadas a tareas domésticas o agrícolas y no atendían los asuntos públicos (la res publicae o al otium romana o la areté ateniense), por lo que desde esta fuente, el trabajo como condición de subsistencia de la edad moderna tiene una carga negativa y poco deseable.

Considerando lo anterior, ¿por qué habría de señalarse una conmemoración tan trágica por las luchas sindicales y laborales como una celebración de la posibilidad de ejercer la acción de esfuerzo remunerado o trabajo? Es decir, sería muy sencillo acusar livianamente de buscar desplazar del foco de lo que se intenta mantener en memoria (el sacrificio de líderes sindicales por mejoras en las condiciones laborales) en el primero de mayo por la gracia, la fortuna de ejercer una labor remunerada.

Planteado este asunto del nombre y lo que implica la conmemoración del primero de mayo y lo inconexo o sin sentido que suena llamarle “Día del trabajo”, sería conveniente indicar; a modo de “responsum”, que de forma generalmente aceptada se utilizan indistintamente las denominaciones “Día de los trabajadores” y “Día del trabajo” para las conmoraciones del primero de mayo. Asimismo el profesor Dr. Lastra podría indicar una justificación adecuada al uso de la denominación “Día del trabajo” de algunos sectores cuando sostiene:

“Enseña la Biblia, en el Génesis -primer libro del Pentateuco de Moisés-, que el hombre estaba destinado al trabajo, aun en el estado de gracia y perfección antes de la caída. Dios lo destinó al jardín del Edén para que lo cultivara y ‘sometiera la tierra’ mediante el trabajo. Por lo éste -según el libro de Job-, había sido hecho para trabajar, ‘como el ave para volar’. Es decir, ‘un derecho a la medida del hombre’”. (Lastra, ídem)[5].

Es este último punto el que se desea destacar. Cuando el Dr. Lastra, citando a Umberto Romagnoli, señala que el trabajo es “un derecho a la medida de las personas”, se está argumentando que desde la tradición judeocristiana; de algún modo, se justificaría que el día en el se conmemora el asesinato de líderes sindicalistas, por reivindicar los derechos laborales que hoy gozamos, sea llamado también el día donde se conmemora al trabajo, pero no aquel que denota castigo sino que aquel trabajo que le es propio a la persona por ser tal. Es decir, un trabajo digno, con justa remuneración por igual esfuerzo, con protección y seguridad sociales que permitan disfrutar de la familia tanto durante la vida laboral activa pero fundamentalmente durante la vida laboral pasiva o vejez, y todas las demás garantías conexas.

Solo en esa línea, bajo ese argumento, podrían comprenderse como equivalentes “Día internacional de los trabajadores y trabajadoras” con el “Día del trabajo”. De otro modo solo se entendería como una maniobra odiosa para borrar de la memoria colectiva la lucha permanente de una clase social llamada a transformar el devenir histórico de los pueblos.

De otro modo, solo se entendería como una maniobra odiosa para borrar de la memoria colectiva la lucha permanente de una clase social

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[1] Organización Internacional del Trabajo [OIT]. (Mayo 2012). “1° de mayo: Día Internacional de los Trabajadores”. Entrevista a la directora regional de la OIT para América Latina y El Caribe señora Elizabeth Tinoco Acevedo, visto y rescatado el 04 de mayo de 2026 en https://www.ilo.org/es/resource/news/1deg-de-mayo-dia-internacional-de-los-trabajadores

[2] Biblioteca Nacional Digital [BND]. (2025). “El primero de mayo en Santiago, 1907”. Disponible en Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-121410.html . Accedido en 04-05-2026.

[3] Lastra, J. (2000). “El trabajo en la Historia”.  Anuario Mexicano de Historia del Derecho, ISSN-e 0188-0837, Nº. 11-12, 2000, págs. 195-224.

[4] RIEZNIK, P. (2001) “Trabajo, una definición antropológica.» Dossier: Trabajo, alienación y crisis en el mundo contemporáneo En Razón y Revolución nro. 7, verano de 2001, reedición electrónica 21 pág. https://www.razonyrevolucion.org/textos/revryr/prodetrab/ryr7Rieznik.pdf

[5] Lastra, J. (2000). Ídem. pág. 195.

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