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Cuando la física desmiente la prisa: La verdad no calculada en la Avenida 8 Oriente

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Hay días en los que el dolor no cabe en los folios de una carpeta judicial ni en la frialdad de una fórmula matemática. El 6 de noviembre de 2023, a las cuatro de la tarde, la vida de Martín Eduardo González Stuardo se apagó sobre el asfalto de la Avenida 8 Oriente, en Chiguayante. Tenía la vida por delante y la inocencia de quien confía en que el entorno urbano es un refugio, no una celda sin salida. Sin embargo, tras la tragedia vino una segunda injusticia: la del cálculo errado, la de la reconstrucción apresurada y la del olvido de las condiciones más básicas de la seguridad vial.

Como primer respondedor en emergencias  he aprendido que los números no son fríos por naturaleza; los enfriamos nosotros cuando perdemos la empatía y la precisión técnica. Tras revisar en detalle el Informe Pericial, elaborado en abril de 2025, es imposible no sentir una profunda indignación moral e intelectual ante la cadena de errores evidenciados en los peritajes oficiales.

La paradoja de las distancias: Mover el vehículo, reducir la verdad

El primer error que desgarra la objetividad del proceso es fáctico y doloroso. La investigación oficial determinó inicialmente que el vehículo recorrió 42,2 metros tras el atropello antes de detenerse (e incluso se llegó a sostener en informes posteriores una «distancia relativa» insostenible de 13,02 metros). Pero las cámaras de videovigilancia del Condominio Portal Oriente II no mienten.

El automóvil realmente avanzó 57 metros desde el punto de impacto. ¿Por qué existió una diferencia de casi 15 metros en los informes oficiales? Porque el vehículo fue movido y retrocedido de su posición final real antes de la llegada del personal pericial. Reducir sobre el papel la distancia de frenado de un automóvil no es solo una imprecisión métrica: es recortar artificialmente la velocidad a la que se arrebató una vida.

Fórmulas del pasado para vehículos del presente

El segundo abismo metodológico reside en la física empleada. Los peritajes de gabinete aplicaron ecuaciones con más de 40 años de antigüedad, formuladas en la década de los 80 para vehículos sin los sistemas modernos de frenado ABS y control de estabilidad.

En la reconstitución de escena efectuada el 18 de febrero de 2025 con un vehículo idéntico (Mazda CX-5), la evidencia empírica destrozó la teoría:

  • Mientras las fórmulas teóricas de la SIAT asumen que detenerse a 70 km/h requiere 27,5 metros, en la realidad del terreno el vehículo se detuvo en 15,5 metros.
  • Una distancia de detención real de 57 metros no corresponde a los 90 km/h planteados inicialmente por la policía, sino a una velocidad estremecedora de al menos 120 km/h.

La omisión del entorno: Un atropello a 120 km/h en una Zona de Escuela

Honrar la memoria de Martín exige rigor científico, justicia objetiva y el compromiso inclaudicable de defender la vida en nuestras calles y avenidas

Quizás la falta más grave no está en las calculadoras, sino en la mirada del entorno. El accidente ocurrió a las 16:00 horas de un día hábil, en el horario exacto de salida de los estudiantes de los colegios y liceos del sector. La señalización vertical y horizontal de «Zona de Escuela» estaba allí, demarcada en la vía. La Ley de Tránsito es clara y taxativa: en Zona de Escuela el límite máximo es de 30 km/h.

Sin embargo, en las actas oficiales se omitió esta señalización. Se analizó el caso bajo un límite arbitrario de 70 km/h, concluyendo erróneamente que el accidente era «inevitable».

Si se hubiese respetado el límite legal y la prudencia que exigía el entorno (30 km/h), la distancia total de reacción y frenado habría sido inferior a los 10 metros. Más aún: la víctima permaneció 21 segundos en la mediana visibilizando su intención de cruzar. A 30 km/h, el automóvil jamás habría coincidido en tiempo y espacio con el peatón. Transitar a 120 km/h en ese tramo significó recorrer más de 33 metros por cada segundo, adelantando la llegada del vehículo en más de 20 segundos y transformando un trayecto urbano en un impacto fatal.

Reflexión final: La justicia requiere rigor científico

No podemos permitir que la burocracia ni el apego a fórmulas obsoletas empañen la búsqueda de la verdad en las tragedias viales. Un atropello a 120 km/h en una zona protegida para escolares no es un hecho inevitable; es la consecuencia directa de rebasar con creces los límites de la responsabilidad humana y legal.

Honrar la memoria de Martín exige rigor científico, justicia objetiva y el compromiso inclaudicable de defender la vida en nuestras calles y avenidas.

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