Como política institucional, la reducción de impuestos a las empresas sólo puede garantizar menos ingresos para el Estado en el corto plazo y, en cambio, no puede garantizar que en el mediano o largo plazo el eventual crecimiento producto de esta rebaja iguale o supere al monto de recaudación por impuestos que se dejaron de percibir por efectos de la rebaja. Esto, a menos que esta rebaja sea una condición precisa y explícita del empresariado para invertir, y que exista un compromiso explícito de su parte de hacerlo, a cambio de la legislación. Sería como si el deseo o la necesidad de invertir fueran tan grandes, que necesitaren esa rebaja para poder hacerlo.
Este punto no es menor si se observa la experiencia histórica: en distintos períodos —incluyendo los episodios de liberalización económica en América Latina durante los años 80 y 90— la respuesta de la inversión privada no siempre fue automática ni proporcional a los incentivos tributarios. Más bien, estuvo mediada por expectativas, percepciones de riesgo y confianza. En este caso, aunque existen mecanismos indirectos, tales como créditos tributarios condicionados, o subsidios a la inversión, no se cuenta con instrumentos legales que los obliguen a cumplir con dicho compromiso, a menos que se formulara una ley que cumpla con tal propósito, cosa extraordinariamente poco probable.
Aquí sale a la luz el concepto de la “elasticidad de la inversión con respecto al cambio en la tasa impositiva”, es decir cuánto varía porcentualmente la inversión según los cambios porcentuales en las tasas tributarias. Esta elasticidad puede ser negativa si, como respuesta, la inversión aumenta cuando los impuestos bajan. Sin embargo, la magnitud de dicha respuesta puede ser baja o incluso nula si las empresas consideran más conveniente destinar el excedente generado a ahorro financiero, reducción de deuda o acumulación de liquidez, antes que a nuevas inversiones productivas.
Por lo tanto, sólo podemos quedarnos con la idea de que la inversión posterior a la rebaja será un acto que dependerá más de la voluntad de los empresarios que de la búsqueda de una optimización económica. Este concepto de “voluntad” no debe entenderse sólo como arbitrariedad, sino como una síntesis de expectativas, confianza en el entorno institucional y percepción de oportunidades, factores que históricamente han demostrado influir decisivamente en las decisiones de inversión, además de posiciones políticas y personales. Por consiguiente, al rebajar los impuestos sólo se garantiza un ahorro (o aumento del excedente) del empresariado, y no mayores ingresos para el Estado ni aumento en el grueso de los salarios.
Aun considerando una respuesta positiva de este sector económico, el crecimiento debe tener un efecto de ingreso total que sea, a lo menos, igual a los ingresos por impuestos que dejó de percibir el Estado por efectos de la rebaja, como ya se dijo. Y, en primer lugar, esto sólo será efectivo si las necesidades del país hacen necesario un crecimiento en la producción que genere a lo menos los mismos montos dejados de percibir. En otras palabras, ¿invertirá el sector privado lo suficiente como para, a lo menos, igualar a los que dejó de percibir el Estado? ¿Le convendrá? ¿Qué dice la demanda? ¿Existe una planificación de la oferta? ¿Cómo se garantiza que los fondos no tributados se orienten a la producción de bienes y servicios y no a la especulación financiera? Podría constituirse un efecto perverso aquí.
Un ejemplo cercano puede observarse en la evolución de la economía chilena en la última década, donde, pese a distintos ajustes tributarios y períodos de menores cargas efectivas para ciertos sectores, la inversión privada no mostró una respuesta proporcional sostenida, evidenciando que factores como la incertidumbre, las expectativas de crecimiento y la demanda interna han jugado un rol más determinante que la sola estructura tributaria.
La rebaja de impuestos a las empresas no constituye una política de resultados asegurados, sino una apuesta fiscal
En este punto, suele mencionarse el concepto de la Curva de Laffer, que plantea que existe un nivel óptimo de tributación donde la recaudación es máxima; sin embargo, identificar empíricamente ese punto es complejo y depende de múltiples factores estructurales de cada economía.
Sería conveniente entonces, antes de legislar, conocer el estado de la economía, en términos de demanda potencial-oferta potencial. Se debe considerar que el factor de gasto del PIB depende en una medida significativa de los ingresos de la masa trabajadora, lo que refuerza la relevancia de la demanda agregada como motor de crecimiento. También es importante tomar en cuenta los tamaños de las empresas. No es lo mismo hacer una ley para una empresa grande, que vende sobre 100.000 UF, que para una PYME que no vende más de 5.000 UF, ya que sus restricciones, capacidades de inversión y sensibilidad a los incentivos tributarios difieren significativamente.
En consecuencia, la rebaja de impuestos a las empresas no constituye una política de resultados asegurados, sino una apuesta fiscal: el Estado renuncia a ingresos ciertos en el presente, con la expectativa de beneficios futuros que no puede garantizar ni exigir. En ausencia de evidencia suficiente sobre su efectividad en el contexto específico del país, legislar en esta materia no es solo una decisión económica, sino también una decisión de riesgo. Legislar así, en blanco, sin antecedentes suficientes, es una política con beneficios inciertos y costos fiscales seguros y de efectos inmediatos.
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Respuesta al anónimo abechtold:
Agradezco su respuesta. Creo que toca un tema importante, como es el desempleo estructural y los efectos sociales que puede generar una economía cada vez más automatizada y tecnificada. En eso, probablemente coincidimos más de lo que parece. De hecho, hice una cita a este aspecto en la columna, supongo que debió fijarse. Así que no, el elefante no pasó inadvertido.
Ahora bien, y antes de continuar con mi respuesta, me llamó la atención el uso de la palabra “analistas” entre comillas, casi como si analizar fuese algo reprochable. Curiosamente, quienes diseñan reformas tributarias también debiesen ser analistas (eso espero), y usted mismo realiza un análisis bastante extenso del problema. Por lo mismo, no veo mucho sentido en intentar descalificar el ejercicio analítico mientras simultáneamente se practica.
Con respecto a su comentario, le corrijo. Mi columna no afirma que bajar impuestos haga imposible la inversión, ni tampoco que las empresas no deban crecer o reinvertir. Lo que plantea es algo bastante más simple y menos ideológico: que una rebaja tributaria no garantiza, por sí sola, que el crecimiento económico posterior compense la pérdida inmediata de recaudación fiscal. Y eso no es una consigna partidista, sino un problema lógico, probabilístico y empírico. Por el tenor de su comentario, me imagino que debe estar familiarizado con estos conceptos.
De hecho, sería interesante observar evidencia internacional sólida y consistente donde una rebaja de impuestos a empresas haya generado, de manera clara y sostenible, un aumento de inversión y crecimiento tal que no solo dinamice parcialmente la economía, sino que además compense íntegramente el déficit de recaudación producido por la propia rebaja tributaria. Ese es precisamente el núcleo de la discusión.
Porque claro, una parte del excedente puede reinvertirse. Nadie niega eso. Pero otra parte también puede:
• aumentar liquidez,
• reducir deuda,
• ir a instrumentos financieros,
• o simplemente mantenerse retenida frente a escenarios de incertidumbre.
Y eso depende de múltiples factores: demanda esperada, riesgo, expectativas e incertidumbres, productividad, contexto internacional, costo del capital, entre otros. Precisamente por eso hablé de elasticidad de la inversión y no de certezas mecánicas. ¿Podría usted predecir la conducta del empresariado? ¿Podría alguien? Lo dudo.
También creo que el debate pierde precisión y objetividad cuando se convierte en panfleto, de cualquier bando, cuando se transforma en una discusión sobre supuestas intenciones morales de sectores políticos completos. Afirmar que “a la izquierda le conviene el desempleo” es una generalización bastante amplia y simplista, y difícil de sostener empíricamente, y no se encuentra en ningún tratado político conocido. Del mismo modo, también sería simplista afirmar que toda rebaja tributaria busca exclusivamente beneficiar grandes patrimonios. Ambas interpretaciones reemplazan análisis económico por atribuciones de intención.
Espero que me dispense por no haber continuado el tema por la ruta que usted plantea, una división exacerbada entre izquierda y derecha, aunque hay múltiples voces de derecha que plantean dudas sobre la efectividad del mecanismo para la creación de industrias y de empleo.
En definitiva, mi punto no es ideológico, sino prudencial: si el Estado renuncia a ingresos inmediatos bajo la expectativa de una expansión futura, parece razonable preguntarse cuál es la probabilidad real de que dicho efecto ocurra en la magnitud necesaria para compensar el costo fiscal asumido. Eso, más que una postura partidista, me parece una pregunta básica de política pública.
Saludos también.
abechtold
Estimado. Primero que nada, Arturo, no anónimo.
Seguidamente, lo de los «analistas» no es ad-hominem , sino que uno ve la intencionalidad política disfrazada con prosa, pero ciertamente dando a entender que los otros son los que no tienen base científica, siendo que la versión contraria tampoco y al menos si hay evidencia empírica.
Porque siempre está el problema de comparar situaciones multivariadas, que no son exactamente comparables.
Pero , si, hay evidencia en ese sentido de que la tasa de impuestos afecta la tendencia marginal a la inversión. Cuando en ciertos países se ha bajado los impuestos de forma notoria respecto a otros, hay un boom de la construcción, servicios financieros,etc.
Ahora, respecto a lo de la izquierda y el desempleo…si hay estudios al respecto. Hay bibliografía sobre la propensión a votar a la izquierda cuando se pierde el empleo (Wiertz, UAmsterdam); como todo, al ser situaciones multivariadas, siempre es difícil concluir algo con exactitud. Pero , nuevamente, el caso es que, para desvirtuar la iniciativa en cuestión, se esgrime exactamente que no hay evidencia «científica»; sin embargo a la hora de subir impuestos, donde si hay evidencia científica fuerte de qué la inversión es afectada, ahí no importa dicho argumento; igual a como ahora todos los «analistas» de izquierda se apoyan en el CFA para argumentar, pero cuando eran gobierno decían que solo era una opinión.
En particular, me sonrío cuando ponen el grito en el cielo porque caerá la recaudación fiscal; si el Estado reduce su gasto en forma importante ¿Por qué quisieran los «analistas» que el ingreso no caiga o que incluso suba?… obviamente para que la plata no quede en las personas, sino en los dadivosos políticos; si hay mayor recaudación, esperan más «beneficios» (precio recorte para los dadivosos) a la población. Cuando , ahí muestro la antítesis, el ideal sería que la gente no viva del Estado…y el Estado solo cumpliese roles arbitrales, de seguridad, etc, pero no se viejito pascuero.
Saludos
jaimesierrabosch-gmail.com
Nueva respuesta a don Arturo.
Don Artura, si me dijera sus apellidos sería menos anónimo. Usted conoce mi nombre completo y mi foto. Soy profesional, no oculto lo que hago ni digo. En cambio, yo sólo sé que usted se llama Arturo.
Con respecto al tema, usted nuevamente no proporciona evidencia, dice que hay evidencia, pero no la nombra. Yo personalmente no conocía la relación “baja de tasa de interés-boom de la construcción”. Le agradecería que me compartiera esa información.
No sé quien esgrime que no hay evidencia «científica», porque yo no le he mencionado. No creo posible obtener evidencia científica del comportamiento humano, a lo más hay evidencia.
Con respecto a Wiertz, citado por usted, he encontrado a Twan Wiertz, que estudia actualmente en el Departamento de Psicología de la Universidad de Ámsterdam. Su investigación se centra en la psicología industrial y organizacional, y Thomas Wiertz, que figura como miembro del personal que trabaja como gestor/informante de tesorería en el departamento de Control e Informes de la misma universidad. ¿Se trata de uno de ellos, o de otro Wiertz?
De todas formas, muchos profesores publican muchas cosas, es parte de su trabajo.
abechtold
Estimado, veremos si ahora elquintopoder me deja
Revise a Dingeman Wiertz, y a Michal Madr
Sld
abechtold
Y (escribo esto con cierto delay, para ver si no es rechazado por EQP), la relación entre tasa de interés y la construcción es amplísimamente documentado. Por lo pronto el Banco Central, cada vez que hace una baja, argumenta que con eso dinamiza la construcción. Para mas dato, hay un paper conocido de Iacovello que lo explica mejor. Pero ahí si que, si busca un poco, encontrará. Saludos, Arturo Bechtold
abechtold
Cuando no se mira el elefante en la habitación, se tiende a quedar mirando los detalles, sobre todo los argumentos políticos. En este caso, el elefante es el desempleo, que, por diversas razones tecnológicas y mundiales, irá subiendo; si un Gobierno acepta que esto sucederá, empezará a ver como se va nutriendo de mas recursos para ir creando subsididios y bonos; obviamente aumentando la dependencia de la gente a esto, obligandolo a seguir buscando recursos, y así. En suma, un circulo vicioso.
Hay que consignar que, en materias morales y de vision, la derecha favorece la independencia del individuo respecto al Estado, y la izquierda es al reves: le encanta que la gente pida cosas al Estado, porque eso le establece un mandato a buscar recursos para satisfacerlos. Por ello, naturalmente habrá una diferencia de enfoque: para la izquierda el desempleo no es un problema en si; de hecho es una oportunidad.
Por lo mismo, y ahí si la miopía de los «analistas»: una rebaja de impuestos a las empresas NO es un regalo a los mas ricos; por lo pronto, «quitar menos» a alguien no es regalarselo. Pero, mas en el fondo, un aumento de utilidades disponibles a las empresas tiene dos fines: inversión o retiro de utilidades. Si, como argumentan los «analistas», el dueño retira mas, PAGARA MAS impuestos. Ej: si la empresa pagaba 27%, ahora 23%, quedan 4% de diferencia…..si el dueño retira ese 4%, pagará un 40% de ese 4% en impuesto a la renta (1,6%); pero si lo deja adentro, la reinversión tiene promedios de entre 3 a 4 veces la rentabilidad vs sacarlo. Entonces al empresario le conviene reinvertir; solo no le conviene cuando NO HAY en que hacerlo. Pero, adicionalmente, la reinversión tiene efectos muy positivos en el empleo marginal: cuando la empresa reinvierte, genera proyectos que usan mano de obra no considerada en su desempeño normal.
Por todo esto es que esta reforma lo que busca en el fondo es disminuir el desempleo, a través de una herramienta que es la reinversión. Pero, como comenté antes, el problema es que los objetivos del Gobierno no concuerdan con los de la oposicion. Y, para la izquierda, es un dolor tremendo que las personas vivan de su sueldo y que no necesiten al Estado.
Saludos