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Theriones

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Las fieras son bestias. Son theriones. Todas las fieras son iguales. Bueno, para comenzar, las fieras matan. Cazan. A veces, las menos, se cazan entre animales de magnitudes similares. Pero generalmente, cazan a un animal inferior, que no puede defenderse. Las fieras son relativas para otros animales. Para un animal frágil, vegetariano, otro mayor y con garras puede ser una fiera. A la inversa, no ocurre.

Y todos tienen una forma similar de cazar. Acechan, o caen en picada, de manera de no ser percibidos por sus presas. Y sólo cuando la presa está asegurada, muestran sus garras y abren sus fauces para asegurar su víctima.

Las personas tienen comportamientos similares. Las razones por las cuales ocurre este fenómeno no son del todo entendidas por investigadores de la conducta humana; en muchos casos, en las relaciones interpersonales se produce la dicotomía cazador-presa, como si se tratase del reino animal en estado salvaje.

En distintos niveles y con distintas intensidades, se dan relaciones en las cuales una se beneficia inmoralmente de la otra, relaciones de poder asimétricas, como las que se dan entre presa y depredador. En muchos casos el aprovechamiento es amoral, lo que es diferente. Mientras que la inmoralidad se manifiesta más en sociedades bien constituidas, a las que se les falta en sus principios, la amoralidad es un síntoma de una sociedad en crecimiento o en decaimiento, por lo que las acciones deben apuntar a reforzar la sociedad.

Así, hay personas al acecho de otras, para sacar ventaja y provecho de estas. Y en política ocurre algo similar. Hay políticos, y sectores de la política, que usan el medio como mimetismo. Se camuflan entre las personas para aparentar cercanía, confianza. Claro que con los humanos, estas relaciones son más sofisticadas. Aquí median las palabras, las imágenes y las emociones. Los depredadores humanos suelen atraer a sus víctimas con discursos que les conmuevan. Incluso las víctimas, las presas, se identifican con quienes las van a consumir después. Los ven decentes, bien vestidos, de corbata y camisa planchada. Se muestran como ideales de la sociedad hechos realidad. Son “conservadores” con respecto a su entorno.

Acechan, o caen en picada, de manera de no ser percibidos por sus presas. Y sólo cuando la presa está asegurada, muestran sus garras y abren sus fauces para asegurar su víctima

Cuando la víctima reacciona, si es que, ya es tarde. Ya ha sido engañado, expoliado, y ha perdido algo que era suyo: una joya, enseres, capital, o la libertad.

En la vida diaria, en un estado democrático, los políticos suelen ser los cazadores. Cuando un político o un sector político logra engañar a la gente, concitando la confianza, suele ocupar la posición dominante durante mucho tiempo, hasta décadas, sino siglos.

El dicho lo dice, “cuidado con los lobos en piel de oveja”. Cuando te percates, ya te habrán mordido y sacado una parte. Son mejores los perros, esos que ladran ante el peligro real.

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