Actualmente, van 7 meses aproximados de gobierno y la caracterización del escenario en Chile presenta un debilitamiento en múltiples dimensiones. Si observamos atentamente, podemos comenzar reconociendo que existe un debilitamiento económico que golpea la realidad de las familias trabajadoras, principalmente las que viven en comunas de bajos recursos. Una acción contradictoria en materia económica son las acciones que el presidente José Antonio Kast ha llevado a cabo en estos días. Cuando un presidente habla de responsabilidad y una reducción del gasto fiscal, pero solicita al Congreso un endeudamiento de 25.500 millones de dólares para el año 2027, aumentando la carga fiscal con la deuda, no está precisamente siendo responsable ni reduciendo el gasto del Estado. A esto último le debemos sumar un endeudamiento realizado este año 2026 que fue de 6.200 millones de dólares. A pesar de esto, el desarrollo económico, según los indicadores, no logra repuntar de la caída constante. La productividad del país no se logra, se mantiene estancada sin escuchar o ver que se realice una estrategia que permita poder superar la realidad de la economía.
A esto debemos sumar un profundo deterioro del mercado laboral que supera el 9% de desempleo. En este último punto, no se puede dejar de señalar que este gobierno busca incrementar los números de desempleo. Es relevante comprender que cuando públicamente se dice que se despedirán profesores que actualmente desempeñan un rol relevante en la educación chilena, se está llevando a cabo una estrategia de presión a parte importante de la sociedad productiva. Si consideramos que cada vez que hablamos de desempleo tenemos que relacionarlo con el debilitamiento del consumo en el mercado. Por cada empleo perdido, el mercado se resiente por razones obvias, son las personas, en su gran mayoría de clase media hacia abajo, las que mantienen el barco a flote como país. Pero cuando sumamos el subempleo, los números llegan a 16,2% de desocupación, lo que inevitablemente plantea un escenario real de contracción de la demanda interna.
El verdadero desafío que tiene el gobierno es estimular el empleo, la inversión y el crecimiento. Claramente, hasta la fecha no se observan indicios de mejoras respecto a estos temas. Solo hemos escuchado discusiones sobre seguridad y culpabilización respecto al gobierno anterior. Lo que demuestra que el presidente tiene la mirada perdida y desvía su interés de los temas reales de la sociedad.
Por otro lado, en consecuencia de lo mal que el gobierno lo ha hecho, se evidencia un problema mayor y es que las encuestas muestran un nivel de desconfianza bastante preocupante. Según la encuesta CADEM del 04 de octubre, el nivel de desaprobación llega al 64%. Esto se acopla con resultados anteriores como, por ejemplo, la encuesta CEP en junio registró un 52% de desaprobación y un 67% de los encuestados con poca o ninguna confianza en que el presidente pudiera cumplir sus promesas. Incluso la encuesta Criteria establece resultados preocupantes para el gobierno, un 60% de desaprobación en la actualidad. Esto no se debe leer solo como una cuestión parcial o del momento, sino como un fenómeno que se ha venido construyendo en el tiempo.
A pesar de ello, el gobierno mantiene una conducta de reducción y eliminación de políticas públicas que entregan protección social a las familias más vulnerables del país. Con esto se demuestra una falta de compromiso y un poco interés sobre las problemáticas que se agudizan cada vez que se cree que las personas solo se mueven por la «astucia popular», como señalaban personeros del gobierno. Esta discusión es temprana y cuando tomaron la decisión de no aplicar el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO) lograron llevar los precios del combustible a un máximo de 1612 pesos. Esto encarece la vida de las personas y sus familias más allá de las respuestas y promesas de un porvenir soñado que pueda entregar el gobierno. Por tanto, si el Estado es responsable del desequilibrio económico es porque quienes gobiernan muestran una sensibilidad muy comprometida con las familias empresariales y, por supuesto, excesivamente alejado de las familias pobres y trabajadoras del país.
Se necesita un cambio de mirada, una nueva ruta, una nueva dirección
Quizás, la pregunta que nos queda es: ¿Si el gobierno se encuentra o no en un proceso de transición? Si es así, la pregunta que sigue es: ¿Hacia dónde pretende transicionar el gobierno? Porque hasta lo que se puede observar, el modelo que lleva a cabo su proyecto tiene una dirección bastante preocupante para la sociedad chilena. El modelo extremo liberal que se plantea produce un empobrecimiento de las familias chilenas con la justificación de que no tienen los méritos suficientes para desarrollarse en una sociedad competitiva. Por tanto, la ley del más fuerte consolida la idea de dependencia como fenómeno real. ¿Qué quiere decir esto? Que las personas dependan de la conciencia social que puedan demostrar las familias más ricas del país, como sucedió en otros tiempos con fundaciones que decían ayudar a las mujeres en pobreza.
Por último, sería bueno salir a preguntar a las personas: ¿Qué es lo que esperan? No solamente respecto a este gobierno, sino al país. Necesitamos una radiografía real y conversada sobre lo que se espera de las políticas públicas y el desarrollo del país. Pero colocando en el centro el desarrollo de las familias chilenas y no el desarrollo económico de la macroeconomía, como se ha venido haciendo hasta la fecha por parte de los partidos políticos transversalmente. Colocar por delante una mirada que se aproxime al Índice de Desarrollo Humano más que al Índice de crecimiento macroeconómico. Puede ser que este camino ayude en algo poder retomar una senda perdida entre tanto arbusto seco. Esto se justifica porque el modelo neoliberal que mantiene en el centro su democracia solo se llena de promesas que cuando se cumplen siempre instala una problemática nueva sin dar posibilidad de buen desarrollo a las personas y sus familias.
Se necesita un cambio de mirada, una nueva ruta, una nueva dirección. Pero con ello, se necesita una nueva mentalidad que plantee un cambio de modelo. Un modelo en el cual no se trance el valor humano por medio del valor cuantitativo que nos propone la economía actual. Que ponga en juego el cuestionamiento sobre la libertad que nos propone la clase política y los empresarios. Una libertad que en sus dimensiones termina colocando el futuro en un extraño sueño que agudiza la idea sobre en que, entre más pobre sea una familia más condicionada estará a las decisiones de quienes usufructúan de las problemáticas que les aquejen.
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