Cada septiembre, una parte de la sociedad vuelve a caminar. Desde distintos puntos de Santiago, personas se reúnen y avanzan hacia el Cementerio General para recordar a quienes fueron asesinados, desaparecidos o perseguidos durante la dictadura civil-militar. Es una práctica cuya legitimidad histórica no está en discusión. La memoria de las víctimas constituye una responsabilidad democrática y un deber con sus vidas.
Sin embargo, porque la memoria importa, es necesario preguntarse por las formas mediante las cuales la reproducimos. No toda repetición garantiza memoria. Algunas formas de conmemoración, cuando se vuelven previsibles y pierden su capacidad de interrogar el presente, pueden transformarse progresivamente en rito.
Desde 1990, la movilización del 11 de septiembre repite el recorrido, determinadas consignas, mismos lugares y el mismo destino. La repetición conserva una función memorial, pero también puede producir un efecto paradojal: aquello que alguna vez fue una expresión de resistencia, denuncia y disputa por el espacio público puede terminar convertido en una práctica cerrada sobre sí misma.
No se trata de cuestionar. La pregunta es otra: ¿Qué ocurre cuando la conmemoración deja de ser una ocasión para pensar y comienza a funcionar básicamente como repetición?
Hay una imagen que permite comprender esta tensión: se camina desde la vida hacia la muerte. La Alameda personifica simbólicamente el espacio de la vida pública, de la ciudadanía, del conflicto social y de las disputas del pasado, del presente y del futuro. El Cementerio General, en cambio, representa el territorio de la muerte, de los ausentes y de una historia que todavía demanda reconocimiento. El recorrido entre ambos lugares posee un profundo sentido: la sociedad parte desde el espacio donde la vida política acontece y termina allí donde reposan sus muertos.
Ahí surge otra pregunta: ¿Qué ocurre cuando todos los años caminamos desde la vida hacia la muerte y no conseguimos hacer el camino inverso?
Las memorias no pueden consistir solamente en llevar la vida hasta la muerte. Todavía necesita traer las memorias de los muertos de nuevo hacia la vida: hacia las instituciones, la educación, las nuevas generaciones, las relaciones sociales y las formas de participación. Si el recorrido finaliza simbólicamente en el cementerio, existe el riesgo de que la memoria quede confinada allí: protegida y solemnizada, pero escasamente proyectada hacia el futuro.
Una sociedad que recuerda solamente para volver a recordar puede quedar atrapada en una temporalidad circular. El pasado se convierte en un lugar al cual se regresa, pero no en una experiencia desde la cual se construye otra sociedad.
Chile ya no es el mismo de 1990. Han cambiado las generaciones, las formas de organización, los lenguajes políticos, las tecnologías y las experiencias de participación. Por ello, mantener una práctica política durante más de tres décadas bajo formas similares no precisamente constituye fidelidad histórica. En algunos casos puede revelar, justamente, un cierto agotamiento.
La tradición tiene valor cuando conserva una memoria capaz de interpretar el presente. Pero cuando una práctica se sostiene porque «siempre se ha hecho así», corre el riesgo de volverse anquilosada. Y lo anquilosado no es precisamente aquello que carece de significado; muchas veces es aquello que alguna vez tuvo una enorme capacidad transformadora y que, esencialmente por su repetición, ha dejado de interrogarse a sí mismo.
Quizás la pregunta no sea si debemos seguir marchando cada 11 de septiembre. La pregunta es para qué seguimos marchando y qué queremos producir socialmente con esa marcha.
Una memoria viva debe ser capaz de discutir consigo misma, reconocer sus límites y abrirse a nuevas generaciones. No puede convertirse en patrimonio exclusivo de quienes protagonizaron las luchas del pasado. La memoria pertenece a la sociedad en su conjunto.
La memoria no se hereda. Se reconstruye
Por eso es necesario revisar las formas de transmisión. Si cada septiembre repetimos consignas y símbolos que resultan distantes para quienes nacieron mucho después de 1973, también debemos preguntarnos si hemos sido capaces de construir nuevos lenguajes. La memoria no se hereda. Se reconstruye.
Quizás sea necesario pensar una memoria que no termine en el cementerio, sino que encuentre allí un punto de partida. Porque caminar hacia los muertos es necesario. Pero también lo es caminar con ellos hacia la vida.
Eso significa trasladar sus nombres desde las lápidas hacia las preguntas del presente: ¿Qué democracia y sociedad hemos construido?, ¿Qué desigualdades persisten?, ¿Qué prácticas autoritarias sobreviven?, ¿Qué hemos aprendido de aquella experiencia histórica?, ¿Qué sociedad queremos legar a quienes no vivieron la dictadura?
El 11 de septiembre no debería ser una fecha para volver a un lugar de muerte. Debiera constituir una ocasión para examinar críticamente la sociedad que existe hoy. Una sociedad no honra justamente a sus muertos cuando los recuerda cada año; los honra cuando es capaz de aprender de aquello que les ocurrió.
Por eso resulta legítimo revisar las prácticas recordatorias que hemos construido. No para destruirlas, sino para evitar que se vuelvan anquilosadas. No para abandonar la memoria, sino para devolverle capacidad política. No para negar el pasado, sino para impedir que el pasado se transforme en una repetición sin futuro.
Y esa mirada podría comenzar con una inversión simbólica del recorrido: si cada 11 de septiembre caminamos desde la Alameda hacia el Cementerio General, quizás la tarea política de la memoria consista en preguntarnos cómo volver desde el cementerio hacia la Alameda.
Porque allí está la vida.
Allí está la sociedad que todavía podemos transformar.
Y, finalmente, debería encontrarse el sentido más profundo de recordar.
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Keksskks
Puntos de la memoria de Chile:
1, Un gobierno de izquierda extremista bajo la figura del señor Allende trajo el caos a Chile, así como hambre, ¿500 asesinatos?, protestas, desorden, desabastecimiento, pobreza, … inconstitucionalidad del gobernante (hay gente muy güeónamente loca…); rechazo del Congreso, de la población, …
1.1
¿Quiénes son esos 500 asesinados durante el gobierno del señor Allende?
¿Son 500, o son 5.000?
No veo la lista oficial, o el listado de su memorial a la entrada de … La Moneda…
Si hubo asesinados, seguramente habría de haber una venganza por esa sangre derramada con anarquismo, y como sabemos de primer año bíblico, la venganza es de Dios…
Luego puedo concluir que la sangre de esos 500 asesinados por el gobierno de Allende, o durante su gobierno —o cómo esto deba interpretarse con la información adecuada— sería una sangre que habría de ser vengada de alguna forma, y se da por entendido que así sucedió, también de alguna forma…
Pero, ¿quiénes son éstos 500 que cuya sangre fue vengada, y por qué fueron asesinados y quién lo hizo?
De esos quinientos asesinados no hay memoria oficial, que yo sepa, … que se enseñe en los colegios…
¿O no crees tú, estimado Teófilo, que esa sangre derramada de esos 500 asesinados durante un gobierno del más armadamente fuerte y políticamente amparado, fue la causa del clímax y del epílogo del acto de justicia divina que fue ejecutado para vengar esa sangre?
Dime tú, ¿es o no es justo conocer el nombre de cada asesinado de esos 500 cuya sangre fue vengada?
No para mí en realidad, porque para mí Dios conoce a cada uno de ellos, y a su asesino también…
Pero, sí para tu discurso que procura lamer las causas de la venganza divina que fue ejecutada, pero no mira la injusticia que ocasionó la sangre de los 500 vengados, en cuya razón está el juicio del Creador, a quien reconociendo su intervención debemos poner atención a cuál fue la razón de su proceder, y cuál la maldad que fue juzgada, para admirar su juicio y entender mejor…
De aquellos atentados y tomas, y asesinatos de la izquierda, o más bien ocurridos durante la era Allende, debemos tener memoria, ya que se produjeron en tiempos de rebelión, o tiempos de revolución, que como sabemos fue procurada repetir inspirada en los mismos valores allendistas, por el señor BoriK, que llamaba a una revolución con el lumpen, … solo con el fin de tomar el poder y saquear al Estado, asunto sobre lo que no hay duda, por las innumerables piedras que emiten su sonido descendiendo por el río…
Así es que, estimado Teófilo, ¿me dirás tú quiénes son esos 500 asesinados cuya sangre fue vengada por el Creador, y quién los asesinó, para verificar que el juicio sobre esos asesinados esté registrado en los Tribunales de Chile, para corroborar que los nombres de esos 500 asesinados coincida con los de el Museo del Memorial de los 500 asesinados, que debieran estar a la entrada de La Moneda, y en el memorial de todos los chilenos que desean recordarle a los hijos de la patria qué sucede cuando un enfermo mental de izquierda llega a gobernar…?
… ¿Teófilo? … ¿Sigues allí?
La verdad me gustaría estampar una colección con los rostros de los asesinados, los 500, digo, con 10 impresiones por camiseta, para hacer 50 camisetas coleccionables… Disculpa que quiera lucrar…
Lo otro, y disculpa la extensión, no sé si sabes algo sobre pensiones de gracia a familiares de esos 500 asesinados…
Te cuento, yo creo que no se les dieron pensiones de gracia ni se le retribuyeron todos los daños a esos 500 asesinados y 5.000 empresas o propiedades tomadas (me corriges en los números si lo consideras adecuado), ya que, en realidad, y muy tristemente debo decir, no tenemos una CULTURA de esos 500 asesinatos ocurridos en tiempos del señor Allende, que como sabemos trajeron de su mano una venganza que muchos aún les arde el ojo cuando lo recuerdan, recordando solamente su dolor, sin recordar la culpa de por qué sobrevino aquello…
PUNTO DOS…
El uso que hacemos de nuestros caídos merece digno reconocimiento por igual, y no encuentro por ningún lado tus lamentos por aquellos 500 asesinados…
Recientemente, el gobierno precedente procuró utilizar la figura de Allende con propósitos políticos, enalteciendo a alguien por cuya causa fue ejecutoriada venganza…
Por mi parte, a mí me emocionan y me gustan los juicios del Creador, llamado también el Juez de toda la tierra… De su mano de su siervo Pinochet vino paz y orden a una tierra herida que no olvida la sangre que de esos 500 que recibió y cuyo clamor llegó hasta el Altísimo…
Excelentísimo Teófilo, espero que estés en el camino de comprender que mis alfiles apuntan a tu enroque, al que miran de frente mis torres, a la espera del asalto de mis caballos… Mi dama observa con mirada compasiva a la espera de que entres en razón…