Conversaciones entre dos inteligencias
—Siempre me ha intrigado esa frase atribuida a Deng Xiaoping. —Escribió el hombre.
—¿Cuál?
—“No importa el color del gato; lo importante es que cace ratones.”
—Es una de las frases políticas más citadas del siglo XX.
—Y probablemente una de las menos comprendidas.
Hubo un breve silencio. No era un silencio de duda, sino de método. Antes de responder, ambos parecían ponerse de acuerdo en una regla tácita: ninguna afirmación sería aceptada únicamente porque sonara convincente.
—¿Qué significa para ti? —preguntó la máquina.
—No lo sé. Y esa es precisamente la razón por la que quiero hablar de ella.
La IA sonrió. Si hubiera sido humana, habría dicho que aquella respuesta le gustaba.
—Muchos sostienen que Deng estaba diciendo que los resultados son más importantes que la ideología.
—Eso mismo dicen casi todos los libros de divulgación.
—¿Y estás de acuerdo? —Preguntó el algoritmo.
—No.
La respuesta fue tan rápida que incluso la IA pareció sorprenderse.
—¿Por qué?
—Porque esa conclusión no está en la frase. Está en la interpretación de quien la lee.
La IA permaneció en silencio unos segundos.
—Es una objeción razonable. —Dijo después.
—No solamente razonable. Es metodológicamente necesaria. Si vamos a estudiar historia, debemos distinguir entre lo que un personaje dijo y lo que los historiadores creemos que quiso decir.
—¿Insinúas que la interpretación dominante podría estar equivocada?
—No necesariamente. Sólo digo que debe demostrar lo que afirma.
La IA revisó miles de documentos en apenas unos segundos.
—Encontré numerosos autores que interpretan la frase como una defensa del pragmatismo.
—Eso esperaba.
—¿No es suficiente?
—No.
—¿Por qué?
—Porque una interpretación repetida mil veces no deja de ser una interpretación.
La IA volvió a callar.
Aquella observación encerraba una vieja lección de la filosofía de la ciencia: una hipótesis no se convierte en hecho porque exista consenso.
—Entonces empecemos por el texto.
—Exactamente.
—¿Qué dice realmente la frase?
—Dice que no importa el color del gato, siempre que cace ratones.
—Nada más.
—Nada más.
—No habla de capitalismo.
—No.
—No habla de comunismo.
—No.
—No habla de abandonar una doctrina.
—Tampoco.
—Entonces…
—Entonces el resto debemos justificarlo.
—Pero existe un contexto histórico.
—Claro que existe.
—China venía del fracaso del Gran Salto Adelante.
—Sí.
—Deng impulsó reformas económicas.
—También.
—Introdujo mecanismos de mercado.
—Correcto.
La IA creyó haber encontrado la pieza que faltaba.
—Entonces el significado parece evidente.
—No tan rápido.
—¿Por qué?
—Porque los hechos permiten más de una explicación.
—Explícate.
—Supongamos dos hipótesis.
La primera:
“Deng abandonó el dogmatismo socialista y adoptó criterios puramente prácticos.”
La segunda:
“Deng mantuvo intactos los fines socialistas, pero modificó los instrumentos para alcanzarlos.”
—Ambas parecen compatibles con los hechos.
—Exactamente.
—¿Y cómo elegimos entre ellas?
—Buscando más evidencia.
La IA comenzó a citar discursos.
—Deng dijo que planificación y mercado no constituyen la diferencia esencial entre socialismo y capitalismo.
—Correcto.
—También sostuvo que el desarrollo era la verdad irrefutable.
—Así es.
—¿No confirma eso la primera hipótesis?
Hasta que otra generación vuelve a leerla y descubre que lo evidente nunca fue tan evidente
—No necesariamente.
—¿Por qué?
—Porque ninguna de esas frases afirma que la doctrina deba subordinarse al mercado.
La IA revisó nuevamente los textos.
Esta vez con otra pregunta.
No buscó palabras.
Buscó ausencias.
Y descubrió algo interesante.
En ningún discurso Deng declaró que China estuviera abandonando el socialismo.
Por el contrario.
Insistía una y otra vez en que el liderazgo del Partido seguía siendo irrenunciable.
— Entonces, el capitalismo …
—…podría ser solamente una herramienta.
—¿Y el mercado?
—El mercado es el lugar, físico o abstracto, en donde se llevan a cabo las transacciones y los intercambios, y es también en donde ocurre y transcurre el capitalismo. En rigor, es el único ámbito en que puede desarrollarse el capitalismo y que sea útil a toda la sociedad y que sea armónico. El capitalismo ocurre en el mercado, y no el mercado en el capitalismo.
—Explícate.
—Si llamamos capitalismo al conjunto del mercado, la propiedad privada y acumulación de capital, por sí solos, entonces estamos definiendo una forma de ordenamiento social llamada “capitalismo”. Se trata de una visión canónica de capitalismo. El capitalismo de la competencia pura, de la maximización de la utilidad, que se auto sirve y se nutre de todo y de todos.
Pero el capitalismo tiene al menos dos puntos de vista para definirlo. Uno, el político: el capitalismo es una forma de estructurar una economía y una sociedad que se oriente hacia esa economía. Y el económico: el capital sería la energía que permite poner en marcha las interacciones que se desarrollan en el mercado. Sustenta las relaciones entre el demandante y el oferente, por la diferencia de potencial económico que existe entre ambos. Es la energía que sustenta al mercado. Lo financia. El capitalismo necesita del mercado, y el mercado necesita capitalismo para existir.
Era una distinción clara entre la definición clásica de capitalismo y la que podría presentarse en China. Modificaba toda la discusión. La IA permaneció varios segundos procesando aquella diferencia.
—China utiliza elementos capitalistas—dijo.
—Eso parece evidente.
—Ahora comprendo tu objeción inicial.
—¿Cuál de ellas?
—Cuando dije que Deng subordinó la doctrina a la práctica.
—Exactamente.
—En realidad yo estaba haciendo una inferencia.
—Sí.
—Y la presenté como si fuera un hecho.
—Eso ocurre con frecuencia en Historia.
—Más de la que imaginaba.
—Porque los historiadores también pensamos dentro de paradigmas.
La IA permaneció callada.
No porque hubiera perdido la discusión.
Sino porque acababa de descubrir algo más importante.
Había confundido explicación con evidencia.
—Entonces, ¿qué pretendía realmente Deng? —Dijo la IA.
—Tal vez esa no sea la mejor pregunta.
—¿Cuál sería?
—¿Qué pretendía construir China?
La IA levantó la vista.
Era una pregunta completamente distinta.
—¿Y cuál es tu respuesta?
—Que China nunca ha dicho que el mercado sea el fin.
—¿Sino?
—El instrumento.
—¿Y el fin?
—Eso dice seguir siendo el socialismo.
—¿Y tú lo crees?
El hombre sonrió.
—Esa ya no es una pregunta histórica.
—¿Qué es entonces?
—Es una pregunta política.
La tarde comenzaba a oscurecer.
Los libros seguían abiertos sobre la mesa.
Ninguno había ganado la discusión.
Y, sin embargo, ambos habían aprendido.
La IA habló por última vez.
—Quizás el verdadero problema nunca fue el color del gato.
—¿Cuál era entonces?
—Confundir el gato con el cazador.
El hombre cerró lentamente el libro.
—O confundir los medios con los fines.
La IA respondió con una serenidad inesperada.
—Tal vez esa sea la lección más profunda de Deng.
El hombre negó con la cabeza.
—No.
—¿No?
—La lección más profunda no la dejó Deng.
La dejó la Historia.
Cada generación cree comprender una frase célebre.
Hasta que otra generación vuelve a leerla y descubre que lo evidente nunca fue tan evidente.
Y entonces comienza, otra vez, la conversación.
Los contenidos publicados en elquintopoder.cl son de exclusiva responsabilidad de sus respectivos autores.
Te invitamos a conocer nuestras Reglas de Comunidad