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Chile ante la revolución tecnológica – Parte 2

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III. LA CONCENTRACIÓN DE RIQUEZA: EL PROBLEMA QUE LO ATRAVIESA TODO

La automatización no es solo un fenómeno técnico: es ante todo una transferencia de valor del trabajo al capital. Cuando una empresa reemplaza diez trabajadores con un sistema de IA, los salarios que pagaba se convierten en ganancias para accionistas, en reducción de costos, y en ingresos para quien desarrolló el software. Los trabajadores desplazados no participan en esa ganancia.

Este mecanismo tiene una consecuencia distributiva directa y acumulativa: la riqueza se concentra en quienes poseen el capital tecnológico y se aleja de quienes venden trabajo. A escala global, el 1% más rico ya posee más riqueza que el 50% más pobre combinado. La IA acelerará esta tendencia si no hay intervención deliberada.

3.1 Los mecanismos de concentración

El retorno del capital supera al retorno del trabajo

Una vez amortizada la inversión en un sistema de IA, éste produce sin costo marginal de mano de obra. Una empresa que automatiza puede expandir su producción sin contratar. Sus utilidades crecen, pero el empleo no. Esto hace que la participación del trabajo en el ingreso nacional caiga y la del capital suba, de forma estructural y acumulativa.

La concentración en pocas empresas y países

Las plataformas digitales y los sistemas de IA exhiben fuertes economías de escala: cuanto más grandes, más baratos por unidad y más difíciles de competir. Esto tiende a crear monopolios u oligopolios tecnológicos globales —concentrados en Estados Unidos y China— que absorben valor de todos los países donde operan. Chile paga suscripciones a Microsoft, Google, Amazon y OpenAI; sus ganancias van a California.

La erosión de la base fiscal del Estado de bienestar

Los sistemas de protección social —salud, pensiones, cesantía— se financian con impuestos al trabajo. Cuando la IA reemplaza trabajo, esa base imponible se erosiona pero las obligaciones del Estado no desaparecen. A largo plazo, esto genera una crisis fiscal de los sistemas de bienestar si no se modifica la estructura tributaria.

3.2 Instrumentos para contrarrestar la concentración

  • Impuesto a la automatización / al trabajo robotizado: Gravaría a empresas proporcionalmente al número de trabajadores reemplazados por IA o robots, canalizando esos recursos a la protección social. Corea del Sur fue el único país en reducir parcialmente los beneficios fiscales a empresas que automatizan. Ningún país lo ha implementado de forma plena.
  • Impuesto a Servicios Digitales y rentas del capital tecnológico: Francia, España, Italia y Reino Unido ya lo aplican. El acuerdo OCDE/G20 de tasa mínima global del 15% sobre multinacionales es el avance más concreto. Chile debe aplicarlo con decisión y utilizar parte de la recaudación para financiar la transición laboral.
  • Fondo Soberano Tecnológico: Inspirado en el Alaska Permanent Fund y el Fondo de Pensiones noruego. Chile podría capitalizarlo con impuestos a la digitalización, a la minería automatizada y a las rentas del litio. Sus retornos financiarían protección social y, a largo plazo, una transferencia directa a ciudadanos.
  • Participación pública en empresas tecnológicas estratégicas: En sectores regulados —telecomunicaciones, banca, salud— el Estado podría adquirir participación en empresas que usen IA a gran escala, asegurando que parte de las ganancias de la automatización quede en manos públicas.
  • Mayor progresividad tributaria: Sin nuevos impuestos de inmediato, una redistribución del gasto hacia educación, salud, vivienda y reconversión laboral, financiada con mayor progresividad del sistema tributario existente, ya reduciría la desigualdad derivada de la automatización.

El argumento de fondo

La IA y la robótica son el resultado acumulado de décadas de investigación pública, infraestructura financiada por el Estado e innovación colectiva. No son solo el producto del genio privado. Por tanto, la sociedad tiene un argumento legítimo para exigir que parte de las rentas extraordinarias que generan retornen al conjunto de la ciudadanía, especialmente a quienes pagan el costo de la transición.

La automatización no es solo un fenómeno técnico: es ante todo una transferencia de valor del trabajo al capital

  1. LO QUE OTROS PAÍSES HAN APRENDIDO: LECCIONES PARA CHILE

Chile tiene la ventaja de no ser el primero en enfrentar este proceso. La experiencia comparada ofrece un mapa de lo que funciona, lo que no funciona y lo que sigue sin resolverse.

4.1 Capacitación y reconversión laboral

Lo que funciona

  • Alemania — Sistema dual de formación continua: Combina aprendizaje en empresa con formación técnica institucional. Permite anticipar con años de antelación qué sectores se contraerán y preparar a los trabajadores antes del desplazamiento, no después del despido.
  • Singapur — SkillsFuture: Cada ciudadano adulto recibe un crédito anual de formación utilizable libremente. No está condicionado a estar desempleado ni a seguir en la misma empresa. Trata la formación continua como un derecho universal.
  • Países Nórdicos — Flexiseguridad: Alta flexibilidad para que las empresas contraten y despidan, combinada con generoso seguro de desempleo (hasta el 90% del salario por dos años) y obligación de participar en programas de reempleo. La transición es costosa para el Estado, no para el trabajador.

Lo que no funciona

  • Reskilling voluntario sin apoyo de ingresos: Cuando la capacitación depende de la iniciativa del trabajador desempleado sin ingresos suficientes, la participación es baja. El 57% de los empleados tiene baja participación en los programas de capacitación existentes en los países estudiados.
  • Programas de escala insuficiente: Talento Digital para Chile ha entregado 30.000 becas en cinco años. El problema tiene escala de millones. No es un problema de diseño del programa, sino de financiamiento.

4.2 Experiencias de Renta Básica Universal

Seis experimentos relevantes muestran un patrón consistente: las personas no dejan de trabajar, el bienestar mental mejora y la pobreza se reduce. El desafío no resuelto es el financiamiento a escala nacional.

Experiencia Resultados
Alaska (desde 1982) USD 1.702 anuales a cada ciudadano. Reduce la pobreza entre 20-40%. Sin efecto negativo en empleo. El único caso permanente del mundo.
Finlandia (2017-2018) 560 euros/mes a 2.000 desempleados. Más trabajo, menos depresión, mayor bienestar. No elimina problemas de quienes estaban en situación muy difícil.
Irán (2011-2016) Cubrió al 96% de la población. Sin abandono del trabajo. Crecimiento económico local. Millones renunciaron voluntariamente al beneficio.
Alemania (2020-2023) 1.200 euros/mes a 122 personas durante 3 años. Mayor bienestar, más formación y cuidado familiar, sin abandono del trabajo.
Kenia (desde 2016) 22,5 USD/mes durante 12 años. Reducción de hospitalizaciones, mayor inversión local. El experimento más largo del mundo en curso.
Stockton, EE.UU. (2019-

2021)

500 USD/mes a 125 residentes de bajos ingresos. Mayor empleo, menor ansiedad y mayor estabilidad familiar entre los receptores.

4.3 Reducción de jornada laboral

La fórmula 100-80-100 —100% del salario, 80% del tiempo, 100% de la productividad— ha sido probada con éxito en múltiples países. El mayor estudio transnacional (3.000 trabajadores, 141 empresas) muestra reducción del agotamiento en 16%, mejora de la salud mental en 13% y mayor retención de talento.

Sin embargo, la evidencia revela también su límite: las empresas reorganizan el trabajo internamente sin contratar a más personas. La reducción de jornada mejora condiciones, pero no redistribuye automáticamente el empleo desplazado. Para ello necesita articularse con obligaciones de contratación.

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