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¿La política es sin llorar? El bumerán diplomático que frena a Chile en el escenario multilateral

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«Las relaciones internacionales deben regirse por las normas de la verdad, la justicia, la activa solidaridad y la libertad.»- Papa Juan XXIII, encíclica Pacem in Terris

Como advierte esa idea de Kissinger, el consenso doméstico y la proyección internacional de un país están entrelazados: cuando la unidad interna se fractura, también se resiente la capacidad del Estado para sostener una posición coherente en el exterior.

Durante décadas, la política exterior chilena se construyó sobre una premisa: ciertas decisiones internacionales debían trascender al gobierno de turno y representar intereses permanentes del Estado. Dos episodios recientes tensionan esa tradición: las candidaturas de Claudio Grossman a la Corte Internacional de Justicia y de Michelle Bachelet a la Secretaría General de la ONU. El primero muestra el costo de no convertir una trayectoria excepcional en apuesta nacional; el segundo, el costo de presentarla como iniciativa de Estado y luego retirar el respaldo.

En 2022, tras el fallecimiento del juez Antônio Cançado Trindade, Chile pudo disputar un lugar en la Corte que no ocupaba hacía décadas. Grossman reunía una trayectoria jurídica excepcional y respaldo transversal: excancilleres como Heraldo Muñoz, Teodoro Ribera y Roberto Ampuero cuestionaron que el Gobierno de Gabriel Boric no lo respaldara, priorizando en cambio la candidatura de Chile al Consejo de Derechos Humanos de la ONU. La decisión fue legítima; cabe preguntarse si Grossman debió ser prioridad.

Cuatro años después ocurrió lo inverso. El 2 de febrero de 2026, Chile, Brasil y México presentaron la candidatura de Bachelet a la Secretaría General de la ONU. Tras el cambio de gobierno, la administración de José Antonio Kast retiró el respaldo el 24 de marzo; Brasil y México lo mantuvieron. Revisar las prioridades del gobierno anterior es una atribución legítima. Pero cabe preguntarse qué costo tiene para la credibilidad de Chile que una candidatura presentada oficialmente por el Estado deje de representarlo apenas cambia la administración.

Ahí aparece el bumerán diplomático: cuando un Estado compromete su respaldo, otros países construyen expectativas sobre él; si luego lo revierte, siembra incertidumbre sobre sus compromisos futuros. No se trata de exigir continuidad ciega entre gobiernos, sino de distinguir entre un giro de orientación y el abandono de un compromiso estratégico.

Las dificultades de Bachelet tampoco son atribuibles solo a Chile. Su candidatura enfrentó resistencia en Washington: sectores de la política estadounidense cuestionaron su gestión como Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos por el informe sobre Xinjiang, y el embajador Mike Waltz expresó reparos similares. No hubo veto formal, pero sí una señal de un miembro permanente del Consejo de Seguridad. Los sondeos confirman el escenario adverso: en el segundo straw poll, el 21 de agosto, Bachelet obtuvo dos votos de respaldo, seis de desaliento y siete de «sin opinión», frente a los seis apoyos que había reunido en la consulta anterior.

Chile no necesita una política exterior inmune a la alternancia democrática, sino una capaz de sobrevivirla

Lo relevante no es si Bachelet debía ser candidata o si Grossman habría triunfado en La Haya, sino cómo las decisiones internacionales terminan condicionadas por la lógica doméstica. En un caso, Chile optó por no convertir un currículo de prestigio en prioridad nacional; en el otro, primero lo hizo candidatura oficial y luego le retiró el respaldo. Ambas decisiones caben dentro de las atribuciones de cada gobierno, pero dejan la misma pregunta sobre la continuidad estratégica del Estado.

Desde el humanismo cristiano, esto adquiere una dimensión ética: la política internacional no puede reducirse a intereses coyunturales, sino fundarse en la dignidad de la persona, el derecho internacional y el fortalecimiento de instituciones capaces de limitar el poder. El multilateralismo no es una vitrina; es una herramienta de convivencia basada en reglas.

Chile no necesita una política exterior inmune a la alternancia democrática, sino una capaz de sobrevivirla. Los gobiernos pueden cambiar prioridades; lo que no debería variar con cada elección son los principios que sostienen la credibilidad del Estado.

La política también se hace sin llorar. Pero la diplomacia exige memoria y capacidad para distinguir una decisión partidaria de un interés permanente del país. Cuando lo decidido en Santiago vuelve desde el exterior convertido en menor confianza, menor capacidad de negociación y oportunidades perdidas, el bumerán deja de ser metáfora: es el costo de las propias divisiones.

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1 Comentario

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Hay que entender el contexto.., Bachelet llega y casi destruye Chile, lo llena de inmigrantes, impuestos y más funcionarios estatales… Le sigue Boric, apoyado por Bachelet, que se porta como adolescente con pataleta anti EE.UU, pero pro Iràn, pro Venezuela, pro acuerdos con Venezuela… Boric que le devuelve la pelota de apoyo a Bachelet, que aplaudió a Boric, muriendo miles de personas asesinadas en esos cuatro años de terror, siendo el Estado desfalcado en carretilla y todos se fueron impunes… Etcétera… Boric se ve mal en el mundo y Bachelet también…

La unión Bachelet, Boric, Lula, Petro, Maduro, con probados aportes narcos, no hablan de un asunto de Estado detrás de el que alinearse porque son personas de Estado, sino tal unión representa narco, desorden, muerte, pobreza, desfalco al Estado, etcétera, o sea, algo no preferible a ser un país que crece sin el yugo de esta gente payasa de izquierda…

Bachelet, apoyando a la payasa Jara que hablaba disparates…

Bachelet no es un asunto de Estado, es un cáncer de Estado que Kast hizo bien en no apoyar para no extender ese cáncer al mundo…

Se le ofrecen pañuelos a la religión zurda para que se sequen las lágrimas y los mocos por todos los pitutos y llaves que no tendrán disponibles…

A pesar de esto, también, traten de entender lo bueno que es para el mundo que una bruja tan pérfida como Bachelet esté lejos de la ONU…